-¿A quien estás esperando?.-Stephanie se sentó frente a mi dejando caer sus piernas sobre el escritorio.
-Es un viejo amigo de papá, vendrá a darme unos resultados.-mentí. Diablos, sabia que mentir estaba mal, pero solo por esta vez creía qué era lo mejor.
-¿Resultados de qué?
-¡Señora preguntas! ¿por qué no va por unos cafés? Estoy muriendo de sueño y eso me ayudará a mantenerme despierta.-ella rió y asintió.
-Enseguida regreso.-se puso de pie y camino hasta la salida.
Pase mis manos por mi cabello y suspiré. Movía mis piernas repetidamente nerviosa, echaba un vistazo al reloj cada 15 segundos hasta que por fin la puerta sonó.
-Adelanté.-hablé lo suficientemente fuerte para que la persona detrás de la puerta escuchara.
-Buenas tardes señorita Mcbrien.-el doctor entró y le indique que tomará asiento.
-¿Tiene los resultados?.-pregunte y él asintió.
Sacó un sobre de su portafolio y comenzó a abrirlo. No sabía si era por los nervios pero veía sus movimientos en cámara lenta.
Se colocó sus lentes de contacto y echo un vistazo a la hoja entre sus dedos leyéndola detalladamente. Luego me miró.
-¿Y bien?
Mi corazón estaba totalmente acelerado y mis manos sudaban.
-Es positivo.
Cerré mis ojos al escucharlo. Arrebate el sobre de sus manos y lo leí yo misma. Tenía la absurda esperanza de qué el se hubiera equivocado al leer.
Pero no fue así.
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Sentía que estaba dentro del agua y cada palabra después de eso sonaba hueca y lejana, podía sentir mi corazón en mi garganta y el sudor frío recorrer mi frente.
Intenté ponerme de pie pero caí al suelo.
-¡Señorita Mcbrien! ¡Señorita despierte!.-sentí unas manos en mis muñecas pero no pude responder.
Seguido de eso escuche la voz de Stephanie y luche para abrir mis ojos pero no pude.