Thirty five

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Llegamos a la entrada del hospital.

Me preguntaste que si quería que me llevaras a algún lugar. Ya era de noche y podía ser peligroso. Yo negué y te sonríe. Hice un gesto despreocupado con las manos.

Tu mirada seria me decía que no te convencía. Y así fue.

— Inténtalo más — dijiste.

— Yo... la verdad... vivo a un par de cuadras de aquí — respondí.

Noté tu mirada sorprendida. Creo que era porque te habías dado cuenta que les había mentido.

Pero no me comentaste nada al respecto.

Lo agradecí.

Y me avergonzé.

Porque creí que en ese momento probablemente había terminado para ti como una mentirosa oportunista a la que no debieron ayudar.

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