Capítulo 15

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Mantenía la vista fija en la pared, sus ojos carentes de vida no veían a ningún punto en específico, solo estaba ahí sentado derramando lágrimas ocasionales. El tiempo estaba suspendido, para él nada avanzaba, estaba atrapado en ese instante y en su dolor. Cada palabra suya, cada insulto estaba grabado en su mente, hacían eco y se burlaban de él y de su ingenuidad. Soñaba cada noche con ese momento, podía ver su mirada llena de odio cada vez que cerraba los ojos y escuchar su voz llena de desprecio y rechazo.

Sollozo. Era tan difícil, doloroso, desgarrador y sentía que le laceraba el corazón, algo en él había muerto y desaparecido y el vacío que dejó lo invitaba a la desesperación, estaba enloqueciendo de dolor. Pero no tenía pensado olvidar aquellas palabras ni los sentimientos que estaba experimentando, los recordaría siempre...tal vez así podría transformar aquel sentimiento de amor que aún vivía en su interior en odio, porque de otro modo no sabría cómo continuar.

Limpió sus lágrimas con el dorso de sus manos y frotó sus ojos con insistencia, por mucho que deseara seguir hundiéndose en su dolor, necesitaba volver en sí y pensar que era lo que haría a partir de ahora.

Le asustaba el futuro, no sabía que iba a pasar con él ahora que Kuroo ya no lo quería; esa incertidumbre era un tormento. Pensó en miles de posibilidades y todas ellas traían consigo consecuencias desastrosas que destrozaban su ya casi muerta esperanza. Ante los ojos del moreno era un traidor, podría hacer cualquier cosa con él; torturarlo hasta estar satisfecho o simplemente matarlo y terminar de una vez con todo. No era tonto, sabía cómo las personas como él hacían las cosas, escuchaba a sus hombres murmurar y presumir todo el tiempo sobre lo cruel que era su amo.

¿Podría escapar si lo intentaba? Imposible. Su habitación se encontraba en la parte más alta del edificio y la puerta estaba siendo custodiada por un hombre las veinticuatro horas. Nadie le ayudaría, las enfermeras no hablaban con él y se limitan a hacer su trabajo en silencio. Estaba atrapado y a la espera de lo que sabía sería un terrible destino.

Sólo quería volver a casa, se sentía débil, no tenía la energía suficiente para fingir que era fuerte, estaba cansado y quería que su hermano lo abrazara y le dijera que todo estaría bien como hacia cuando era pequeño y estaba asustado de alguna tormenta o de la oscuridad, pero ahora era un sueño difícil de conseguir. Lejano e imposible.

Fue un tonto, debió haberse marchado cuando la oportunidad se le presentó; de ese modo no lo habría amado como lo había hecho, como aún lo hacía, y se habría evitado el inmenso dolor de esa ilusión rota.

— Las enfermeras dicen que te niegas a comer ¿Por qué?

Sus ojos se movieron hacia el dueño de la voz, sin embargo su cuerpo se mantuvo estático y sin cambios; Ushijima estuvo yendo a verlo desde el día en que habló con Kuroo; haciendo pregunta tras pregunta sin detenerse un maldito segundo. Atormentándolo con su presencia, estaba cansado de él, estaba cansado de todo, quería que lo dejaran hundirse en su soledad con tranquilidad.

— ¿Te importa? — La razón era simple, la comida del hospital le producía náuseas, era tan insípida y desagradable que tan solo su olor era suficiente para revolverle el estómago. Pero no tenía por qué decírselo, no quería hablar con ese hombre.

— No me sirves enfermo — se acercó a él y le tomó de la barbilla forzando su mirada, sus dedos en su piel eran fríos, y luego, muy despacio, se inclinó hacia él — Si te niegas a comer voy a hacer que te obliguen a hacerlo, conozco muchos métodos ¿Quieres arriesgarte a que los use contigo? — su voz fue fría, la amenaza estaba ahí y quería golpearlo como el cruel invierno, pero Kei no sintió nada. Ya no podía sentir.

CHOICES [Omegaverse] [Editado]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora