Esa noche no dormí.
Tenía insomnio. Sumando que no quería entrar a la habitación con cama doble, en donde me habían forzado a pasar la noche con Kyllian después de la horrible conversación de los chupones. Las imágenes de lo que pasó en la tarde con el lunático tampoco ayudaban a poder dormir.
Aprovechando la falta de sueño, la energía de sobra y las películas en DVD que tenía la familia y empecé a ver algunas con el volumen bajo. No pude evitar pensar en que si nada de esto estuviera pasando, con Tony hubiéramos hecho un maratón de alguna serie que nos gustara, tal vez The Mentalist, por quinta vez. Él, aunque se durmiera, hacía todo lo posible para quedarse conmigo en mis ataques de insomnio. Desde que tengo memoria los tengo, y solo mi familia y Scar lo sabían. No es algo precisamente de lo que me gustaría presumir.
Las películas eran antiguas, no tanto como para que se vieran en blanco y negro, pero eran antiguas (El Padrino, Grase, Desayuno con Diamantes...) Me gustaba el cine antiguo, me parece fascinante cómo ha mejorado todo desde los sesenta. Mi estómago empezó a gruñir exigiendo alimento alrededor de las dos y media de la madrugada. Me había preparado un tazón de palomitas de maíz que me había encontrado en los gabinetes y seguí viendo las películas.
Un golpe en la ventana me distrajo. Parecía una roca pequeña impactando contra el vidrio. Todas las ventanas estaban cubiertas por las cortinas gruesas de la casa. Y tras los grandes pedazos de tela gruesa las ventanas estaban cerradas y aseguradas. Una ráfaga de viento hizo que una cortina se levantara. ¿Cómo se había abierto la ventana?
Mi corazón se saltó un latido. El aire helado me mordió la nuca. Sentí como si un alfiler hubiera hecho estallar el aire de mis pulmones. Caminé temblando hasta la ventana y la cerré volviendo a ponerle el seguro. El ruido de la roca pequeña ahora parecía el tintinear de una moneda contra el vidrio, constante e insistente.
Se me heló la sangre cuando vi una sombra por el rabillo del ojo. Tomé lo más cercano que tenía para defenderme y me volteé. Kyllian estaba a unos pasos de mí, con los ojos abiertos, las palmas abiertas y los brazos extendidos hacia mí. El golpe parecido al de una moneda no cesaba.
—¿Qué haces despierta? —me había dado un susto de muerte.
—No podía dormir —dije frunciendo el ceño, bajé el florero vacío que había agarrado antes— , ¿tú que hacer despierto?
—Como no habías subido, yo vine... a buscarte —dijo bajo.
Me di cuenta que repetía un patrón, el mismo patrón que en la fiesta de Jacob.
— ¿No escuchas eso? –pregunté.
—¿Qué cosa? –preguntó acercándose despacio.
No había notado que temblaba hasta que sentí las piernas fallarme pero me mantuve en pie. Miré por última vez la ventana detrás de mí. Como si nunca nada hubiera pasado. Sentía el aliento de algo acariciarme la oreja. Susurrando lo mismo una y otra vez "despierta, Robin", sonaba casi como una súplica. Sonaba en mi cabeza como una ópera terrorífica.
Enderecé mi espalda y encare a las tres personas detrás de mí. El florero de porcelana que había tomado para defenderme, se deslizó en mis dedos al ver detrás de Kyllian. La silueta negra, aunque sin ojos visibles, me traspasaba con la mirada. Era mucho más alto que Kyllian, y él era muy alto. Tenía los hombros anchos y las extremidades largas. No quería parpadear, sabía que se iría cuando lo hiciera. Los ojos me empezaron a arder exigiendo cerrarlos, pero no quería hacerlo. No podía.
—Robbie —dijo suave Gio. Cuando intercalé la mirada para verla, la silueta desapareció, como si nunca hubiera estado ahí. Como si no existiera. La habitación se oscureció y sentí que dejó de llegar oxígeno a mi ser — ¿Estás bien?
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Atenea
Fiksi IlmiahSeñales en el cielo. Los días se acortan. La gripe Negra. Larvas que invaden los cuerpos. Cortaron todo contacto. Silencio eterno. Las luces tratan de decirme algo. Quien haya creído que los extraterrestres eran buenos, que se ponían capas y volaban...
