CAPÍTULO 100: "LA VOZ DE MARTÍN"

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Luego, el viejo maldito; me quito el pantalón, sin siquiera retirar el cuchillo de mi garganta.

De repente, alguien hala del brazo del indigente; aunque tengo los ojos cerrados siento como se aparta con fuerza de mi.

Me volteo boca abajo, no se quien sea, pero tapó mi rostro con mis manos.

-Camile, Camile.

Una voz masculina, una voz de ángel, una voz de salvación, la voz de Martín.

Puedo exagerar, pero Martín me ha salvado de una violación, y posiblemente de una muerte, porque no creo que el indigente hubiera tenido ganas de dejarme viva.

Volteo, y entonces veo esos hermosos ojos verdes; en sus manos, mis pantalones.

-¿Estas bien?-Me pregunta.

Asiento con la cabeza y tomo en mis manos los pantalones, procediendo a ponermelos.

-¿Como hiciste para encontrarme?-Pregunto.

No me había dado cuenta de que estaba llorando, mi voz sale seca y ahogando el grito.

-Te seguí.-Dice.-Ahora sube al auto, te llevare a casa.

Abre la puerta delantera del auto, el auto negro, nuevo y lujoso que compro.

Me subo en el, no hago mas que llorar hasta que llegamos, pero no es mi casa, es la suya.

-Entra, toma una ducha si quieres.-Dice.

-¿No hay nadie?-Pregunto.

-No, solo yo.-Responde.-Y ahora tu.-Añade.

Subo las escaleras hasta su habitación, me despojo de mi ropa y entro en la ducha.

Veinte minutos después...

Mientras seco mi cara con la toalla, escucho como Martín habla con alguien por teléfono.

-¡No! ¡Entiende de una maldita vez! ¡No te quiero! ¿esta claro eso? ¡Ya terminamos, no volveré contigo!-Es lo único que dice.

Parece enojado.

-Camile.-Toca la puerta del baño levemente.

-¿Si?

-Saque una camisa del armario, escogí la mas grande que tengo, creo que te quedará como si fuera un vestido, puedes ponértela.-Comenta.

Es un lindo gesto de parte de Martín prestarme una de sus camisas, pensaba irme desnuda a casa, ni loca me vuelvo a poner esa ropa con la que el indigente casi me viola, me traería malos recuerdos... y además, esta sucia.

-¡Gracias!-Respondo.

-¿Ya vas a salir?-Pregunta.

-Si, ¿porque?

-Necesito decirte algo.-Comenta.

Acomodo la toalla y salgo.

-¿Que querías decirme?-Pregunto.

-¿Quieres ser mi novia?-Lanza.

Quede paralizada, no sabia que hacer ni que decir, unos segundos después reaccione.

-Si.-Contesto.

Me lanzo en sus brazos, junto mis labios con los suyos.

-Estaba esperando que me lo pidieras.-Susurro.

Mi toalla se cae, pero esto no impide que lo siga besando.

Caminamos a hacia la cama y lo lanzo a ella, despojándolo de sus prendas, dejándolo desnudo.

Unas horas mas tarde...

Martín hizo que esa casi violación dejara de importarme.

-¿Desde cuando has estado guardando tus sentimientos hacia mi?-Le pregunto.

Estoy recostada en su pecho puedo oír los latidos de su corazón, sus manos están cálidas, van a la perfección con las mías.

-Desde la primera vez que hablamos.-Responde.

-No te creo.-Digo.

-Deberías creerme; cuando te vi, con tu hermoso cabello rizado y ojos alegres; supe que esta vez, en verdad, por primera vez, estaba enamorado, y cuando me hablaste, esa fue la mejor parte de todas.

-Es lo más tierno que me han dicho.

-Estoy dispuesto a darte un hijo.-Comenta.

-Pero tu no quieres hijos.-Comento.

-Pero por ti puedo intentarlo.-Comenta.

Me gusta la idea, amo a Martín, y quisiera tener un bebé, tengo veintiún años, el tiempo corre y no quisiera quedar sin hijos.

-Primero hay que casarnos.-Digo.

-No estabas casada con el anterior tipo cuando intentaron tener un bebé.

-Bueno, si, pero esta vez quiero que sea diferente.-Añado.

-Esta bien, pero hay que pensar como le anunciaremos a todo que nos vamos a casar, no se, creo que es un mal momento, deberíamos decirles cuando Beck salga del hospital.

-Me parece una buena idea.-Sonrió.-Te amo.

-También te amo.-respondió dándome un beso en la frente.

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