Capítulo 36: Venganza.

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— Sí, Luhan —susurró quedamente—. Te lo prometo.

La más sincera y grande alegría iluminó la expresión del ser que más amaba, siendo como una inyección de pura felicidad cuando él se abalanzó sobre él, abrazándolo al punto en el que corría el riesgo de terminar con algo roto, pero valiéndole menos que nada si por ello recibiría otro dulce beso como compensación.

El correspondió a su beso con la misma necesidad y emoción, derritiéndose con cada dulce maldito segundo y al mismo tiempo queriendo mucho más.

— Todo saldrá bien —prometió Luhan con inocente optimismo.

A lo cual Sehun tan sólo sonrió, sin tener corazón para decirle que estaba equivocado y que lo único que estaba haciendo era concederle esa noche para hacerlo tan feliz como le fuera posible, para que a su partida, tal vez fuera menos doloroso para él.

Mientras que él se quedaría con aquella sonrisa de ángel y el brillo de esos orbes de ciervo con los que iba a soñar cada vez que cerrara los ojos a partir de ese día. Para él, Luhan era tan hermoso que casi era irreal para existir.

Un pequeño e inocente beso fue presionado en sus labios, sacando una sonrisa estúpida que nada borraría de sus labios. Luhan rió de forma adorable, acurrucándose más cerca y dejándose guiar de vuelta al sofá todavía abrazados el uno al otro.

Dejándose caer en la mullida superficie únicamente cuando el borde tocó sus piernas, Sehun continuaba sonriéndole para cuando se situó a su lado para, seguidamente, quitarse la chaqueta y colocarla sobre los hombros ajenos y cubrir su todavía descubierto torso.

Luhan sintió un ligero calorcito en su pecho, permitiéndose tomar su mano y entrelazar sus dedos, recostando su cabeza sobre el hombro ajeno. Levantó sus manos unidas un poco, solamente para ver la diferencia en sus tamaños y no pudo evitar reír.

— Cuando éramos niños nuestras manos eran del mismo tamaño —comentó felizmente.

— Sí, bueno, te recuerdo que ahora soy más alto que tú. —Sehun sostuvo su mano de vuelta, llevándola a sus labios para besarla.

— Justo ahora nos vemos como los personajes de los libros de Baekhyun —rió ante su propio comentario—. Ya veo la historia; un fiero general nazi y su tropa son atacados por un batallón enemigo, donde el general resulta gravemente herido y, estando al borde de la muerte, es rescatado por un cambiaformas león amante del BDSM con quien conocerá el verdadero amor —relató con tono bromista.

— Dios —negó divertido—, ¿qué clase de cosas te hace leer? —Luhan rió mientras negaba.

— Realmente no me hace leerlas, pero lo mencionó cuando me dijo de lo que estaba disfrazado, por lo que simplemente lo imagino ya. Aunque no creo que los nazis de ese entonces tuvieran piercings —señaló divertido.

— Es que yo soy único en mi especie, incluso tengo tatuajes —comentó distraídamente, jugueteando con la mano de Luhan.

— ¿De verdad tienes tatuajes? —Interrogó, mirándolo con curiosidad.

Sehun se tensó, notando entonces que había dicho demasiado, aunque...

¿Qué más daba si Luhan los veía?

Ya no hacía falta esconderlos en realidad y de todos modos le había confesado ya lo que una vez había sido su secreto más grande, por lo que simplemente asintió a la pregunta de Luhan, tomando la decisión de simplemente quitarse aquella carga de los hombros.

— ¿Quieres verlos? —Preguntó seriamente.

Luhan guardó silencio, como analizando su respuesta para al final asentir despacio. Él sonrió a cambio y se incorporó, hasta estar frente al confundido y nervioso chico, comenzando a desabrochar la camisa de su uniforme y riendo cuando él tragó duro, sonrojándose bastante.

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