—Runa —me detengo al escuchar a alguien llamarme. Giro mi cabeza hasta encontrar a la dueña de la voz. Es mi jefa.
—¿Sí? —pregunto con educación.
—Ya te puedes ir.
Asiento con la cabeza. Termino de guardar con lo que estaba trabajando y al terminar tomo mis pertenencias y me dirijo a la salida.
Al salir tomo las mismas calles, camino al mismo ritmo, veo a las mismas personas caminar por estas calles. Miro al frente como siempre lo hago, sin mirar a nadie fijamente.
Vivo en un mundo monótono, igual, nada cambia y nada cambiará. Tenemos reglas que todos y cada uno de nosotros tenemos que seguir, cumplir.
Es aburrido. Es estresante. Cansado.
-Una de ellas es: no mirar a nadie fijamente.
-Otra de ellas que es muy importante: no conversar con otras personas a menos que sea sumamente importante o necesario.
-Camina derecho.
-Se cortés.
-Ofrece disculpas cuando lo creas y sea necesario.
-Saluda a tu Unidad Familiar.
-Saluda a tu Unidad de Empleo.
-A los 18 años se te otorgará un Empleo que sea de tu capacidad.
-Toma la pastilla que se le da cada persona de la Ciudad.
-Tomará el líquido que se le dará con la pasilla.
-Nunca pregunte sobre las reglas.
-Nunca pregunte sobre el gobernador.
-Nunca pregunte ¿Por qué siempre es igual?
Y si sigo diciendo las siguientes reglas jamás terminaría.
Al estar tan enfrascada en mis pensamientos, pensando en cosas que a nadie le interesan, no me percate que un hombre venia en mi dirección y no alcancé a esquivar su hombro haciendo que lo golpeara.
Me detengo y miro al hombre que se giró para esperar mis disculpas como es una obligación y necesidad.
—Disculpe... estaba demasiado...
—Acepto sus disculpas —me interrumpe el hombre para luego seguir con su camino a casa. Dejándome con las palabras en la boca.
Asiento y vuelvo con mi caminata.
Mi vista al igual que mis pensamientos están distraídos. Entro en una calle para acortar la distancia que me separa de mi casa. Es un callejón oscuro y me da privacidad.
Me detengo a mitad de esta y antes de relajar mis hombros miro a todos lados. Cuando me aseguro que no hay nadie ni cámaras, me relajo notablemente mientras suspiro con cansancio. Esto comienza a fastidiarme.
Muevo mis hombros de adelante hacia atrás intentando aminorar la tensión en mi cuerpo.
Paso mis manos por mi cabello recogido en una coleta como vienen en las reglas intentando mantenerlo en orden.
Un ruido hace que mis hombros vuelvan a la rigidez con la que nosotros los Ciudadanos acaparamos. Giro rápidamente quedando frente al largo callejón oscuro. Mi vista ya se ha acostumbrado a la oscuridad pero no hay nadie allí. Así que vuelvo a dar media vuelta y caminar con normalidad a mi Unidad Familiar.
Camino a mi ritmo con la vista concentrada intentando no volver a topar con nadie y se den cuenta que algo me pasa, solo me dedico a mirar a mi hogar.
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LOS ESPECIALES II
Ficção AdolescenteSe recomienda que leas la primera parte de la trilogía llamada LOS ELEGIDOS, para que logres entender esta historia, y no haya confusiones después. GRACIAS POR LEER.
