Capítulo IX: Todo cuesta

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Octubre, 2003.

De: Mar

Hola, ¿cómo estás? ¿ya me olvidaste? :(

De: Rod

Nunca, princesa. ¿cómo va todo? :)

De: Mar
Mi papá dice que no eres malo, pero piensa

que estoy contigo por alguna depresión.

De: Rod

¿y es así?

De: Mar

Nope. Estoy contigo porque me gustas.

Y no me arrepiento de decírtelo: te amo.

De: Rod

Te amo, nena.

De: Mar

Te extraño...quiero verte.

Tengo algo que contarte J J

De: Rod
Mañana, en tu escuela.

-¡Órale, Rodo, quién te viera!-Exclamó entre carcajadas Ramón, mientras yo bebía de mi tarro de cerveza con la mirada fija al frente, malhumorado, para evitar ahorcar a mi escandaloso compañero. La cosa no habría sido tan mala de no ser porque descubrió la bandeja de mensajes de mi teléfono.-Bueno, ya... ¿qué vas a hacer entonces?

Ramón se enderezó en su banco para tomar unas cuantas papas fritas mientras me miraba, expectante y se acomodaba el chaleco de cuero con parches de su club de motoristas.

-Si es necesario, puedo ajustar mi presupuesto. Si ella quiere, no me molestaría que viniera conmigo, casi es mayor de edad.

Se echó a reír, ante mi indignación.

-Rod...piénsalo bien. Es una niña, por lo que me cuentas, una mocosa mimada. ¿Crees que va a dejar sus privilegios sólo por ti? Ahorita están enamorados, pero esas cosas se pasan...Además tú ya estás bien vivido, y eso a los papás no les va a latir.

-Eres mi amigo, ¿no puedes decirme algo diferente a lo que dice mi madre o Gabriel?- le pregunté, hastiado, mientras unas chicas de mechas rubias y pantalones muy ajustados se sentaban en una mesa cercana a la barra, observándonos. Ramón desvió la vista para observarlas cínicamente y luego dedicarles una encantadora sonrisa.

-No es que no te apoye, eres mi hermano...pero no quiero verte tirado por una niña.-Contestó él, mirándome a los ojos.- Dicen que debes sacrificar algo que tenga un valor equivalente a lo que quieres conseguir, Rod. Te conozco, tú entregarías todo...¿y ella? ¿qué sabe de ti? Porque te apuesto que no tiene ni idea de tus putos vicios...¿o sí? Están yendo demasiado rápido, y  yo creo que así sólo vas derechito a un despeñadero, bro.

Lancé un suspiro al aire y me dediqué a observar las paredes del bar. Las paredes rojas, con detalles en madera, estaban llenas de ilustraciones de mujeres al estilo de los 50, fotografías de Marylin Monroe o Elvis complementaban el espacio. El piso, como tablero de ajedrez y las grandes bombillas del techo bien podrían transportar al visitante a una época diferente, pero el ambiente se rompía con el constante retumbar de la música metal a todo volumen.

No, ella no conocía a ése Rodo. ¿Pero tenía sentido?

-Todos podemos equivocarnos, güey.-contesté al fin, con el humor empeorando.-Eso ya pasó, y no es necesario que se entere.

A Fuego LentoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora