Luego, el viejo maldito; me quito el pantalón, sin siquiera retirar el cuchillo de mi garganta.
De repente, alguien hala del brazo del indigente; aunque tengo los ojos cerrados siento como se aparta con fuerza de mi.
Me volteo boca abajo, no se quien sea, pero tapó mi rostro con mis manos.
-Camile, Camile.
Una voz masculina, una voz de ángel, una voz de salvación, la voz de Martín.
Puedo exagerar, pero Martín me ha salvado de una violación, y posiblemente de una muerte, porque no creo que el indigente hubiera tenido ganas de dejarme viva.
Volteo, y entonces veo esos hermosos ojos verdes; en sus manos, mis pantalones.
-¿Estas bien?-Me pregunta.
Asiento con la cabeza y tomo en mis manos los pantalones, procediendo a ponermelos.
-¿Como hiciste para encontrarme?-Pregunto.
No me había dado cuenta de que estaba llorando, mi voz sale seca y ahogando el grito.
-Te seguí.-Dice.-Ahora sube al auto, te llevare a casa.
Abre la puerta delantera del auto, el auto negro, nuevo y lujoso que compro.
Me subo en el, no hago mas que llorar hasta que llegamos, pero no es mi casa, es la suya.
-Entra, toma una ducha si quieres.-Dice.
-¿No hay nadie?-Pregunto.
-No, solo yo.-Responde.-Y ahora tu.-Añade.
Subo las escaleras hasta su habitación, me despojo de mi ropa y entro en la ducha.
Veinte minutos después...
Mientras seco mi cara con la toalla, escucho como Martín habla con alguien por teléfono.
-¡No! ¡Entiende de una maldita vez! ¡No te quiero! ¿esta claro eso? ¡Ya terminamos, no volveré contigo!-Es lo único que dice.
Parece enojado.
-Camile.-Toca la puerta del baño levemente.
-¿Si?
-Saque una camisa del armario, escogí la mas grande que tengo, creo que te quedará como si fuera un vestido, puedes ponértela.-Comenta.
Es un lindo gesto de parte de Martín prestarme una de sus camisas, pensaba irme desnuda a casa, ni loca me vuelvo a poner esa ropa con la que el indigente casi me viola, me traería malos recuerdos... y además, esta sucia.
-¡Gracias!-Respondo.
-¿Ya vas a salir?-Pregunta.
-Si, ¿porque?
-Necesito decirte algo.-Comenta.
Acomodo la toalla y salgo.
-¿Que querías decirme?-Pregunto.
-¿Quieres ser mi novia?-Lanza.
Quede paralizada, no sabia que hacer ni que decir, unos segundos después reaccione.
-Si.-Contesto.
Me lanzo en sus brazos, junto mis labios con los suyos.
-Estaba esperando que me lo pidieras.-Susurro.
Mi toalla se cae, pero esto no impide que lo siga besando.
Caminamos a hacia la cama y lo lanzo a ella, despojándolo de sus prendas, dejándolo desnudo.
Unas horas mas tarde...
Martín hizo que esa casi violación dejara de importarme.
-¿Desde cuando has estado guardando tus sentimientos hacia mi?-Le pregunto.
Estoy recostada en su pecho puedo oír los latidos de su corazón, sus manos están cálidas, van a la perfección con las mías.
-Desde la primera vez que hablamos.-Responde.
-No te creo.-Digo.
-Deberías creerme; cuando te vi, con tu hermoso cabello rizado y ojos alegres; supe que esta vez, en verdad, por primera vez, estaba enamorado, y cuando me hablaste, esa fue la mejor parte de todas.
-Es lo más tierno que me han dicho.
-Estoy dispuesto a darte un hijo.-Comenta.
-Pero tu no quieres hijos.-Comento.
-Pero por ti puedo intentarlo.-Comenta.
Me gusta la idea, amo a Martín, y quisiera tener un bebé, tengo veintiún años, el tiempo corre y no quisiera quedar sin hijos.
-Primero hay que casarnos.-Digo.
-No estabas casada con el anterior tipo cuando intentaron tener un bebé.
-Bueno, si, pero esta vez quiero que sea diferente.-Añado.
-Esta bien, pero hay que pensar como le anunciaremos a todo que nos vamos a casar, no se, creo que es un mal momento, deberíamos decirles cuando Beck salga del hospital.
-Me parece una buena idea.-Sonrió.-Te amo.
-También te amo.-respondió dándome un beso en la frente.
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ME GUSTAS
RomanceDicen que las pupilas de tus ojos se dilatan al ver a la persona que te gusta. Y entonces lo ví, alto, cabello oscuro y despeinado, ojos negros, penetrantes, posiblemente los ojos mas lindos que había visto en mi vida, llevaba el brillo mas hermoso...
