Capítulo 39: Familia Oh.

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— Luhan, este es mi tío, Oh Jung Sun.

Fue capaz de escuchar a Sehun decirle aquella oración e incluso consiguió que su cerebro cooperará lo suficiente para hacer una reverencia y decirle su nombre al hombre frente a él. Él a cambió le sonrió una vez más y casi lo hizo atragantarse. Miró entonces en dirección a Sehun y su pensamiento únicamente se reafirmó aún más.

Ellos eran casi idénticos.

— Hola, bienvenido a Jung-gu. Es un placer conocerte después de tanto tiempo de escuchar de ti, Luhan —dijo, haciendo a Sehun darle una mirada de clara advertencia—. Oh, vamos —rió—, no puedes quitarme el placer de contarle a Luhan cosas vergonzosas sobre ti. Hay como una ley tácita que es la que dicta que yo debo hacerlo —bromeó con un tono risueño.

Sehun bufó ante sus palabras y Luhan no podía estar más impresionado, es decir, el hombre incluso tenía la misma sonrisa que Sehun, los mismos ojos marrones y él no podía dejar de pensar que probablemente Sehun se vería igual de atractivo que el mayor al llegar a esa misma edad.

Sabía que no estaba siendo nada discreto al observar al mayor, pero no pudo evitar prácticamente saltar en su sitio cuando él se dio cuenta de ello e incluso le guiñó traviesamente. Los colores se le subieron todos al rostro y como si de un niño pequeño se tratase, se ocultó tras Sehun con el corazón a nada de salírsele por la garganta.

— Tío, deja de molestarlo —ordenó.

— De acuerdo, de acuerdo —rió—. Pero debes saber que ya hice mi objetivo conseguir una sonrisa de él —afirmó con seguridad. Luhan por su parte sintió sus mejillas calentarse tras el comentario mientras Sehun ponía los ojos en blanco.

— Tan sólo vayamos a casa —pidió Sehun—. Luhan necesita descansar.

Él asintió, tomando la maleta de Luhan y la de su sobrino a la vez. El castaño prácticamente corrió para tratar de detenerlo y decirle que estaba bien, que él era perfectamente capaz de cargar con su equipaje y que no debía molestarse.

— No es...

— Lo es —interrumpió—. Tú y mi sobrino son mis invitados después de todo. Además, tú no te ves como si pudieras cargar las maletas y esto de alguna forma también se siente muy nostálgico.

— ¿Nostálgico? —Murmuró confundido.

— Es porque cuando Sehun vino a vivir conmigo era una pequeña, debilucha y llorona mierdecilla que ni siquiera podía con su propio equipaje. Dios, recuerdo que incluso se tropezó al bajar del bus —rió con ganas.

— ¿Qué demonios estás diciéndole? Tan solo cállate y vámonos de aquí —exigió abochornado.

Una sonrisa involuntaria se extendió de a poco en los labios del castaño, tiñendo las mejillas de su novio de rojo. Sehun bufó exageradamente tras ello, tomando su mano para arrastrarlo en dirección al vehículo del adulto que todavía se reía de aquel tonto recuerdo.

— ¿Realmente te tropezaste al bajar del bus? —Preguntó divertido ante la imagen mental de la situación.

— Por supuesto que no —resopló.

— Lo hizo —afirmó su tío—. Dios, él simplemente no dejaba de llorar porque ya no vería a Hannie —bufó.

Ambos se sonrojaron, entre tanto el mayor comenzaba a hablar de lo interesante que era el lugar y desbloqueaba el vehículo. Ellos abordaron tan pronto el hombre lo hizo y en cuanto Luhan vio su ceño fruncido a través del espejo, tragó saliva nerviosamente.

— ¿Qué? —Espetó Sehun en el asiento del copiloto.

— ¿Qué haces aquí? —Preguntó seriamente.

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