5. Odio y caos

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Voy con Darren al club de Ace, mientras Seyn se queda durmiendo. Nos llevamos su auto y al llegar, bajamos del vehículo en frente del lugar, pero le insisto sobre lo que sé.

—Te digo que no está, eso me aclaro el guardia.

—No te preocupes por ese hombre, yo me encargo de él —Camina hasta este y le da una tarjeta —. Dile a Ace que vengo a visitarlo.

—Disculpe, pero no se encuentra en este momento.

—Fíjese —dictamina —. Siga el protocolo hombre y llame por teléfono, es su deber.

El guardia bufa y se comunica con la recepción.

—Se ve que vienes mucho por aquí —opino y Darren se ríe.

—Venía, pero por algo tengo la tarjeta, ¿no? —Me guiña el ojo.

El guardia regresa y da su consentimiento.

—El jefe los atenderá ahora, sigan recto por el pasillo rojo, no se desvíen —explica.

—No hace falta que me lo digas —Le da dos palmadas al traje del guarda —conozco el lugar —Me mira —. Vamos —dice y asiento.

Caminamos por el pasillo que tiene luces bajas y rojas, hasta llegar al fondo, al cruzar una puerta, vemos la sala algo oscura.

—¿Era así de escalofriante el lugar? —opino al darme una sensación fea.

—No lo sé, hay algo diferente aquí —Mira todo.

Hay un sillón rojo en el centro, en una esquina está la mesa de recepción y dos puertas, la que dice "Vip" parecer clausurada. Una luz se enciende sobre el sofá y me sobresalto, visualizo a Ace casi recostado en este, tomándose una copa, pero no sé de qué. Su camisa que está abierta se mancha y se lame los dedos cuando se limpia.

—¿En qué puedo ayudarlos? —Se sienta correctamente y tira el vaso de vidrio al suelo, el cual se rompe, mientras se relame los labios —Estoy algo ocupado, ¿sabén?

—Puedes ayudarme con mi hemorragia nasal —opina Darren que parece que pronto va a babear pero reacciona —. Quiero decir, así no me puedo concentrar —Pone las manos en su cintura masculina —. Ciérrate la camisa, por favor.

Ace se ríe.

—Ves mucho anime, ¿no?

—Ciertamente, la hemorragia nasal por excitación es un invento que... —Bufa al darse cuenta —. No me distraigas —Me señala —¿Qué tienes que ver con lo que le pasó a Eliza?

—Oh ¿Eliza? —Se hace el sorprendido y apoya la mano en su mejilla —Que envidia ¿Cuando es mi turno? —Sonríe.

—¡¿Tienes que ver o no?! —Presiono los puños.

—No tengo idea de qué estás hablando —Alza la vista y mira al mozo que sale por la puerta que no está clausurada, el cual le da una copa —. Jim, dile al barman que les prepare también algo a ellos, para que se tranquilicen.

—¿Al barman? —Alza una ceja Darren y me doy cuenta.

—¿Y Xia? —pregunto yo lo que creo que piensa mi amigo.

—La despedí —Ace toma de su copa tranquilo a pesar de que dice aquello.

—¡¿Qué?! —expresa desconcertado el restaurador —Pero era como tu mano derecha, casi tu mejor amiga y te aguantaba en todo, no tiene lógica lo que dices.

—A las voces no les agrada tener un ser místico en su casa, la magia antigua las irrita porque no saben cómo controlarla —Ríe —. Creo que con eso dije todo, ¿no?

—¿Qué tienes que ver tú con las voces? —insisto exigiendo y lo miro extrañada —¿Y qué es eso de que es su casa?

—Porque se han mudado aquí ¡Oh! —Mira su vaso vacío y lo tira también —Necesito más.

Darren suspira.

—Ya entiendo porque tengo una sensación fea desde que entre.

—Ellas también te saludan, florecita —Se ríe el adivino —pero las centrales se han mudado allí —Me señala y me sobresalto.

Frunce el ceño.

—¿Por qué? ¿No habían vuelto con Rein?

—Están con el postrecito, pero no todas, la mayoría se encuentra dónde te acabo de decir, con la bella deidad.

—No entiendo, las voces aman al manjar ¿Por qué lo dejarían por Eliza? No tiene lógica —Darren me mira —. Sin ofender.

—Por mí que se vayan —aclaro —de todos modos, no nos caemos muy bien.

Ace se ríe.

—El poder de las voces sigue creciendo, puede esparcirse hacia dónde quieran. Bueno, en realidad hasta dónde las dejen.

—Yo no se los permití —Lo señalo.

—No, pero tu bebé que aún no tiene un razonamiento complejo sí.

—¿Qué quieren con mi bebé?

—Un cuerpo —dice tranquilo.

—¿Qué te pasa Ace? —se queja Darren —¿Vas a ayudar a esas cosas? No entiendo tu accionar, te comportas raro.

—Basta de charla, ya es hora de que se vayan —dictamina severo y su sonrisa se borra, entonces me da un escalofrío —. Si no se van ahora, los voy a tener que sacar.

Parece que ya no hay amor y paz aquí, solo odio y caos.

Crisálida #6Donde viven las historias. Descúbrelo ahora