— Hola hermosa, estás guapísima.
La mujer levantó la mirada con algo de extraño.
— ¿Usted es?
— Alejandro Harrison hermosa, tengo una junta en unos minutos.
No dejaba de mirar a toda mujer que pasaba ante sus ojos. Era un descarado, y le encantaba serlo. No había mujer que se le resistiera, todas parecían hiperventilar de solo verlo. Pasaron unos minutos y la recepcionista lo hizo pasar a la sala de juntas. Antes de que ella pudiera salir, Alejandro cerró la puerta con una sonrisa cazadora.
— ¿A qué hora es tu descanso?
— ¿Para qué quiere saber eso señor?
— Pues.... una comida no nos caería mal o ¿tienes un novio que ya te las invite?
Ella negó con la cabeza ruborizada.
— No..., no tengo
— No se diga más, salgo de esta junta y vamos a comer y quizá venga el postre incluido.
— La licenciada junto con los accionistas en un momento están con usted señor.
Alejandro se sentó en una de las ejecutivas esperando sin mucho ánimo a los demás interesados en aquella junta. De un momento a otro le vino a la mente aquella mujer odiosa pero hermosa que le había arruinado su coche. Deseaba volverla a ver, deseaba tenerla nuevamente frente a frente. Escuchó la puerta abrirse y seguido murmullos de varios hablando al unísono.
— Buenos días, es un placer tenerlo en nuestra empresa. Mi nombre es Rosalia Rivadeneira, accionista de McCarthy Resorts. ¿Usted es?
Estrechando su mano, Alejandro respondió
— Alejandro Harrison, licenciado en leyes. Mi padre tiene una sociedad con ustedes como empresa y me ha delegado supervisar sus intereses aquí en su nombre. ¿Usted es la presidenta?
— No, la dueña y presidenta de la empresa es mi sobrina, Isabella. En un momento está con nosotros.
No pasó mucho tiempo para que ella entrara a la sala de juntas con su típica seriedad e impotencia. Dejando sus carpetas sobre la mesa aún sin mirar a los ojos a Alejandro comentó.
— Buenos días señor, soy Isabella McCarthy Rivadeneira. ¿A que debemos la reunión del día de hoy?
Toda la sala se quedó en silencio. Algo que desconcertó a Isabella. Antes de que contestara la voz de Alejandro sonó. Algo sorpresivo replicó.
— Encantado de volverla a ver, ahora sabiendo su nombre. Soy Alejandro Harrison, licenciado y representante de Harrison Cruises y desde ahora, socio suyo.
Isabella levantó la mirada casi a punto de desvanecerse de la sorpresa. Al mirar a los ojos a aquel hombre sintió rápidamente una mezcla de sentimientos, odio, enojo, sorpresa entre otros extraños. Tragó saliva preguntando con sequedad.
— ¿Que demonios hace usted en mi empresa?
— Pues ya le dije, somos socios. El mundo realmente es un pañuelo. Ah, recuérdeme antes de irme dejarle el chequecito para su coche.
Rosalia confundida intervino sin entender absolutamente nada.
— ¿Se conocen?
— No — Afirma Isabella
— Oh claro que si, hasta le vi el sostén y para mi eso ya es un punto extra.
— Además de indeseable, es usted un insolente. Y si es cierto que su empresa está asociada con la mía entonces exijo tratar con otra persona que no sea usted. Fuera de mi vista.
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Cautivame
RomanceNo estaba acostumbrada a recibir órdenes, mucho menos a estar por debajo de nadie. Fría, calculadora, manipuladora y poco empatica, Isabella creía tener su vida y la de los demás bajo control; hasta que llega él con su actitud libertina, descarada y...
