Cuatro años después...
-Mi amor tenemos que salir ya. Papá nos espera- dijo el chico mientras la miraba recostado de las barandas de la habitación.
Leslie rodó los ojos y sonrió a través del espejo -Ya casi, bebé- dijo y esta vez fue el turno de aquel chico de sonreír.
Leslie había terminado su high school por arte de magia o algo parecido. Sus días luego de dejar aquel hospital, que le había traído los peores recuerdos de su vida, habían sido muy dolorosos. Y no solo los días después de ese suceso sino el año entero después de ese momento. Le fue casi inalcanzable poder graduarse de high school pero gracias a su familia lo había cumplido.
Aunque, a cuatro años de la pérdida de su hijo, no la había superado trataba de verse con ánimos frente a su familia pues no quería que se preocuparan por ella nuevamente. Y es que aún, todas las noches lloraba en silencio tratando de desahogar el dolor y la soledad que se sentía. Trataba de desahogar su alma de la culpabilidad, que aún, sentía al perder a su hijo. Aunque para los demás fue sólo un accidente Leslie sentía que toda la culpa caía en sus hombros y no podía evitarlo. Le era absurdo no poder acordarse de su hijo no nato y echarse a llorar.
Terminaba dormida abrazando una almohada, llorando como si sus ojos fuesen cascadas y soñando con la imagen más hermosa que había visto. Ella con un bebé en sus brazos, sin poder verle los ojos pero aún así sonriendo mientras lo acunaba en sus brazos. Cada noche esa imagen se presentaba en modo de sueños y se despertaba asustada. Le era difícil no llorar cada vez que recordaba a su bebé que si no hubiese tenido aquel arrebato hoy día su hijo o hija tendría cuatro añitos.
Durante esos cuatros años ella se dedicó única y exclusivamente a estudiar su carrera. Decidió quedarse en Nueva York, aunque estaba en otra ciudad. Se había dedicado en cuerpo y alma a sus estudios, y ahora ese sacrificio rendía fruto. Teniendo un trabajo en el Centro de Fisioterapia y Salud Deportiva de la ciudad. Llevaba casi seis meses y le encantaba ejercer lo que tanto amaba.
Max había aparecido en su vida dos años después que entrara en la universidad. Se conocieron a raíz de que Max era el hermano de Janet, su mejor amiga. No mal interpreten, su mejor amiga seguía siendo Rylie pero ella se trasladó a Chicago a estudiar arte. Max era un chico de veinticuatro años y trabajaba en unas oficinas de publicidad. Había esperado casi un año para que Leslie lo aceptara. Luchó incansablemente contra el pasado y los miedos que vivía constantemente ella hasta que por fin un día le había dicho que sí al preguntarle sobre si quería ser su novia.
-¡Les!- gritó al cabo de unos diez minutos desde la planta de abajo.
Habían quedado en cenar con el padre de Max quién aún no había conocido personalmente a la novia de su hijo. Habían hablado por teléfono y todo pero cómo vivía a dos horas de su apartamento no había sido posible conocerse. Leslie estaba realmente nerviosa, eso de conocer a nuevas personas se le hacía un tanto difícil. Luego de la enésima queja de su novio bajó con una sonrisa -Tienes que tener paciencia...soy mujer y quiero impresionar a tu padre- dijo mientras bajaba las escaleras de su apartamento.
-Estás hermosa. Papá te adorará- dijo Max mientras la hacía girar contemplándola.
-Con que solo tu lo hagas, me basta- tomó al moreno de las mejillas y le plantó un beso.
-Te amo, Leslie Wright- dijo cuando se separó de ella. Ella lo miró sin ninguna expresión en su rostro -Ya sé...- suspiró al ver la mirada de ella y como se había tensado al escuchar aquellas dos palabras.
Cierto, había luchado con los fantasmas de su pasado pero no podía escuchar a su novia decirle que lo amaba y se moría porque pasara. Aunque no dudaba que el cariño de ella existía necesitaba escucharlo. Necesitaba dejar de sentirse como si fuese el eterno amigo enamorado y sin ser correspondido.
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Nuestra jugada perfecta
RomantikY así ellos se encuentran, enamorados el uno del otro y con el miedo en sus corazones de que sean rechazados. Pero como bien dice el dicho; el que no arriesga no gana. Quien de los dos tendría el valor de confesarle sus sentimientos al otro...antes...
