Se quitó la chaqueta y la tiró al suelo en cuanto entró corriendo al recibidor del apartamento.
No podía más. Tenía que decírselo. Si no podría explotar. Llevaba un tiempo pensando en la idea, que al principio le pareció una locura de la que ella se reiría. Total, había pasado muy poco tiempo.
Pero para él casi dos años no le pareció "poco tiempo".
Se paró en la puerta del pulcro salón, jadeando de lo emocionado que estaba. Respiró hondo y miró a su alrededor. Vacío. Tal y como esperaba.
Salió de la puerta y volvió su mirada hacia el otro pasillo. Igual de vacío y algo oscuro por la temprana hora.
Pensó una vez más. No.
No tenía sentido seguir pensando. Se lo diría. Con dolor o sin dolor. Pero tenía que soltarlo. Pronunciar esa frase en voz alta tantas veces como la había repasado en su cabeza.
-¿Rachel? - se acercó a la puerta con paso normal. Notando como el nerviosismo se iba apoderando de él.
-Rachel/Damian - una delicada voz se alzó desde el pasillo al mismo tiempo en el que él repetía el nombre.
Arqueó una ceja. Había pensado que a estas horas ella seguiría dormida.
-¿Qué haces levantada? - apartó su principal idea concentrándose en ella.
-Lo mismo podría preguntarte a tí - sonrió explícita al notar su constante preocupación.
-Había salido a pasear - aclaró él sin poder dejar de sonreír ante la divertida escena en el pasillo.
La poca luz del amanecer que se colaba por el pasillo dejaba traspasar la bata de fina tela morada que vestía. Y la luz chocaba justo tras ella, haciéndole parecer salida de una película de fantasía. Al menos eso es lo que pensaba él cuando la veía.
-¿A las cuatro de la mañana?
-Sí. Es que... necesitaba pensar.
-Te noto afligido. ¿Te ocurre algo? -se acercó a él aún con los brazos cruzados debido al frío del apartamento.
Sacudió la cabeza ampliando su sonrisa.
-Necesito preguntarte algo - la frase se le escapó de los labios. Incluso él parecía más sorprendido que ella.
Rachel abrió los ojos y se puso a unos centímetros de él. Lo miró a los ojos. Algo ahora costoso, ya que los años le habían arrebatado el mofarse de que ella era más alta. Ahora unos dos centímetros más baja.
-Yo también.
Damian la miró confundida.
-¿Es malo? - pensó en voz alta.
Ella solo sacudió la cabeza sonriendo.
-No. Tranquilo - él dejó escapar un suspiro de alivio exagerado que a ella le hizo gracia. Casi nunca lo pillaba de tan buen humor.
Rachel sabía que no era malo lo que tenía que preguntarle, ya que claramente el lucía feliz y algo nervioso, así que no se molestó en asegurarse.
-¿Quién primero? - murmuró el asesino.
-¿Que tal los dos a la vez? - sugirió la medio demonio.
-Está bien. Uno, dos y...
-¡Quiero un hijo! - exclamaron al unísono mirando atónitos la cara del otro por lo que acababan de escuchar.
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PÁGINAS CORTAS
FanfictionPequeñas historias que algún día se olvidaron en mi cabeza One shots Damirae
