La semana estaba pasando rápido. Me enfrentaba a profesores malhumorados en la mañana y en la tarde me enfrentaba al ambiente lúgubre que reinaba en la casa gracias a la mala salud de viola.
Me había encontrado con A en los pasillos de la escuela y siempre nos saludamos, de vez en cuando entablamos conversaciones amigables. La primera vez que lo conocí pensé que era un chico orgulloso, que se creía superior a los demás. Las veces que siguieron pensé que ese había sido un prejuicio tonto, pero en realidad no se separaba mucho de la realidad. Apenas llevábamos una semana en el colegio y ya corrían rumores de que se había ligado con al menos tres chicas. Cada vez que escuchaba todos esos rumores, no podía evitar sentir una punzada de celos en el pecho. Pensaba que era mejor que eso.
Se juntaba con los chicos y chicas más populares, pero eso nunca lo detuvo para acercarse hablar conmigo. Era agradable y divertido. Cada vez que se reía se le marcaban unas arrugitas en los ojos, lo cual le daba un aire juvenil.
No teníamos ninguna clase juntos, ya que el va dos cursos arriba que yo, pero de todas maneras me sentía decepcionada.
Los pasillos pululaban de los comentarios que las chicas hacían de él, como: << esta buenísimo>> o <<su trasero está muy bien formado, dan ganas de pelliscarlo>>
Emma era una de esas chicas y aunque en el exterior yo me hacia la indiferente, en el interior pensaba los mismo que las demás chicas.
Por el otro lado el cumpleaños de Viola se acercaba, ella estaba emocionada y feliz. Ya serían tres años desde que lucha desesperadamente contra el cancer, un año que nunca pensamos que llegaría y que nos ha sorprendido gratamente.
Muchos familiares vendrían para festejar alegremente con nosotros y se quedarían en casa, donde tendríamos que dormir un poco apretados y turnarnos para usar el baño.
Nuestra abuela había llegado hace unos cuantos días y nos había sorprendido ya que no había avisado que llegaría tan pronto. Ella y yo nunca hemos sido tan unidas como lo era con viola, pero de todas maneras me alegré tener su alegría rondando por la casa y también me alegre de poder tener más tiempo para mi y poder salir sin tener que encargarme de Viola.
Hoy, viernes, había decidido darme de alta y regresar a las clases de equitación. Henry se alegró que me apasionara tanto el deporte y que fuera capaz de aguantar el dolor para seguir avanzando. La verdad no lo hacía para avanzar, en realidad necesitaba con que distraerme y sentir la pasión por el deporte correr por mis venas, era bastante como para hacerme olvidar un par de horas.
Estaba terminando la clase y dirigí a Payaso hacia el establo. Tenía un dolor de cabeza insoportable y dudaba que pudiera seguir haciendo ejercicio en pleno rayo del sol.
Le di unas cuantas zanahorias a payaso y las comió tan rápido que parecía haberlas aspirado.
Payaso relinchó haciéndome saber que quería más comida, pero lo ignore dignamente.
Me dirigí hacia la cafetería con paso torpe. Odiaba sentir las piernas de gelatina después de andar a caballo. Me senté en una silla cubierta con una capa de polvo que le daba un color ceniciento. La sombra me velaba y reconfortaba. Comencé a sentirme más relajada y satisfecha por todo lo que había logrado ese día. Hoy tendría que llegar a casa a la temprana hora de las cinco de la tarde, para poder recibir a nuestros primos que llegaban de Estados Unidos. Llegaría John, un chico de mi edad, y Rafael el único familiar de la línea femenina que no era pelirrojo. Los dos chicos eran guapos y todos unos todasmias. Se deslizaban en los corazones de las chicas como sí fuera un hobby y las chicas sufrían por ellos, reprochadoze haber sido tan tontas como para enamorarse con unos idiotas como ellos. Como amigos eran bastante agradables, pero dudo poder aguantarlos después de una semana. Lo bueno es que ellos se hospedarían en un hotel cercano y no ocuparían lugar en la casa. Uf!
Levanté la cabeza de entré mis manos cuando un ligero aire se deslizó a mi alrededor. Cerré los ojos dejando que la brisa me refrescara. Los días soleados no eran muy usuales por aquí, pero a mi me agradaba el frío. El calor me desesperaba y me incomodaba brutalmente.
Desde dónde me encontraba se veía un paisaje maravilloso. Las casas adornaban las calles y los cerros. La nieve daba un ligero toque acogedor y Las costas, con su mar turquesa, abrazaba la isla como viejas amigas. Supongo que lo eran.
El ojo izquierdo me picaba por el pupilente caducado, molesta me recordé pasar por unos luego.
Mis ojos eran de color diferente, cosa que se denomina como heterocromia. Uno de mis ojos era gris muy pálido, como el color de la neblina después de la lluvia y el otro era verde como la vegetación que me rodeaba.
Me daba pena que mis ojos fueran diferentes y por esa razón lo escondía desde hace dos años, cuando llegue a la isla. Las únicas personas que saben de ello es mi familia directa y Emma (que pensaba que era bastante Cool.)
Me encamine a casa a paso lento. Quería quedarme más tiempo, pero, tenía que llegar para recibir a la familia ¡yay!
Una vez en casa salude a la abuela, que estaba cocinando algo que olía maravilloso, y subí a ver a viola.
Desde la última vez que había salido del hospital se la había pasado en la cama con suero y oxígeno extra, sus huesos se marcaba formando ángulos peligrosos y sus brazos estaban llenos de puntitos morados, pequeñas marcas de las agujas que atravesaban su piel continuamente.
Toque la puerta de su cuarto suavemente y una voz dulce y queda respondió desde adentro:
- pasa.
Entré y me senté a ahorcadas en la silla del escritorio.
- hola- sonreí.
- ¿como sigue tu pie?
- bien. De todas maneras no fue nada serio y ya no estoy usando la férula y mi tobillo está como recién salido del horno.
Ella soltó una carcajada y yo sonreí por el puro placer de hacerla reír.
- ¿hoy donde estabas? Me he aburrido como una ostra y tengo ganas de la ir un rato al sol.
- fui a montar. - conteste.- podemos salir un rato al jardín si quieres.
Yo no tenía ganas de salir al sol de nuevo, quería darme una ducha de agua fría y pasearme en ropa interior en mi cuarto un rato, pero si Viola quería salir un rato no me cotaba nada acompañarla.
- ¡si! me la eh pasado encerrada en este cuarto toda la semana, necesito un poco de aire fresco.
Bajamos las escaleras cuidadosamente y saque la silla de ruedas, del armario, donde Se desplomó con el tanque de oxígeno el las piernas. Acomode lo que sostenía el suero y salimos al jardín.
- extraño estar en caballo.
- todos te extrañan ahí. Más Henry, eras su mejor alumna.
- sólo practique dos meses.
- el dice que avanzabas muy rápido, además ya estabas enferma y aún así aguantabas más tiempo que yo.
Ella sonrió melancólicamente y su mirada se tornó distraída. Estaba recordando. Recordando como era todo antes de enfermarse. Mis pensamientos siguieron los suyos y nos quedamos en silencio un rato y de un momento a otro mis ojos se llenaron de lágrimas y la tristeza apuñalo mi corazón repetidas veces.
- tengo miedo...- murmure con un hilo de voz.
Viola se volvió y clavó sus ojos grises en mi. Me sentía como una niña pequeña haciendo chantaje, tratando de parar lo inevitable. Quería golpear algo para saciar mi ira, en vez de eso un mar de lágrimas se abrió paso por mis mejillas.
- está bien, todo esta bien...
Viola me sujetaba contra ella, estrechándome débilmente. Estaba segura que había llenado su blusa de mocos y lágrimas pero no quería apartarme de ella. Quería que el tiempo se detuviera y quedarme con ella, que su voz acallara mi sufrimiento interior.
- por favor no me dejes. No se que haría sin ti.- le estaba rogando por algo que no estaba en sus manos y por un momento pensé que, tal vez, alguien escuchara mis suplicas y le devolverían la vida que merecía.
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Good Demons
Ficção AdolescenteSue es una chica normal con una familia no tan normal. Ella espera que todo cambie para bien y su vida sea fantástica. Hasta qué él llega, y lo cambia todo. Su mundo se voltea patas arriba y se ve involucrada en una lucha contra el bien y el mal. ¿Q...
