Al llegar a casa seguía teniendo la mitad derecha del rostro rojo y ardía un poco, lo cual no me importo mucho a decir verdad. Una vez me había roto dos dedos del pie izquierdo cuando el incompetente de mi compañero de ballet me habia dejado caer en la mitad de una presentación, pero eso hizo que dijera el insufrible deporte, así que no me queje mucho en su tiempo. También ver al chico de trece años llorando tanto hizo que me compadeciera un poco.
—Hola, Ro —saludo Tony, mi hermano, asomándose por la puesta de la cocina.
—¿Tony? —no perdí tiempo al lanzarme sobre él. ¿Qué demonios hacia aquí? ¡A quién le importa!, no lo veía hace como un año, y lo extrañaba un montón. Él me devolvió el abrazo hasta que los dos nos sacamos el aire y después me alejo un poco para verme.
—¿Te peleaste con alguien o qué te pasó en la cara? —preguntó abriendo los ojos sorprendido.
—Deberías ver cómo quedó el otro —dije con una sonrisa socarrona y me encogí de hombros—, fue solo un accidente en la clase de deporte, no fue nada.
Tony me pasó una compresa fría del congelador y me la puse en la cara.
—¿Qué haces aquí?, se supone que deberías estar con mamá —dije. Eso era parte del acuerdo de custodia. Tony vivía con mamá en Inglaterra, y en vacaciones venía conmigo y papá. El acuerdo no me cubría a mí, así que mi custodia era solo de papá.
—Mamá está en un crucero por las Bahamas con Bob —hizo una mueca de disgusto y tomó un largo sorbo de su refresco. A Tony no le agradaba nada de nada el nuevo esposo de mamá, yo no lo conocía, no en persona, así que me era bastante indiferente, igual que mamá a decir verdad. Bob era un empresario adinerado de numerosas empresas y cadenas de hoteles que nunca había visitado y nombres no recuerdo.
—¿Qué tal las prácticas? —pregunte sentándome en una de las sillas altas de la cocina. Tony estudiaba medicina, y estaba en sus prácticas a lo Anatomia según Grey, solo que en un hospital universitario en Londres, sin doctores tan guapos. —¿Ya decidiste la especialización?
Él volvió a hacer la mueca de desagrado y yo me reí bajito. Tony no había cambiado nada en el tiempo que estuvo fuera, seguía siendo la viva imagen de mi padre, con cabello castaño oscuro y mismas expresiones faciales. Las cejas rectas y gruesas, y las arrugas que se formaban alrededor de los ojos por tanto sonreír, sumando la barba de unos días sin afeitar y los ojos verdes que compartimos los tres.
La puerta de entrada se abrió y papá y el tío Hal entraron con bolsas de compras. Papá llevaba su uniforme del ejército, como siempre, y el tío Hal llevaba su habitual camisa blanca, suéter con rombos y pantalón de color tierra. Eran los polos opuestos, en todo sentido, pero hacían un gran equipo.
—Anthony, ven a ayudar con las compras —lo llamó papá.
Él se levantó del taburete en donde estaba sentado en la cocina y fue a la puerta de entrada, conmigo detrás.
Me senté en el sofá frente a la televisión y como de costumbre, el canal de noticias estaba en curso. Cuando estaba a punto de cambiar el canal, en la pantalla se anunciaba «LO ÚLTIMO EN NOTICIAS».
—El gobierno no ha establecido comunicación alguna con estos seres y tal parece que ellos tampoco están dispuestos a establecerla con nosotros —dijo la periodista tratando de disimular el nerviosismo en ella —. Se han presenciado avistamientos de naves pequeñas y una mucho más grande que se ha identificado como la Nave Nodriza. El presidente anunció al país que dichos visitantes por el momento se han visto sin ninguna intención de atacar.
La imagen del presidente hablando frente a la Casa Blanca apareció en la pantalla.
— No podemos determinar las intenciones de estos seres, pero por el momento no se han presentado ningún movimiento de los visitantes. La ONU ha decidido por el momento no hacer nada hasta que no se determinen las intenciones de dichos seres —anunció el presidente, frente de un mar de periodistas.
Se vio un video tomado por alguna persona. Se veía una nave gigante de color negro amoratado, probablemente de dos o tres pisos de altura y del centro había una esfera de luz azul.
Se me erizó el vello del cuerpo. La nave estaba encima del Empire State y como formando un triángulo de defensa, tres naves más pequeñas estaban a su alrededor. ¿No todas las películas de terror comienzan así? La imagen de la periodista volvió a verse más pálida que en la toma anterior.
—Se nos insiste que no entremos en pánico —anunció, aunque fue obvio como trago en seco para mantener su voz estable —, las jornadas de estudio y laborales seguirán igual hasta nuevo aviso. La ONU ha anunciado un toque de queda mundial a partir de las ocho de la noche, se cancelará todo vuelo...
La pantalla se apagó.
—Estaba viendo eso —protesté.
—No hay nada que ver —dijo con voz firme mi padre —. Ya escuchaste al presidente, no se ha presentado ningún movimiento de los seres.
—Sabes algo, ¿verdad? —claro que él sabía algo, él siempre sabe todo.
—No sé de qué estás hablando —juntó las cejas. Era un muy buen mentiroso, pero él me enseñó a ser un excelente detector de mentiras.
Cuando mentía o escondía algo importante apretaba la mandíbula o juntaba las cejas y cruzaba los brazos. Pareciera estar firme, pero cuando sus orejas se encendían en rojo su mentira se caía.
—¿Por qué no quieres que vea las noticias? —empecé mi interrogatorio, o más bien mis preguntas para irritarlo.
—Son tonterías —respondió él sin más.
—Es uno de los noticieros más importantes del país.
—Tratan de asustar a las personas.
—Viste el vídeo —me puse de pie imitando su postura —, creo que las personas ya están asustadas.
—No han hecho nada aún, no le pongas mucha importancia —ahí estaba, ese "aún" revelaba tantas cosas. Revelaba desde un tiempo límite, una advertencia. O simplemente la angustia de no saber qué quieren para que se larguen de una buena vez.
—¿Aún? —se me estaba formando un nudo en la garganta.
Papá pareció caer en cuenta de lo que dijo. Me tomó del brazo y me llevó a la cocina.
—Escucha, Robin, estos seres, estos "visitantes" como los llaman los medios —dijo en un murmullo para que solo yo pudiera escuchar —no vienen aquí solo para disfrutar del sol y la playa. No sabemos qué quieren, pero mientras tanto nosotros estaremos preparados, ¿bien? Tarde o temprano se irán, pero por ahora es mejor no sembrar el pánico y mucho menos bajar la guardia. Pero está claro que ellos nos ven como un lindo conejito el cual pueden cazar con facilidad. Y nosotros no pensamos caer sin dar pelea. Toda va a estar bien.
Me dio un abrazó y besó mi coronilla. No volvió a tocar el tema. Tal vez para no asustarme, o por el trabajo, lo que era más probable. No me importó, eso me repetía una y otra vez. De todas formas, todos hablaban después de un tiempo.
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Atenea
Science-FictionSeñales en el cielo. Los días se acortan. La gripe Negra. Larvas que invaden los cuerpos. Cortaron todo contacto. Silencio eterno. Las luces tratan de decirme algo. Quien haya creído que los extraterrestres eran buenos, que se ponían capas y volaban...
