Me niego rotundamente a creer que tuve un ataque de pánico frente a Kyllian. Se supone que soy de titanio, inquebrantable, como el maldito vidrio del supermercado. ¡Y me quebré delante de él como un maldito mazapán!
La parte buena es que por la vaciada de municiones que le dio el medio-muerto n. 2 al vidrio, aunque ilógico, logró agrietarlo un poco. Antes de intentar cualquier cosa, me dije a mi misma «No se te ocurra volver a golpear al vidrio y mucho menos gastar tus municiones en esto. Hay demasiados lunáticos sueltos allá afuera como para gastar balas en esto». Pensé que sería bastante razonable buscar otra cosa que fuese de ayuda. Entre más rápido salgamos de aquí, mejor.
Al parecer a Kyllian le pareció mejor la idea de disparar al vidrio y terminar de romperlo. Disparó una, dos, tres veces, sin vacilar ni pestañear hasta vaciar su cartucho, después el vidrio se agrietó todo. Lo miré y me devolvió la mirada, sonrió, aunque pareció más una mueca de disculpa. Sabía lo que pensaba y no compartía esa idea en lo absoluto.
—Ni siquiera lo pienses –lo amenacé pero a él le resbaló como mantequilla. Tomó impulso y corrió cubriendo la cabeza con sus brazos y terminando de partir el vidrio con su cuerpo. Primero los pies rompieron el cristal y los fragmentos volaron por todos lados y él aterrizó sin gracia en el suelo donde rodó hasta quedar a unos metros de la puerta. Ahogué un grito al verlo — ¡¿Estás demente?! –le grité corriendo hasta él.
¿Qué diablos Robin?, ¡Disimula que te encanta!
Me arrodillé al lado de él ignorando completamente si los vidrios me cortaban, la verdad no me importaba. Él gemía y se retorcía de dolor a mi lado con la espalda en el suelo. Le quité los rizos de su frente y los fragmentos de vidrio de su cabello. Diablos, se veía tan bien, aunque su camisa azul oscuro esté descolorida y sucia, sus vaqueros estén gastados y rotos, su cazadora negra esté descosida. Su rostro se hubiera cortado con los vidrios y su cabello estaba hecho una etcétera, él hacía que mis ojos lo vieran como un helado en un día soleado. Estaba perfecto.
Deje los pensamientos de lado, el chico acaba de atravesar con su cuerpo un vidrio gruesísimo ¡Robin, focus! Tenía un corte en la mejilla y un golpe arriba de la sien, pegado al nacimiento del cabello. Mi mente discutió con mi boca para no hacer la estúpida pregunta de: ¿Estás bien? Porque, era obvio, ¡no lo estaba!
—Quería salir de ahí –tosió y luego sonrió –Y lo hice.
—Había maneras más inteligentes que solo utilizare para romper el vidrio —pasé mi pulgar por debajo de su cortada para quitar la sangre que se escurría.
—Algo me daba la impresión de que no querías pasar más tiempo encerrada ahí —dijo todavía sonriendo y arrugó la nariz en un gesto de dolor. Decidí ignorar lo que dijo y seguí revisando como novia preocupada si tenía otro corte o moretón... ¿Acabo de decir "novia preocupada"? Dios, la falta de normalidad me está afectando.
—Fuiste impulsivo –le reproché —Si el vidrio no se hubiera roto, seguiríamos encerrados y tendrías una costilla rota —Me resistí a la idea de revistar si de verdad tenía una costilla rota bajo la camisa.
— Estoy bien —aseguró, tratando de levantarse, pero volvió a tender la espalda en el pavimento y puso las manos en su rostro silenciando una maldición de dolor.
— Algo me da la impresión de que no lo estás —repetí sus palabras, sonriendo de forma irónica.
— Solo fue un mareo —indicó restándole importancia. Por supuesto que no me lo creí, ¿Quién pensaba que era? Nací de noche, no anoche. Crecí en una casa con tres hombres, conozco cada artimaña que decían. También sé lo orgulloso que puede llegar a ser.
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Atenea
Science FictionSeñales en el cielo. Los días se acortan. La gripe Negra. Larvas que invaden los cuerpos. Cortaron todo contacto. Silencio eterno. Las luces tratan de decirme algo. Quien haya creído que los extraterrestres eran buenos, que se ponían capas y volaban...
