Sia - Angel by the wings
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—Fue ejecutado —es lo primero que me viene a la mente.
Sus ojos se achican, sospechando de mí historia.
—Entonces supongo que... —gira su cabeza hacía Alec—. El señor Grantham era enemigo de tu hermano —vuelve su mirada a mí. Sus ojos destilan odio, enojo, y desengaño.
—No —interviene Alec—. Mi amigo —la corrige.
Susan vuelve a abrir la boca para decir algo más, pero el Sr. Levison interrumpe.
—Es suficiente —dice con voz dura. Molesto y ha la vez avergonzado del interrogatorio nada cómodo que nos dio su hija.
(...)
—Sí que es una chica difícil eh —bromea Alec cuando ya nos encontramos solos en nuestra habitación.
Río por su absurdo comentario.
—Me recuerda a Ky —digo negando con la cabeza.
Sí que me lo recuerda, su forma tan hostil de tratar y las dagas que lanza al hablar, es muy parecida, aunque en el físico tampoco están tan lejos, es rubia, ojos azules con tonos miel, sus facciones son delicadas y finas, es hermosa, eso no lo puedo negar, pero la forma tan tosca que posee le roba todos los encantos que tendría si fuera pasiva.
—Me agrada —declara, tomándome por sorpresa.
—¿Qué? —pregunto no muy segura de lo que tal vez he escuchado.
—He dicho que me agrada.
Mis ojos escrutan a Alec, estoy confundida y a la vez sorprendida. No es agradable, y ni siquiera está cercas de estarlo.
—Señor Grantham —bromeo cambiando el tono de mi voz por una más fina, molesta y refinada—. ¿Está pensando en engañarme con una mujer de tan baja categoría? —dramatizo colocando mi mano derecha extendida en mi pecho.
Alec suelta una carcajada que me contagia. Se encamina de forma provocativa hacia mí, me toma de la cintura y con un movimiento veloz me pega a su cuerpo. Su aliento choca contra mi cara y, por unos largos minutos la seriedad reina.
El aire se vuelve pesado y nuestras respiraciones se entrecortan, nuestros ojos no se separan, el calor corporal aumenta y nuestras mentes comienzan a pesar sin razón.
—Sé que tu corazón jamás pertenecerá a otro hombre —comienza a hablar—. Jamás lo podré igualar como padre, como marido y mucho menos como el amor de tu vida. Sé que nunca estaremos juntos, solo déjame disfrutar de este momento, de esta farsa, déjame ser tu esposo, tu amante, el hombre que te da hasta lo imposible, prometo esforzarme.
—Alec...—susurro, pero dudo que lo haya escuchado.
—Déjame tocarte, besarte, amarte, llenarte de mil y unas formas —mi labio inferior comienza a moverse para hablar, pero en lugar de parecer que diré algo, parece como si temblara—. Sólo déjame sentirte de esta forma.
Y sin decir nada más, sus labios se estampan contra los míos. Llenándome al instante. Su mano derecha me aprisiona la espalda mientras que la izquierda toma con afán mi cabello. Nuestros labios están quietos, rígidos, sin ningún movimiento, hemos dejado de respirar, mis ojos están cerrados por instinto, mis manos hechas puño, aferradas a su camiseta.
Estamos en medio de la habitación, sin movernos, sin respirar, sintiendo una presión extraña y justo, cuando me iba a alejar, Alec mueve levemente los labios, pidiéndome de esta forma más, más de lo que realmente quería darle. Sus tiernos labios piden con delicadeza que responda, que me entregue, pero me niego a moverme; hasta que sus dientes atrapan mi labio inferior, lo jala un poco hasta que lo suelta de forma brusca, provocando que gimiera.
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LOS ESPECIALES II
Genç KurguSe recomienda que leas la primera parte de la trilogía llamada LOS ELEGIDOS, para que logres entender esta historia, y no haya confusiones después. GRACIAS POR LEER.
