Leslie resopló nerviosa y Max le dio un beso en la frente para tranquilizarle. Estaba realmente nerviosa pues no sabía como el padre de Max la recibiría. No sabía si la rechazaría o solo la adoraría como su novio le había dicho anteriormente -Tengo náuseas- anunció muerta de miedo.
-Tranquila...papá no es un ogro- dijo sonriendo y Leslie asintió.
Max abrió la puerta principal y se anunció -Papá, llegamos- gritó y un señor de unos 65 años, con algunas canas en su cabello, salió de la cocina.
-¡Ya llegaron!- dijo emocionado el hombre, al que tanto su novio se parecía -Ya ni vienes los domingos- dijo algo triste.
-Ya lo sé papá pero el trabajo me tiene saturado- dijo dándole un fuerte abrazo -Mira, ella es Leslie, mi novia- dijo cuando se separó de su papá.
-Tan linda y contigo- bromeó y los tres se rieron -Mucho gusto querida. Me llamo Samuel- se presentó y luego le abrazó.
-Mucho gusto señor...- sonrió genuinamente y con alivio. Por lo menos no le ha tratado mal.
Max y Samuel invitaron a Leslie a sentarse en la sala y ella asintió. Samuel fue por unos bocadillos y Max se quedó con su novia.
Max observó en silencio con una sonrisa y Leslie le vio interrogante -¿Que? ¿Porqué me miras así?- dijo Leslie riendo y en respuesta sólo recibió un beso en las mejillas.
-A ti te quiere todo el mundo. Mi papá te amó- dijo con una sonrisa. Las mejillas de ella se tiñeron de rojo y agachó la cabeza.
-Tonto- dijo entre risitas nerviosas.
Samuel entró y tosió incómodo al ver a Max casi encima de Leslie besándola. Leslie le dio un empujón a Max que estuvo a punto de caer de bruces al suelo. El moreno gruñó al escuchar la risa de su padre. Leslie se aclaró la garganta y sonrió. Mientras comían los bocadillos Samuel le había hecho varias preguntas para así conocerla mejor. La chica le había caído muy bien y quería saber más de ella. En tan sólo unos pocos minutos ya sabía porque su hijo se había enamorado de ella. La chica era muy amable y muy atenta, y eso era lo que Samuel quería para su hijo.
-Entonces, ¿te gusta la fisioterapia?- preguntó Samuel prestándole total atención, al igual que Max.
Leslie sonrió genuinamente -Me fascina, mi padre es pediatra y mi madre enfermera. Creo que su pasión la he heredado- dijo y Max tomó su mano y la besó con cariño.
-Es la mejor, papá. Da unos masajes en la espalda...uff que hasta quedó noqueado- dijo Max y Samuel sonrió.
-Ah pues de verdad que sí porque para noquearlo se necesita- dijo y Los tres rieron.
Habían pasado una buena tarde en casa de Samuel pero ya era momento de volver. Leslie y Max estaban muy cansados y debían volver. Otras dos horas de viajes y ya se encontraban en la ciudad, a cinco minutos del apartamento.
-Tu papá es un amor- dijo Leslie mientras abría la puerta de su apartamento.
-¿Verdad? Ha sufrido mucho desde que mamá no está pero aún así no ha dejado de ser el hombre que conociste- dijo y la abrazó desde atrás -Te dije que papá te adoraría- besó la mejilla y Leslie sonrió -¿Sabes lo que me dijo?-
-¿Que te dijo?- preguntó Leslie después de girarse, aún en sus brazos, y quedar frente a frente de su novio.
-Que eras hermosa, inteligente, amable y muchas cosas más y que si te dejaba ir me desherraba como hijo. Que tu eras la única mujer que yo necesitaba en mi vida- susurró y dejó un beso en la nariz haciéndola reír.
ESTÁS LEYENDO
Nuestra jugada perfecta
RomanceY así ellos se encuentran, enamorados el uno del otro y con el miedo en sus corazones de que sean rechazados. Pero como bien dice el dicho; el que no arriesga no gana. Quien de los dos tendría el valor de confesarle sus sentimientos al otro...antes...
