2. ¿Odio los zapatos de tacón?

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Había esperado a Milla  fuera de la cafetería como le dije. Cuando Salió me cogió del brazo y salimos corriendo. Una vez fuera y en el bus de camino a la fabulosa tienda que abrían hoy Milla me suelta:

- ¿¡¿cómo es posible que Scott te hablara?!? ¡¡Cuenta y no te calles nada o me enteraré igualmente!-dijo mirándome a los ojos, ella sabía que si me miraban a los ojos no podía mentir.

-Estaba en la cafetería sentado a dos mesas de distancia y empecé a dibujarlo porque como se que a alguien le gusta y esta cerca el cumpleaños de ese alguien pues eso, le estaba dibujando y no me dí cuenta de que estaba a mi lado hasta que me habló y me felicitó por el buen retrato que había hecho de él, eso es todo –dije manteniendo la vista en los ojos de mi amiga que parecía insatisfecha.

-Eso no es todo, me han dicho que sabia tu nombre, oh dios mío, y lo que más me fastidia es que no estas histérica porque un dios griego te haya hablado –dijo mientra bajábamos del bus.

-Lo de histérica ya lo eres tu por mi y lo siento yo tengo otra descripción de dios griego –dije riéndome. -Mi teoría es que se aburría en la cafetería y se puso al lado mío porque no tenia otra cosa que hacer, Milla, es todo tuyo, te lo regalo –dije entrando en la tienda que estaba hasta arriba de chicas como nosotras que habían hecho pellas.

En  mi caso porque no quería estar en clase, las clases habían pasado a un segundo plano para mi, en el caso de las otras chicas alocadas que iban de un lado para otro de la tienda es que la nueva tienda estaba al 50% de descuento por apertura de la tienda.

Mi amiga grita – ¡Syrenia, he encontrado los zapatos perfectos para la fiesta de mi cumple! –dice corriendo y cogiendolo, se arranca las botas que llevaba y se pone unos tacones altos de terciopelo que dejaban el dedo gordo al aire.

-Son perfectos, sobre todo te va a quedar muy bien con el vestido rojo –dije cogiendo sus botas del suelo y viéndola moverse de un lado para otro como si fuera una modelo de Victoria Secret.

-Toma ponte estos, te tienen que quedar estupendos –me dijo dándome unos botines negros que tenían menos tacón que los que aun llevaba puestos.

-Sabes que odio los tacones y no se andar –me queje poniéndomelo.

-¿Sabes? está claro que no sabes andar pero ¿para qué están las amigas? cuando termine contigo sabrás hasta hacer el pino con los tacones –dijo Milla muy seria.

Salimos por fin de la tienda y ya era de noche, Milla estaba hablando sobre los conjuntos que había comprado, y claro esta, el nombre de Scott siempre aparecía.

-Syrenia, buenas noches dale besos a tu madre de mi parte, llámame si se pone pesada o te pones tu pesada –se fue dado saltitos calle a bajo.

Milla y yo nos considerábamos afortunadas, no solo por que nos teníamos la una a la otra y porque nuestras madres nos querían incondicionalmente sino porque habíamos nacido en uno de los lugares más ricos de Madrid, pero eso en el colegio no nos hizo populares.

Nosotras nos describimos antisociales ya que nadie se acerca para nada excepto para pedirnos apuntes o deberes.

Milla y yo nos conocimos por casualidad…

“Unos meses después de empezar el nuevo año, nos sentamos por casualidad en la misma mesa de la cafetería, por casualidad es porque los chicos de fútbol me habían quitado mi mesa y por obligación me tenía que sentar a comer así que después de buscar la mesa con menos gente, encontré una que solo estaba sentada ella. Al sentarme ella me miro asombrada de que alguien se había sentado con ella, que quieres yo también lo estaba.

-Me llamo Syrenia, tú eres Milla ¿no? –le pregunte a la chica que tenía enfrente mío.

-Sí y ya se tu nombre, ¿sabes? me encanta tu camisa es preciosa y perfecta – así empezó nuestra amistad hablando sobre  la camisa que llevaba ese día.

Más tarde al ir a mi casa nos dimos cuentas de que éramos vecinas y aparte Milla me contó que solo vivían en su casa su madre y ella porque su padre murió de cáncer unos años atrás.”

Tanto la casa de Milla como la mía no se podrían describir como chalets porque eso se quedaría corto, el nombre de nuestra casa era Mansión del paraíso, es broma no se llama así pero era para indicaros que tengo una mansión con 7 habitaciones una biblioteca de dos plantas, una piscina olímpica y cuatro baños.

Mi cuarto preferido aparte del mío era la biblioteca que también tenía una pequeña habitación con un cañón por donde cada jueves como si fuera un ritual mi madre y yo veíamos nos nuevos capítulos de crónicas vampíricas.

-¡Hola mamá, estoy en casa!-grite dejando la mochila en las escaleras y de camino a la cocina, donde seguro estaba mi madre cocinando mi plato preferido

Mi madre me recibió con un gran abrazo, mi madre era muy joven me había tenido con diecisiete años y rápidamente se había caso con mi padre, los dos eran muy felices. Pero todo cambio cuando mi padre murió, él era un empresario que se pasaba la mitad de los meses viajando, pero cuando estaba en casa nos dedicaba todo el tiempo a nosotras, le quiero tanto y mi madre también por eso cuando nos enteramos de su muerte fue como si una parte de nosotras hubiera muerto, mi madre consiguió salir de ese agujero negro en el que hoy en día sigo metida yo, ella lo hizo por mi por eso ahora todo su afán es hacerme sonreír y está constantemente encima mío, mi madre sabe que falto constantemente a clase y que ahora mis notas son peores que las de antes pero eso a ella no le importa, solo le importa que su dulce niña vuelva a ser como antes .

-¿Sabes? hoy tenemos sesión de Pequeñas mentirosa y fui a comprar tu helado preferido –dijo mi madre sacando una tarrina entera de chocolate con trocitos de galletas.

-Mami, como sigas así  comprando y dadome helado siempre para cenar voy a bajar las escaleras rodando de lo gorda que estaré –dije limpiando unos platos y preparando nuestras bandejas para comer.

-Mi niña tu estas estupenda y no estás gorda, come y calla –dijo dadome la bandeja de la comida y guiándome hasta la sala.

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