Kurapika abrió los ojos sorprendido por las palabras del pelinegro, lo había dejado sin habla.
—Tú quieres una relación limpia normal y sincera...— continuó hablando Kuroro.—y yo no te la puedo dar.
—N-No me importa.—contestó el menor.
—Me gusta estar contigo...nunca... me había sentido así y yo...
—Entiendelo...
—¡Entiendeme también!— grito el rubio y jadeo.—¡E-Estoy enamorado de ti!
Kuroro cerró los ojos y negó con la cabeza. —Es por tu bien... estoy seguro de que encontrarás a alguien mejor... Y más seguro estoy de que no quisieras pasar tu vida con un delincuente problemático como yo.
El rubio lo fulmino con la mirada.
—¿Como puedes decir que me amas? Si nisiquiera lo demuestras y nisiquiera quisiste que te conociera realmente.
—La discusión se acabó.— mencionó con firmeza el pelinegro.
—Olvídate de mí.
Kurapika sintió una opresión en el pecho, su llanto de intensificó sintiendo sus mejillas húmedas a consecuencia de las lágrimas.
Kuroro mordió su labio arrepentido.
—Kurapika yo... E asesinado personas...— Dijo el pelinegro, el rubio rápidamente lo miro sorprendido.
—E destruido hogares, así como lo hizo Kotaru, yo también e secuestrado gente. Y tu... tu eres una persona buena y pura, no quiero mancharte más. Yo no te merezco.
—¿H-Has asesinado niños?— pregunto repentinamente el menor.
Kuroro no dijo nada por unos segundos, esa pregunta lo tomo por sorpresa. Pero Kurapika lo miraba fijamente esperando una respuesta, así que se vio obligado a responder con sinceridad;
—Si... por eso, no te merezco y ya no insistas más.
La expresión del rubio cambio a una de espanto combinado con sorpresa ¿Que clase de animal sin corazón era Kuroro?
Hizoka y Illumi solo observaban la escena un poco aburridos e incómodos.
De pronto un auto gris para en seco cerca de ellos, todos voltean a verlo con sorpresa, la puerta del auto se abrió de golpe dejando ver a Leorio, quien salió apurado y al ver a Kurapika su expresión se relajó.
—¡Leorio!— grito el rubio con impotencia, sus lágrimas no se detenían y cada ves sentía que perdía más la fuerza de sus piernas, tenía un nudo en el estómago y se sentía débil emocionalmente.
—L-Leorio...
Kuroro desvió la mirada al ver como el menor corría desesperado a los brazos de otro. Leorio corrió como nunca antes lo había hecho, ya estando frente a frente con Kurapika lo abrazo con fuerza, un abrazo protector que le brindaba al rubio la calidez que Kuroro ya no iba a darle.
—¡Kurapika, estaba tan preocupado!— exclamó el moreno acariciando dulcemente al menor.
—¡L-Leorio! — sollozo y hundió su cabeza en el pecho del contrario.
—S-Sólo llevame a casa...
—Todo está bien, pronto estaremos en casa, estarás a salvo. No pasa nada, ya acabo la pesadilla...— susurraba Leorio calmando al rubio, cuando la respiración del menor fue más tranquila y su llanto se detuvo, el moreno sonrió y miro a Kuroro.
—Gracias por decirme donde estaba.
El pelinegro solo asintió y lo miro.
—Cuidalo...—Dijo y sonrió con tristeza.
—Yo no pude hacerlo...
—Estará bien.— le afirmó Leorio.
—No te culpes mucho Kuroro, después de todo lo salvaste.
—Ahora estas siendo bueno conmigo...— alzó una ceja.
—Me e dado cuenta de que tú no le harías daño, esa era mi mayor preocupación, realmente aprecio que lo salvaras... si lo salvaste fue porque te importaba, y yo estaba equivocado con respecto a tus intenciones.— agrego el moreno y le sonrió calidamente a Kuroro.
—Sin resentimientos.— mencionó el pelinegro y le sonrió igual.
Kurapika sin decir nada y sin mirar a nadie se separó de Leorio y camino hacia el auto gris, encerrandose ahí.
El moreno alzó una ceja.
—Si... oye ¿Pelearon por este incidente?
—No... Terminamos porqué es lo mejor.— contestó y Leorio lo miro sorprendido.
—Te dejo el camino libre, deberías conquistarlo.— bromeó el pelinegro.
—Si... sabes, creo que me gusta un poco...— murmuró Leorio mirando en dirección al auto.
—¿Que?— la sonrisa de Kuroro se borro.
—¡Oigan yaa, estoy harto de estar parado aquí como imbécil viendo su estúpida telenovela de desamor, de disculpas y de celos!— exclamó Hizoka llamando la atención de todos.
—Bueeno, hasta pronto Lucilfer.— se despidió Leorio sonriente y comenzó a caminar hacia el auto.
—¡Oye espera! ¿Como es eso de que te gusta un poco?— gruño Kuroro, pero el moreno lo ignoró y entro al auto gris, suspiro pesadamente y miro a Hizoka e Illumi.
—Olvídate de él, tenemos más problemas.— dijo Hizoka.
—Además, acabas de renunciar a Kurapika, cualquiera puede llegar a su vida y hacerlo feliz. Darle la relación limpia y sincera que tú no le diste.
Realmente Hizoka no sabía medir las palabras...
Kuroro miro con tristeza como aquel auto arrancaba, ahí se iba la única persona que pudo hacerlo sentir vivo, que le enseñó a querer y le mostró que no todo es sexo y dinero. Que también existía el amor. El auto se fue alejando a medida el vacío y la tristeza crecía en su pecho.
—Si Kotaru sabe donde estas tú...— mencionó Hizoka, sacando a Kuroro de su dolor mental.
—...entonces los otros no tardarán en localizarte y querer aplastarte.
⚘ ✿ ⚘
—¿Estas bien?— pregunto Leorio preocupado al ver la actitud decaida del rubio, tenía la cabeza apoyada en la ventanilla del auto con la mirada perdida.
—No...— murmuró, después de todo Leorio era su mejor amigo y no tenía por qué ocultarle su dolor.
—¿Porqué?
—Me siento enojado... triste y impotente, mis emociones están alborotadas...— susurro y suspiro con cansancio.
—Ese hombre casi me...
—Ya, tranquilo... ya llegaremos a casa para que descanses y luego cenes, bien?— dijo el mayor y acercó su mano al cabello del rubio para revolverlo.
—Los chicos están esperándote.
El menor giro su rostro y le sonrió débilmente. —Lo se...gracias Leorio.
El nombrado le sonrió calidamente.
—Eso hacemos los amigos, siempre estar en las buenas y en las malas.
—Eres muy especial para mí... — murmuró Kurapika, tenía ganas de llorar de nuevo.
—Tú también eres muy especial, y no sólo para mí.— respondió Leorio y se acercó más para envolver al rubio en un abrazo de consuelo.
—Eres especial para Gon, para Killua y para Kuroro.
—Kuroro es un idiota...ni me lo menciones— murmuró.
—Pero le importas.— mencionó el moreno.
Kurapika mejor oculto su rostro en el cuello de Leorio. Ya pronto llegarían a casa.
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Mi Idiota (KuroKura)
عشوائيKuroro era un completó idiota. Un odioso que no podía odiar. Desde que el rubio llegó al Instituto le desagrado la actitud del pelinegro, era simplemente; intolerable. Pero...¿Porqué no lo puede odiar realmente? El amor a primera vista no puede ser...
