Septiembre, 2003.
Pese al cansancio acumulado en los hombros por mi trabajo, me dirigí a la nevera y saqué un paquete de carne que había comprado el día anterior; había estado pensando en algún tipo de receta nueva, original y quise aprovechar la estancia de mi musa aquella noche para ponerla a prueba. Antes de terminar mis estudios, no sabía a dónde se dirigían mis pasos, pero ver a aquella muchacha que me miraba con adoración tener tantas metas, me llevó a desear ser mejor para enorgullecerla; tenía planeado trabajar con ahínco y un día, poner mi propio restaurante. Unas 3 estrellas Michelin no me vendrían mal...
Me movía de un lado a otro mientras sentía su mirada clavada en mi espalda, sentada a la pequeña mesa que compartíamos; mariné la carne de cordero y la corté en pequeños medallones mientras que vigilaba constantemente una salsa nueva de mostaza en la estufa.
-Realmente eres feliz cuando cocinas, ¿verdad, Rodo?
Sonreí mientras movía la salsa espesa.
-Cuando comencé en la escuela no pensé que terminaría-Contesté-Sólo entré porque no sabía qué más hacer. Tuve una adolescencia compleja. Pero en realidad, me siento a gusto, es como si mis manos se movieran solas y mi mente, aunque lo piensa todo, simplemente...se deja ir.
Sentí su tacto y mi piel se erizó; me abrazaba por la espalda, tan pequeña ella mientras yo continuaba en lo mío.
-Huele muy bien...-Tomé un poco de la salsa en una cucharilla y se la di a probar mientras observaba sus ojos cerrarse y sonreír-¡Vaya que sabe bien! ¿Qué es? ¡Tengo hambre!- Exclamó alegre.
-Una invención mía...Cuando tenga mi propia cocina, le pondré tu nombre.-Comenzamos a reír mientras preparaba la carne.
Un rato después nos sentamos a la mesa y disfrutamos nuestra primera cena juntos. Durante un momento, mientras la miraba relamerse y degustar lo que había hecho para ella con tanto amor, dejé que mi mente fantaseara con la posibilidad de que el resto de las noches pusiéramos pasarlo tan bien como ahora.
Pensé en lo maravilloso que sería ver el clóset-ligeramente vacío por mi falta de gusto en aquel momento para vestir- a rebosar por sus vestidos y todo lo que deseara; aspirar en la almohada el olor de su cabello, que mi pequeño departamento pudiera llenarse aún más de su esencia, tan dulce.
Aquella noche no hicimos nada, pues aunque me moría de ganas por al fin tomar su bello cuerpo entre mis brazos, estrecharlo, marcarlo a fuego con mis besos, necesitaba respetar su dolor y también cuidar sus miedos, no aumentarlos. Dejarla libre, que se sintiera protegida. Nos acurrucamos en la cama con Roco a nuestros pies y la abracé, acariciando su cabeza y depositando en veces besos en su coronilla mientras el sueño se apoderaba de ella y yo me permitía sentirme en el cielo por sólo sentirla mía en aquel momento tan íntimo.
[***]
Los fuertes golpes en la puerta a las 6:00 de la mañana me hicieron querer destrozar a quien fuera que quisiera joderme el día. Llevaba una hora despierto pero definitivamente odiaba que la gente se comportara de ese modo. Dejé mi taza de café en la mesa mientras me levantaba, malhumorado, con Rocko pisándome los talones, gruñendo agresivamente. Abrí la puerta mientras acariciaba la cabeza del perro, confiando en que su aspecto ahuyentaría al intruso. ¿Quién tocaba de ese modo? ¿Testigos de Jehová? ¿Reptilianos?
No, señores. Mi suegra. Mi suegra echando humo por las orejas con un apenado hombre, que reconocí como mi suegro por el increíble parecido que tenía con su hija. La mujer, enfundada en un bonito-y caro-traje que parecía elaborado con alguna anticuada alfombra y el cabello apretado en un cuidadoso moño me empujó furiosa entrando a mi hogar.
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A Fuego Lento
RomanceElla constituía una verdadera fuente de alegrías y sonrisas para lo que siempre consideré un corazón muerto, un cuerpo sin vida, un autómata sin destino. Venía corriendo a mis brazos a la primera oportunidad; los amaneceres más bellos se resumían a...
