—¿Eso qué quiere decir? —pregunto con voz ahogada.
—Que no sabemos si podemos confiar en él.
Esas palabras me descolocan completamente.
¿Cómo era eso posible?
Lo hemos conocidos durante años, es mi esposo, el amor de mi vida, el hombre que rompió todo lo que su comportamiento requería, y todo por mí.
Me amó incondicionalmente, tanto como yo a él. Me era imposible creer que ya no puedo confiar en el hombre que aún amo.
(...)
Han pasado días desde la llegada, y la forma en la que nos hemos acoplado al lugar no pude ser mejor. No solemos salir mucho de la casa, pero cuando lo hacemos no llamamos demasiado la atención, sobre todo porque no uso nada ajustado, suelo usar vestidos o blusones tallas más grandes que mi talla actual. Por otra parte, Alec suele vestirse de forma elegante y reservada.
Ese día, habíamos decidido no salir, preferíamos quedarnos en casa y checar algunas cosas sobre la ciudad Cira.
Solíamos tener pláticas en la biblioteca, pero prefería buscar y encontrar un lugar más adecuado y donde las paredes no escucharan. Alec se había exasperado conmigo, ya que prometía que nadie escuchaba, sin embargo no estaba cómoda con su respuesta.
—Estás paranoica —jura y perjuraba mientras caminaba pisando mis talones.
Caminaba por toda la planta baja, buscando algún lugar, la biblioteca. No. La sala de estar. No. El comedor. No. La concina. ¿Estaba loca? ¿Sótano? No. La segunda sala de estar. No. El ropero que se encontraba debajo de las escaleras. No. El baño. No. En la segunda planta. Nuestra habitación. Bueno, las mucamas estaban más al pendiente de esta habitación y de nuestros ruidos que cualquier otra parte de la casa. Las siguientes habitaciones. No. Un baño pequeño. En realidad no estaba tan pequeño. Tenía el escusado, lava manos y una pequeña bañera.
—Juro que estás paranoica.
—Claro que no —exclamo ofendida.
Doy media vuelta para salir del baño pero me lo impide. Me toma de la cintura y hace que retroceda. Cierra la puerta a sus espaldas y me encara, con una ceja rubia levantada, esperando otra respuesta.
Bufo enfadada, molesta porque no me deja buscar algún otro lugar que nos pueda ser de ayuda.
—Escucha —me pide mientras pasa sus manos por su cabello y se mueve sobre su lugar.
Llevaba alrededor de un par de horas, por este día, buscando algo, buscando un pequeño lugar en el que podamos escondernos y platicar sin sentirnos observados o escuchados... o por lo menos donde yo no me sienta así, ya que cada parte de la cada, cada esquina y cada crujido de la madera vieja me pone alerta, y eso pone nerviosos a todos.
Les pregunté a las mucamas si saben de algún lugar (obvio lo pregunté de forma discreta) pero si existe alguna, nadie la sabe, y si la saben no la piensan compartir conmigo.
Alec dice que es normal mi estado, solo tenemos días estando aquí, que es normal que desconfíe hasta de mi propia sombra.
En estos últimos dos días ha insistido de que lo deje a él con toda la carga de contactar con Sage, planear alguna que otra salida, o "misión" me negaba, pero Alec asegura que estoy demasiado nerviosa y estresada, y tal vez, mi nerviosismo pueda alertar a alguien. Quizá tenga razón, pero aun así no quiero aceptarlo, quiero ayudarlo y al final. Heme aquí, buscando algún lugar privado.
Al principio Alec se partía de la risa (en realidad ayer estaba a carcajadas) viéndome tensa buscando hasta por debajo de las piedras, moviendo libros de la biblioteca buscando un "pasadizo" que nos llevara a un lugar lejos y apartados, donde pueda sentir apartada de la sociedad y de la amenaza.
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LOS ESPECIALES II
Novela JuvenilSe recomienda que leas la primera parte de la trilogía llamada LOS ELEGIDOS, para que logres entender esta historia, y no haya confusiones después. GRACIAS POR LEER.
