Capítulo 3. Realidades

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AVRIL

Mis manos reaccionan enseguida, agarro mi bolso y quiero salir de aquí cuanto antes.

—¿Qué haces? —pregunta Mía.

—Max... Estaba por ir a casa —respondo a mi hermano sin el haberme preguntado.

—No. Tú te quedas —interviene ella.

—Yo...

—Llamaré un taxi para que vayas a casa, Avril.

—¿Qué es lo que te pasa, idiota?

Max se detiene ante el insulto, su sonrisa en medio del rostro, demostrando que no le teme a nada ni a nadie.

—No es tu asunto, preciosa.

—¿Preciosa? ¿De verdad eres tan actual como para decir preciosa?

—Creo que debemos calmarnos. Estamos armando un escándalo cuando no hay un problema —razona Adam.

—Avril te vas a casa.

—No. Avril te quedas. Yo te llevaré si es necesario.

Mis ojos se desvían por el lugar, sintiéndome mal por todo lo sucedido. Bajo mi cabeza y camino hacia Mía.

—Fue un gusto.

—Vamos entonces, no pagues ningún taxi. Iremos a dejarte.

—No quiero problemas con mis padres.

—No los tendrás. Vamos, Adam, que por cierto es mi hermano. —Max enseguida me mira y su enojo baja.

>>Vamos. —La castaña jala mi mano y salimos de ahí, pero yo no dejo de ver hacia atrás en busca de Max. ¡Estará enojadísimo!

—Avril no te sientas mal. No es normal que te trate así.

—Solo me cuida.

—Y no está bien que lo justifiques.

Mía me lleva con ella, su hermano me sede el asiento delantero, las dos conversamos por largos minutos, mis ojos se desvían a Adam desde su asiento trasero con auriculares en sus odios.

—Adam es así. Siempre está en su mundo, pero es el hombre más tierno del mundo.

Sonrío levemente y agarro un mechón de mi cabello, yo siempre estoy perdida en mi mundo también, solo que en él imagino no tener tanta sobreprotección en mi familia.

ALEXIA

Bajo las escaleras corriendo, mi cola de caballo rebota en cada paso. Los canceles de las chicas están vacíos; mejor para mí. Agarro el mío y dejo mis cosas ahí mientras quito mi sudadera, amarro mis zapatos deportivos y corro hacia el saco de box.

Antes de empezar caliento tal y como mi padre me enseñó, después de treinta minutos agarro mis guantes y golpeo fuerte.

Un. Dos. Uno.

Un. Dos. Uno.

Mantengo ese ritmo, mis ojos centrados en mis movimientos. La fuerza de cada golpe es preciso, debes visualizar todo. Las palabras de mi padre son eco en mi cabeza.

Cansada y rendida termino de entrenar con mi cuerpo extremadamente sudoroso. Levanto mi brazo y puedo notar el firme músculo ahí.

Busco las duchas y alisto mi ropa. El calor me invade cuando abro el agua, regulo la ducha y enjuago cada parte de mi anatomía. Cierro la llave y al escuchar una ronca risa me asusto, agradezco que al menos el lugar sea tapado, bueno, no mucho tomando en cuenta que apenas y cubren mis pechos y piernas, solo si alguien es alto podría verme... mucho.

—¿Quién?

—¿Gastando al agua de quienes pagamos la Universidad, becada?

Agrando mis ojos, mi mano tiembla de ira.

—¡Vete de aquí! ¡Es el baño de chicas!

—No, mejor me quedo aquí. Aunque no hay mucho que ver si te soy sincero.

—¡Déjame en paz!

—Nah, me gusta verte así.

—Le diré a tu hermana.

—¿En serio? ¿ A mi hermana? ¿Nada mejo, becada?

—Solo vete —hablo casi en el llanto. ¡Maldición! ¿Por qué cuando tengo iras las lágrimas salen?

—Como sea, me llevaré está cosa. Muy inusual... — levanto mi vista, el señala mi ropa interior. Mis cacheteros, ¡Dios mío! No soy una chica de lencería sexy más bien me gustan los bóxer femeninos.

¡Qué está mal con este chico!

Sale riendo de ahí y mis manos tiemblan. Quiero pegar algo ya... y no es un saco de box.

MÍA

Sentir las caricias de Adrián me tienen bendecida. Lo amo tanto, estoy feliz de que él sea mi pareja. Es un hombre muy atento, siempre preguntándome si ha ido bien... a veces me duele no ser así.

—¿Todo bien? —menciona, acomodo mi cuerpo cerca del suyo y beso su desnudo pecho.

—Sí, no tienes ni idea de lo cansado que es este semestre. Apenas empezamos y ya quiero volverme loca.

—No pasa nada, ya verás que se acaba más rápido de lo que piensas.

—Eso espero.

Agarro la sábana y lo veo empezar a vestirse.

—¿Te vas?

—Sí, cariño. Tengo un asunto con la empresa de mi padre.

—¿Pasarás este fin de semana conmigo? Hace meses que no tenemos un tiempo para los dos.

—Lo intentaré. Sabes que mañana viajo a Grecia. —Me mira—. Te traeré algo, ¿vale?

—Ya tengo cinco recuerdo de Grecia —hablo dolida.

—Mía...

—Déjalo así. Llámame cuando regreses.

—¿Estamos bien, verdad?

—Sí —susurro en voz baja—. Muy bien.

————

Perdón por tan cortito, cap. Prometo recompensarlas/os

TRES HISTORIASHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora