De todas las cosas que pensé necesarias para cuando saliera de casa porque unos extraterrestres invaden el planeta, en ningún momento cruzó por mi cabeza que era necesario un repelente contra mosquitos. ¡Un maldito repelente! ¡Los insectos me estaban drenando la sangre! Nunca fui muy amante de dormir en la grama mojada rodeada de la naturaleza. Es bonito, sí, los árboles, las estrellas y todo eso, pero ¿Qué demonios estaba pensando el idiota que se le ocurrió que era divertido dormir a la intemperie?
Estaba vagando por el bosque, con dos perros durante más de tres semanas tratando de ubicarme con un mapa que había sacado de una biblioteca pública, lo que, aunque no lo crean, es mucho más difícil de lo que se veía en las películas. Tal vez era por el hecho de que no estaba en una calle o avenida transitada sino en una masa espesa de bosque. Si papá siguiera vivo seguramente estuviera avergonzado de mi torpeza. Para mi defensa, había dejado la zona segura de mi ciudad natal atrás hace días, y era mucho más difícil perderse en un lugar que desconocías. ¡Y más si todos los árboles eran malditamente iguales!
Después de ver el mismo árbol con la marca que le hice hace unas tres horas atrás, me rendí. Me senté en una roca y tomé agua. Era ridícula la manera tan mala de ubicarme que tenía. Me obligue a tomar otra vez el mapa y tratar de encontrar en donde estaba parada... o sentada. Extendí el mapa en el suelo de tierra y busqué el punto en donde debía estar mi casa. Tomé un bolígrafo que nunca sacaba de mi mochila y lo marqué. Seguí con mi dedo el supuesto camino que tuve que tomar para llegar al bosque, teniendo en cuenta la velocidad de mis pasos y cuánto tiempo iba caminando, junto a la referencia del cartel de "VUELVA PRONTO, CONDUZCA CON CUIDADO", estaba en algún punto que no podía identificar en el mapa. ¡Genial!
Levanté la vista cuando escuché a mi perro gruñir. Estaba en posición dispuesto a saltar y morder a quien se acercara. Instintivamente puse una mano en la pistola de mi cinturón. No fue hasta que escuché una ramita romperse, que la desenfundé y le quité el seguro al arma. Esperé lo peor.
Un chico salió de la maleza del bosque. Con el cabello de unos tonos más claros que el mío, ojos pardos muy claros y pecas sobre la nariz. Tenía el cabello revuelto y la cara cortada por las ramas bajas. Su ropa tampoco se salvaba de ser un desastre de mugre y cortés, estando un poco manchada de sangre en algunas partes. Levantó la vista y se paralizó un segundo, el miedo evidente en sus ojos agrandados, pero luego sacó algo de la parte trasera del pantalón y me apuntó a mí. Mi perro a mi lado empezó a gruñir más fuerte.
— ¿Estás bromeando? —bajé mi arma después de analizarlo de pies a cabeza — ¿Me estás apuntando con un taser?
— Tú me apuntaste con una pistola primero —reclamó alarmado, todavía sin bajar el taser.
— Baja eso —dije sazonando mis palabras con diversión y guardando mi arma otra vez en mi cinturón —, te vas a lastimar.
—Sé cómo funciona esto —aseguró, todavía muy tenso, desviando la mirada a mi perro.
— Lo tienes al revés —coloqué mis manos sobre mis caderas y lo miré con diversión.
Él vio que tenía razón y bajó el taser. Trato de acercarse, pero mi perro se lo comía con la mirada y enseñando los dientes y el extraño retrocedió.
—¿Puedes decirle a tu perro que deje de gruñir? –preguntó.
— ¿Por qué haría eso? –dije con una sonrisa —¿Te da miedo?
— Que me salte encima y me muerda la cara, sí.
Miré al golden y le ordené que se fuera. El animal le lanzó una última mirada de desprecio al chico y se echó en un árbol cercano. Yo volví a lo mío, tratando de descifrar dónde estaba.
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Atenea
Science FictionSeñales en el cielo. Los días se acortan. La gripe Negra. Larvas que invaden los cuerpos. Cortaron todo contacto. Silencio eterno. Las luces tratan de decirme algo. Quien haya creído que los extraterrestres eran buenos, que se ponían capas y volaban...
