Narra Layla
Sarah abandona el lugar mientras su madre la sigue con lágrimas en los ojos. Todos se encuentran mirándome como si no pudieran creer lo que acabo de hacer. Se lo que están pensando, que soy cruel y egoísta por haberle dicho a Sarah la verdad de la peor manera posible, y quizás era verdad, pero no me importaba ni un poco. ¿Por qué habría de pensar en ella cuando nadie pensó en mí? Si la vida no sería justa conmigo, tampoco lo sería con ella.
Enseguida coloco una sonrisa de satisfacción sobre mis labios mientras enfrentó la mirada de mi padre. No siento arrepentimiento alguno y no temía demostrarlo. Sus amplios ojos se fijaron en los míos. Ojos en los que una vez confié, la única mirada con la que estaba familiarizada. Ahora esos ojos se encontraban llenos de odio y furia. Todavía no podía comprender como habíamos llegado a esta situación, como había sido capaz de hacerme tanto daño pretendiendo que me protegía cuando solo me manipulaba para su conveniencia. Si yo no hubiera buscado la verdad por mis propios medios, el jamás me la hubiera dicho. Saber que estaba dispuesto a continuar con todas sus mentiras era lo que jamás me permitiría perdonarlo.
—¿Estas contenta con lo que has hecho? —Sonreí con arrogancia ante la irritación de su tono.
—Si te soy sincera, estoy segura de que pude haberlo hecho mucho peor. —Aseguro enfrentándolo con toda la furia acumulándose dentro de mí.
—¿Así que de eso se trata? ¿Venganza? —Dice como si intentara descifrarme. Su actitud tan cínica me saco de mis casillas.
—¡Todo este tiempo me hiciste creer que mi madre nos abandonó cuando fuiste tu quien la alejo de mi! —La ira se apoderó de mí, clavándome sus garras sin querer irse.
—En su momento creí que era lo mejor para la familia. —Dice justificándose con esa excusa inservible.
—Eso es solamente otra de tus mentiras. No tienes límites, jamás los tuviste. No te importo hacerme daño con tal de que jamás descubriera la verdad. —La ira se mezcló con dolor mi voz.
—No quería perderte, Layla. No querías que pensaras... —Lo interrumpo.
—¿Que destruiste a nuestra familia? ¿Que gracias a ti una parte de mi vida quedó incompleta? Eso no es ni la mitad de lo que pienso sobre ti. —Mis palabras salían de un lugar lleno de resentimiento, por más que quisiera era Incapaz de detenerlas.
—Cometí errores pero desde tu nacimiento me asegure de que no te faltara nada, y siempre ha sido así. —No sé si lamentaba haberme mentido o que haya descubierto la verdad. Ya nada de eso importaba más. No hay nada que pudiera hacer para revertirlo.
—Lo hubiera cambiando todo con tal de tener a mi mamá. —Lo mire fijamente antes de continuar con mis siguientes palabras. Un nudo se formó en mi garganta mientras las lágrimas amenazaban con avecinarse. —Créeme que maldigo el día en que la vida decidió ponerte como mi padre.
Él retrocede, como si no pudiera ser capaz de procesar lo que he dicho. En el momento en que esas palabras salieron de mi boca, supe que no había marcha atrás. Jamás volveríamos a ser los de antes después de esto. Nada me lastimaba más en el mundo que hacerle daño a la persona que más quiero, a mi única familia. Lo conocía mejor que cualquiera, en cuanto vi sus ojos, supe que había dado en el blanco, ambos compartíamos el mismo dolor. Cuando su mirada me enfrenta nuevamente, puedo ver cómo sus ojos se cristalizan y su rostro se endurece tratando de borrar cualquier tipo de sentimiento. Cuando se trataba de dolor, no podíamos ser más parecidos.
—No quiero que te acerques a Sarah y mucho menos a la casa. —Advierte mientras una lágrima se escapa por su mejilla. Enseguida la limpia y me devuelve esa mirada llena de furia. —Tu actitud solo me confirma que lo mejor es mantener distancia.
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MI GUARDAESPALDAS
RomanceLayla Jones no solo es una chica rica de Los Angeles, también es la hija de uno de los empresarios más famosos y poderosos del país. Después del atentado sucedido en su cumpleaños, su padre sabe que Layla corre grave peligro y el único indicado para...
