Capítulo 35

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Abrió los ojos y protestó con un gruñido cuando la luz del techo lo cegó. Apenas podía mover los músculos, solo respirar ya suponía un gran esfuerzo para él y dio gracias a que la máscara en su boca hacia más sencillo el trabajo. El incesante sonido de la máquina a la que estaba conectado se clavaba como calientes agujas en su cabeza y afuera un oscuro cielo sin estrellas, que daba la sensación de que no existía nada más allá de esa habitación, se alzaba.

Estaba aturdido, trató de recordar cómo había llegado hasta ahí pero le resultó imposible, todo era confuso y extraño, no podía pensar. Apretó los ojos, provocando una aguda punzada de dolor en la cabeza; estaba solo dentro de una habitación de blancas paredes.

Blancas como las nubes, como la ausencia y la soledad...una fría y angustiante soledad.

Algo faltaba, algo que inundó sus ojos de lágrimas y despertó en él aflicción y un imperioso deseo de gritar...si tan solo pudiera hacerlo, si tan solo pudiera descubrir que era lo que estaba pasando. Una lágrima, amarga, se deslizó por su comisura, sentía mucho dolor, no físico, dolía algo más, algo que no podía entender. Era esa ausencia.

Con mucho esfuerzo, consiguió mover una de sus manos y la posó sobre su vientre, entonces el terror envolvió su cuerpo y llenó de un frío vacío su alma. Sollozó. No estaba, él ya no estaba ahí...

Tsukishima cerró los ojos tratando de contener las lágrimas y permaneció en un silencio aterrador. Él estaba bien, tenía que estarlo ¿Dónde estaba su bebé? Necesitaba verlo y asegurarse de que así era. Tomó aire y trató de levantarse sin éxito, todo su cuerpo parecía atado a su sitio por dolorosos hilos invisibles, sin embargo eso poco importó; necesitaba salir de ahí. Estaba enloquecido, solo podía pensar en su hijo. Nada más importaba, tenía que encontrarlo. Así que tomó aire y se impulsó sobre los hombros ignorando el dolor que ese gesto provocó en su cuerpo y vientre.

Entonces, escuchó cómo se abría la puerta de la habitación y rápidamente dirigió su atención a la persona que ingresaba lentamente a través de ella, era Kenma; tenía un aspecto de completo cansancio, con grandes ojeras debajo de unos ojos ligeramente rojos e hinchados, el cabello despeinado y manchas de sangre ya seca en la ropa. No se veía muy bien, sin embargo no tenía tiempo para preocuparse por nada más. Su hijo, necesitaba saber sobre su niño.

— ¿Do...donde...? — trató de hablar pero su garganta se sentía seca y rasposa, dolía y tenía un ligero gusto a sangre en su boca. Sin embargo no se rindió — ¿Donde...? — tosió, no podía pronunciar más palabras que esas y era tan frustrante — ¿Donde...? ¿Dónde está...?

Kenma bajó la cabeza, negándose a mirarlo a los ojos como si el contacto visual supusiera una muy difícil tarea. Él no era así, algo andaba mal ¿Verdad? ¿Mitsuki estaba bien? Quería preguntarle, pero era tan difícil formular más de dos palabras sin que se le escapara el aliento.

— ¿Dónde está? — volvió a preguntar, está vez más alto y fuerte, pero no recibió respuesta alguna del menor ¿Por qué no le decía nada? No era una pregunta difícil, maldición. Lágrimas empañaron nuevamente sus ojos, no pudo detenerlas cuando la primera de deslizó — Hijo...

No funcionaba, sin respuesta. En su lugar se aproximó hacia él, le hizo recostarse sin ninguna dificultad y presionó un pequeño botón junto a la cama — Duerme...lo necesitas, perdiste mucha sangre.

CHOICES [Omegaverse] [Editado]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora