* * *
2 meses después...
Resulta que no solo me había hechos las maletas sino el cambio de instituto, de país y de vida. Todo juntito de porrazo. Aquel día aquel animal de hombre, me arrastro hasta una camioneta donde ni se montó, pero si me envió directo al aeropuerto para sacarme del país que por cierto al sol de hoy ni se dónde estoy.
Terminé viviendo en una lujosa mansión como un castillo imposible de describir todas sus instalaciones no terminaría nunca. Era vigilada y custodiada como las princesas de los cuentos de hadas con la diferencia de que yo no era una delicada princesa y mi captor era un impactante y salvaje hombre.
Si, resulta que mi flamante esposo era un hombre multimillonario con aires de mafioso o árabe, uno de los individuos más influyentes que había en el mundo, poderoso con dinero y a leguas se notaba Peligroso. Por ende Michael había negociado con él pero algo era seguro este tipo no necesitaba comprar una esposa, no la necesitaba con ese cuerpo, ese rostro y esa elegancia conseguiría a la mujer que quisiera aun así no podía desaparecer la aberración que le tenía en ocasiones, Un hombre jamás tendría mi respeto si le tocaba comprarse una mujer seguía sin entender por qué.
Todo era mezquinamente extraño vivíamos en el mismo castillo, pero dormíamos en habitaciones separadas, no comíamos juntos usualmente él viajaba mucho muy poco estaba y aquello significaba una desolación y silencio total. Cuando estaba me agradaba topármelo en algún lugar de la casa para salirle con alguno de mis comentarios y exasperarlo.
Hasta entonces, aquel canalla nunca me había insinuado nada era, serio, callado y respetuoso para mi mayor sorpresa ni un cabello, nada. Al parecer no le levantaba ni un mal pensamiento no era que moría porque me tocara aunque más de una vez le comente que para que consumáramos el matrimonio debía violarme y sí me tocaba un cabello lo asesinaría mientras durmiera. Esté solo me miraba de reojo y me ignoraba a veces hasta me esquivaba me sentía un lindo adorno de aquella casa, pero algo si teníamos los dos en común, cuando cruzábamos palabras era un caos parecíamos perros y gatos, mi esposo Zahir era imponente, apuesto, seductor, controlador, poderoso y posesivo además que un jodido salvaje y me intimidaba haciéndome callar.
Parecía de las cavernas, si había atracción como no tenerla era un treintañero altísimo, de cabello algo largo negro y barba apenas rasurada del mismo color, corpulento, fortachón, con pinta de árabe, modelo, empresario... Imbécil. Era tan callado y serio que parecía misterioso, atraía, aunque por su natural actitud hostil, alejaba mujeres aunque no tantas como él quisiera.
Me había hecho amiga de absolutamente todo los empleados allí y todos concluían en lo mismo: Le respetan, le temen, le veneran y me respetan. Él era una persona difícil, con un carácter de armas tomar. Era un salvaje como dije antes un cavernicola.
* * *
Mire aquella motocicleta distraída. Como la reparaban, era de Zahir se había averiado desde días anteriores estaba en su estacionamiento el muy cabronazo tenía una colección de autos deportivos y motocicletas. Miraba a aquellos dos mecánicos trabajar estos me miraban de reojo, Jamás los había visto ¿Qué había sido de Paulo y Dex?, ellos eran los que siempre venían cuando se debía reparar algún auto o moto. ¿Por qué Zahir había cambiado de mecánicos?, estaba sentada encima del capo del munstang GT rojo, de mi flamante esposo escuchando música en mis audífonos a todo volumen. Quizás por eso jamás escuche los gritos de todos llamándome, los tiros fuera de casa, la alerta y la seguridad, cuando por casualidad me quite uno de los audífonos, todo llego de golpe, gritos, disparos, cosas caer, di un salto del capo. Hasta que sentí un agujazo directo al cuello y todo empezó volverse borroso pude ver varias caras ninguna conocida y luego todo fue negro.
