Y así ellos se encuentran, enamorados el uno del otro y con el miedo en sus corazones de que sean rechazados. Pero como bien dice el dicho; el que no arriesga no gana. Quien de los dos tendría el valor de confesarle sus sentimientos al otro...antes...
-Me acaba de llegar una invitación de una fiesta por su cumpleaños- dijo Leslie al teléfono. Estaba hablando con su mejor amiga, Rylie. Ella había decidido quedarse a vivir por el momento en Chicago.
Había conocido a un chico hace unos meses atrás. Él que le había presentado a Leslie, casi un año atrás, le había reclamado por falta de atención. La había puesto entre la espada y la pared, o era él o era sus estudios y bueno ya sabemos que ocurrió. Pero hacía unos meses atrás ese chico había llegado a su vida como relámpago. Era un chico guapo de tes oscura, de ojos expresivos y una sonrisa encantadora. Estaba de viaje en Chicago pero se tuvo que ir porque en su familia había una emergencia.
-¿Y que piensas hacer?- preguntó Rylie curiosa -¿Piensas ir?- preguntó.
-No sé. Max no creo que le haga alguna gracia esa invitación.- dijo Leslie abriendo la invitación y leyendo. Rylie frunció el ceño cuando escuchó el nombre de Max -Aunque te confieso...- Leslie miro a ambos lados verificando que nadie estuviera en su casa.
-Quieres ir...- dijo más bien afirmó Rylie.
-Para que te lo niego- suspiró cachada en el acto -Quiero verlo-
-Leslie te puedo preguntar algo y por favor necesito que contestes con toda sinceridad-
Leslie asintió y esperó por la pregunta -¿Amas a Max?- preguntó Rylie sin ningún problema.
-Claro...- dijo Leslie no muy convencida -l-lo amo. Sabes que Max ha sido un gran apoyo durante todo este tiempo en mi vida. Además tenemos a Matthew-
-Sabes no te creo nada. ¿Te has escuchado? Tu lo que sientes por Max es un profundo agradecimiento, solo eso. A quien tú realmente amas es a Scott- dijo un tanto molesta.
Leslie pensó mucho en lo que le había dicho Rylie. Quizás ella tenía razón, quizás lo que sentía por Max era un profundo afecto y a quien realmente amaba era a Scott. Pero tenían un hijo y tenían que darlo todo por ese bebé. Aunque a decir verdad desde que había nacido Matthew su relación se había vuelto algo fría. Max no pasaba prácticamente tres días corridos quedándose en el apartamento de Leslie que antes del parto él prácticamente vivía en el apartamento de ella. Ya ni siquiera se decían te amo o hacían el amor. Esos tres meses ellos estaban actuando como los amigos que eran y Leslie trató de sacar a flote la relación pero no tuvo el resultado que esperaba.
Una noche ella había hecho una cena para ambos. Una cena que tenía prometido muchas cosas y entre una de esas cosas una noche de pasión pero el resultado fue totalmente distinto. Max no había avisado que llegaría tarde y Leslie dejó pasar eso pero cuando ella había salido del baño con una lencería que levantaba hasta un muerto y el ni tan siquiera se volteó a verla no lo perdonó. Era un leotardo, por así decirlo, de encajes negro que dejaba poco a la imaginación.
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Leslie en cuanto lo había visto en aquel maniquí en una tienda muy reconocida por sus hermosos conjuntos de lencería y ropa interior había quedado prendada. Cierto, sus mejillas estaban coloradas de tan solo pensar en Max y ella con un conjunto así teniendo una noche apasionada. Sabía que en cuanto Max la viera ni siquiera le dejaría lucir el conjunto. Pero cuan equivocada estaba. En cuanto había salido del baño no había recibido ni una mirada de parte del moreno. El celular le había quitado toda la atención de su prometido.