Capítulo 26: Rivalidad.

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Un suspiró de eterno aburrimiento escapó de sus labios mientras se miraba al espejo por lo que parecía la octogésima vez mientras veía a la bella chica seguir trabajando en lo que hacía.

— Recuérdame por que acepté hacer esto —preguntó repentinamente el menor.

— Porque fui yo quien te lo pidió —respondió ella, con una sonrisa ladina extendida en sus exuberantes labios.

— Mmm no, yo creo recordar que fue porque prometiste darme a cambios las medicinas del señor Lee completamente gratis —afirmó sonriente.

— Eres un idiota —bufó ella—. Acabas de arruinarlo.

El menor se echó a reír, viendo como ella continuaba con su trabajo pero con el ceño fruncido.

— Hablo en serio, tan sólo piénsalo —refunfuñó—; cada cuanto una hermosa mujer como yo está dispuesta a pintarte el cabello usando únicamente linda ropa interior negra que compró exclusivamente para que tú la vieiras.

— Yo y seguramente otros siete sujetos más —rio.

— Me ofendes con tus crueles palabras —dijo ella, haciendo una mueca extraña y haciéndolo reír aún más—. Tú sabes, yo creí que una vez que terminaremos con esto, nosotros podríamos, tal vez...

La frase quedó inconclusa entre tanto su mano bajaba lentamente desde su hombro, pasando lentamente por su pecho y, finalmente, defendiéndose sobre su entrepierna. El menor la miró seriamente antes de suspirar y retirar la mano de la hermosa mujer de ahí.

— Algunas veces tus insinuaciones me dan miedo, Jessica noona —murmuró.

La bella mujer se echó a reír con ganas para luego terminar finalmente de aplicar el tinte y una protección mientras esperaban que el tinte hiciera su efecto.

— Tenía que intentarlo —rio.

Eso únicamente pasó una vez entre nosotros dos y siento que tú nunca me dejaras en paz con el tema —rio de vuelta.

— Me amas, yo lo sé —sonrió arrogante.

— Claro que lo hago y te juró que nada tiene que ver con conseguir las medicinas para el viejo Lee —bromeó, recibiendo un juguetón golpe en el brazo de parte de su amiga.

— Ingrato asqueroso —bufó.

— Lo sé —sonrió—, pero ya de verdad, dime porque soy tu conejillo de Indias con esto.

— Bueno, digamos que está sería como la primera vez que me aplicaría un tinte a mí misma y antes de hacerlo, y tal vez arruinar mi cabello, primero te usaré a ti para ver los resultados —explicó.

— ¿Y si me arruina el cabello a mí? —preguntó, ya muy pero muy arrepentido de haber aceptado aquello.

— Pues... —se quedó pensando—, por lo menos sabes que te sacrificaste por mí —respondió felizmente.

Sehun le dio una mala mirada de la que ella comenzó a reírse. Le dijo el tiempo que iban a esperar y poco después salió por un poco de café para ambos. Había algo que ella quería preguntarle desde hacía algún tiempo pero no sabía cómo abordar el tema.

— ¿Sientes algún tipo de incomodidad o irritación? —preguntó ella de la nada cuando Sehun estaba distraído.

— No realmente —se encogió de hombros.

— Genial —sonrió—, eso me hace sentir mejor sobre el hecho de que te pregunté hasta ahora y no mientras te colocaba el tinte —dijo como si nada.

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