En mi delirio escuchaba voces, algo se me pegaba a la boca que no me dejaba respirar ¿Un trapo?, estaba muy mareada. Seguramente encapuchada porque la tela encima de mi rostro también me dificultaba ver, aquellos hombres hablaban un idioma desconocido para mí, era inglés o eso parecía, no... ¿Ruso?, no podía saberlo hablaban muy rápido, saltaba ante unas sacudidas y también deduje que iba en un auto o tal vez camioneta, no sabía con quienes, ni porque. Temblaba, temblaba del miedo y tuve que dejarme caer nuevamente del sueño que me apresaba.
Sentí un par de golpes suaves y me sacudí. Cerré con fuerza los ojos, cuando una luz, me golpeo el rostro intente alzar los brazos, pero los sentía pesados, adormecidos. Maldita sea, me dolía el cuerpo apenas lo sentía, abrí poco a poco los ojos cuando sentí una mano pasearse por dentro de mis muslos.
— Virgen, — Escuché y agudicé el oído, baje la vista para toparme con una cabeza que se alzaba mirándome, era un hombre moreno. — Has despertado bonita. — Un grito se atoró en mi garganta, y las lágrimas amenazaron con salir, tome aire intentando recordar que sucedía, ¿Que me sucedía?, no podía mover ni un jodido musculo del cuerpo. Quería morirme.
¿Dónde estaba? ¿Dónde estaba Zahir? ¿Dónde estaba Michael? No llores, no llores Venus. Mire a mi alrededor, estaba en una habitación llena de mujeres en traje de baño que estaban tumbadas unas encima de otras drogadas. Estaban Idas y pérdidas en una nube de éxtasis, Tragué saliva y me percate que estaba encima de una silla ginecóloga.
— ¿Quién es ella? — escuché otra voz masculina y miré aun lado de mi llegar un hombre asiático, gordo bastante desagradable que hablaba muy bien el español, — Es bastante hermosa.
— Una virgen. — escuché decir a otro que no lograba ver.
— La venderemos costosa—. ¿Venderme?, Oh no... Lo supe.
Estos tipos eran traficantes de mujeres, las vendían seguro para prostituirlas. Mi padre me había hablado tanto de esto, me advertía siempre, era su única hija y hembra. En muchas conversaciones fue certero y frio, pero no menos sincero, debía salir de allí pero ¿Cómo?, no podía ni mover un musculo ¿Por qué a mí? ¿Quién tenía los cojones para hacer esto? ¿Dónde estaba Zahir?, dios...
Sentí un par de brazos tomarme y levantarme para colocarme al lado de una de aquellas tantas chicas, mi cuerpo estaba adormecido y aunque mi mente por momentos divagaba, estaba más consciente que muchas que estaban allí.
Por horas vi, como sacaban una por una a las chicas, escuchaba gritos, música, gemidos a aquella habitación llegaba sonidos de todo tipo.
— Oigan —. Escuché hablar a aquel moreno vestido de doctor, el que me había revisado. — ¿Y si mandamos a otra virgen y nos quedamos con la tatuada?— Al oír aquello, un escalofrió me recorrió el cuerpo, no...no — llevo horas viéndola y me tiene perturbado, la quiero — Dijo con capricho, Todo menos eso.
— Me gusta la idea, Pero es que con esas tetas y ese cuerpo son para correrse en ellos — Respondió el asiático, el tercer hombre había salido a llevar a otra chica, ambos se levantaron hacia mí. Ay dios, Todo menos eso. Menos así, sin poder tan siquiera alzar un brazo.
— Si me tocan, juro por dios que los mataré. — susurré bajo cuando sentí sus manos llegar a mí. Aquellas manos se volvían tentáculos que sentía por todos lados empecé a patalear, bueno lo que mi mente daba a suponer, lanzar golpes o eso creía hacer, sentí un calor en la boca y otra en la quijada, como me aruñaban el cuerpo para quitarme aquel traje de baño.
— ¡Basta! — Escuché un grito, era el tercer hombre que acababa de llegar intentando quitármelos de encima pero estaban demasiado cegados de lujuria, de deseo. Un sonido de arma los detuvo el traqueo de la misma, rodee en el piso buscando apoyo de una pared hasta lograr sentarme. — pero, ¿Que carajos les pasa?
— Vamos, mírala dejemos esta para nosotros — Sentí repulsión cada vez que los oía hablar.
— Ya la compraron imbéciles y la han dejado moreteada, ¡Carajo! — Se quejó aquel tipejo.
—Devuelve la compra y ya.
— La compró el Sultán, el rey demonio. — Luego que aquel hombre musito aquel extraño nombre se hizo un silencio sepulcral, para observar aquellos tres mirarme. Cinco minutos después, aquellos tres tironeaban de mí para ponerme de nuevo aquel traje de baño. Sentía como me zarandeaban vi que alcanzaron un polvo compacto, para echarme en el rostro y otras partes del cuerpo quizás tapando o intentando tapar aquellos moratones que se estaba empezando a notar seguramente.
Me levantaron y sacaron por un pasillo en mis lapsus mentales, que se iba y venía la luz, veía habitaciones entreabiertas donde habían chicas jóvenes, adultas y hasta niñas con hombres, eran prostitutas, estaban aún más drogadas que yo. Ni siquiera podía sentir miedo, adrenalina, dolor, o angustia, aquello que me habían inyectado me había adormecido hasta las sensaciones y emociones ¿A donde iría ahora?
Maldita sea. Me llevaron hasta un salón donde había un hombre de espaldas, acompañados de tres trogloditas que desviaron la vista al verme. Estaba tan adormecida que mi vista caía al suelo.
— ¿Cuánto pago por ella? — Escuché cuchichear a uno de aquellos canallas con el otro, estaba muy cerca de ellos así que podía oírlos, ¿pero quién me compraría?
— 3000 millones de dólares. — J...O...D...E...R. Tragué saliva. Esa era una cifra magníficamente inmensa, Pero ¿Dónde estaba metida?
— Señor —. Llamó uno de ellos, — Aquí está la virgen.
Maldita sea estaba tan humillada, tan maltratada, tan drogada que ni quise, ni pude levantar la vista para ver aquel desconocido comprador. Primero me había vendido mi propio padre, ahora estos hijos de...
— Tiene moretones. — vi aquellos tres tensarse al oír la voz de unos de los guardaespaldas, como si aquellos hombres no merecieran que el tal sultán tan siquiera volteara a verlos o hablarles. — La tocaron.
— Es virgen. — Rechinó uno de los tres, — solo que tuvimos unos inconvenientes para mantenerla tranquila.
— Dices que una mujer drogada con una inyección de...
—Dos.
— ¿Que?
— Dos inyecciones.
—Joder. — rechinó aquel guardaespaldas, — Con dos inyecciones pudo con tres monstruos como ustedes, A ver—. Este dio un paso hacia mí, baje aún más el rostro mirando sus lustrados zapatos negros. — ¿Puedes hablar?— Sé que se dirigía a mí.
— Cuando mi esposo los encuentre, Todos se morirán —. Dije apenas en un susurro y sé que era así ellos pudieron oírme.
— Serás insolente. — me atajó uno de aquellos tres sucios.
— Así que cuando tu esposo nos encuentre, moriremos. — Todos escuchamos una voz profunda, a mí se me tensó cada musculo del cuerpo, como si la reacción que tuve al escuchar esa voz era más fuerte que la droga. — No es insolente, dice la verdad —. Esa jodida voz la reconocería donde fuera, Alce la vista para verlo voltearse jamás creí decir esto, pero nunca estuve más feliz de ver a Zahir— Que buena suerte que soy yo el esposo del que hablas. — En aquella sala se hizo un silencio monumental, yo no pude resistirlo más. Sentí que me soltaban y yo terminé entregándome a la oscuridad, a los brazos de Morfeo.
El rey demonio había venido por su mujer.
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Venus (COMPLETA)
RomanceSinopsis Un matrimonio negociado... Un hombre millonario, poderoso y peligroso... Un contrato de por vida... Una mujer de armas tomar... Con lo que Zahir Corvis, no contaba, era que su esposa Venus aparte de darle dolores de cabeza por sus actitudes...
