Capitulo 24

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"Pasado."

Dado al caso de que quería conocer más de Peridot, aprovecho para hablar con ella, aunque fuera de madrugada. Estaba recostada en su pecho, mientras veían películas en la fría habitación gracias al aire acondicionado. Así se pasaron toda la noche, desde las 9 hasta las 3 a.m, hora en la que se encontraban.
Mientras sentía la suave y relajada respiración de la rubia, pensaba en todo su entorno, los problemas que enfrentaba. Cada vez que intentaba hablar con ella su mente se saturaba de posibles maneras de actuación, pensando en cual seria buena y cual mala, al fin de cuentas ella mejor se quedaba callada disfrazando el intento de habla con un "Se me olvido", algo imposible ya que si vamos hablar tenemos que plasmar el tema de charla en nuestra mente.

Mientras la chica pecosa reía con los comentarios de los actores, la peli-azul pensaba en una manera de iniciar la conversación, lo único que pensaba era en decir un "¿Cómo fue tu pasado?" pero eso sonaría desesperado, algo que ella no quería.
La morena miro a la rubia, con una expresión de duda.

—¿Qué sucede? —preguntó al notar la mirada de la oji-índigo.

—Yo solo quiero -se sentó en la cama, la rubia hizo lo mismo- conversar contigo... —dijo con una mirada de inocencia, tratando de ocultar el propósito de su conversación.

—¿Sobre que? —preguntó mientras acariciaba un poco su espalda.

—Sobre como fue tu infancia... —contestó cabizbajo, la rubia no esperaba este tema aunque no se molesto, sino comenzó a hablar sin timidez o miedo.

— Bueno, to tuve una infancia muy dura -sonrió melancólicamente-, pues yo no tengo el mismo padre que mis hermanos, bueno, medio hermanos. Mi madre se acostó con un hombre solo por dinero, lo que la embarazo de mí, pero le mintió a mi padre -entrecomilló "padre"- de que era suyo; y cuando nací fue cuando se dio cuenta de que no era su hija biológica, por lo que me trato como una arrimada y esclava, me maltrataba horrible, un día me amenazo de cortar mi miembro si no lo obedecía, hasta lo tomo y me amenazó con un cuchillo, lo odiaba a morir. El asesino a mi madre un día ebrio, para después suicidarse, y lo hizo frente a mis ojos y a los ojos de mis hermanos, yo tenia 6 años, mi hermano 11 y mi hermana era recién nacida, nos dejo un gran trauma. Nos cuido mi abuela y cuando Matt cumplió los 19 nos dejo a su cargo. —dijo, sin remordimiento alguno, parecía no afectarle, o lo hacía pero no quería demostrarlo.

La morena no tenía palabras, no sabia como reaccionar, tampoco sabia si la suya era peor o mejor.

—Yo..., no lo sabia, perdón. — dijo cabizbajo, se arrepentía por haberlo preguntado y traerle malos recuerdos a la rubia.

—Tranquila, por lo menos ya sabes porque soy así. Trato de disfrutar la vida mientras se pueda, no sabes cuando alguien te la quitara. —la peli-azul sonrió, avergonzada, sin tener otro tema que hacer. —¿Y cómo fue tu infancia? —preguntó, Lapis la miro con tristeza, a ella si le afectaba esto.

—Pues, es fácil de explicar... -suspiró antes de comenzar a hablar- Yo fui abandona en un orfanato por una razón desconocida, me adoptaron a los 10 años pero la persona que fue solo me ocupaba para explotarme en los labores del hogar, yo crecí como alguien independiente, mi madre y padre casi nunca me atendían, yo preparaba mi almuerzo y el de Amatista, quien también es adoptada. Muchas veces fui violada por hombres que mi madre metía en la casa, y mi padre también llevaba mujeres quienes se sofocaban y me obligaban a decir cosas de mi madre para hacerla quedar mal. Amatista fue maltratada muchas veces, la escuchaba rogar por piedad y gemir de dolor. Mi madre murió de cáncer terminal, y mi padre... no se de el. —en ella si era notorio el remordimiento, la tristeza y coraje en las palabras.

Peridot se recargó en su hombro, acariciando su barriga.

—Te prometo que no le daré una vida así al bebé. —murmuró.

—Es difícil de creer.—bufó.—eres un poco inmadura... sin ofender.

—No hay ofensa, reconozco que aveces no soy un buen ejemplo o muy responsable, pero yo quiero y necesito cambiar, aunque me veas como una inmadura lo único que quiero lograr es darle una vida feliz y sana a nuestra pequeña... —murmuró nuevamente mientras seguía acariciando el vientre de la oji-índigo. La miro para depositar un suave beso en su frente, la peli-azul tomó su mano dedicándole una sonrisa a la rubia.

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9 mesesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora