Capitulo 3: Un encuentro inoportuno

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— Hola hermosa, estás guapísima.

La mujer levantó la mirada con algo de extraño.

— ¿Usted es?

— Alejandro Harrison hermosa, tengo una junta en unos minutos.

No dejaba de mirar a toda mujer que pasaba ante sus ojos. Era un descarado, y le encantaba serlo. No había mujer que se le resistiera, todas parecían hiperventilar de solo verlo. Pasaron unos minutos y la recepcionista lo hizo pasar a la sala de juntas. Antes de que ella pudiera salir, Alejandro cerró la puerta con una sonrisa cazadora.

— ¿A qué hora es tu descanso?

— ¿Para qué quiere saber eso señor?

— Pues.... una comida no nos caería mal o ¿tienes un novio que ya te las invite?

Ella negó con la cabeza ruborizada.

— No..., no tengo

— No se diga más, salgo de esta junta y vamos a comer y quizá venga el postre incluido.

— La licenciada junto con los accionistas en un momento están con usted señor.

Alejandro se sentó en una de las ejecutivas esperando sin mucho ánimo a los demás interesados en aquella junta. De un momento a otro le vino a la mente aquella mujer odiosa pero hermosa que le había arruinado su coche. Deseaba volverla a ver, deseaba tenerla nuevamente frente a frente. Escuchó la puerta abrirse y seguido murmullos de varios hablando al unísono.

— Buenos días, es un placer tenerlo en nuestra empresa. Mi nombre es Rosalia Rivadeneira, accionista de McCarthy Resorts. ¿Usted es?

Estrechando su mano, Alejandro respondió

— Alejandro Harrison, licenciado en leyes. Mi padre tiene una sociedad con ustedes como empresa y me ha delegado supervisar sus intereses aquí en su nombre. ¿Usted es la presidenta?

— No, la dueña y presidenta de la empresa es mi sobrina, Isabella. En un momento está con nosotros.

No pasó mucho tiempo para que ella entrara a la sala de juntas con su típica seriedad e impotencia. Dejando sus carpetas sobre la mesa aún sin mirar a los ojos a Alejandro comentó.

— Buenos días señor, soy Isabella McCarthy Rivadeneira. ¿A que debemos la reunión del día de hoy?

Toda la sala se quedó en silencio. Algo que desconcertó a Isabella. Antes de que contestara la voz de Alejandro sonó. Algo sorpresivo replicó.

— Encantado de volverla a ver, ahora sabiendo su nombre. Soy Alejandro Harrison, licenciado y representante de Harrison Cruises y desde ahora, socio suyo.

Isabella levantó la mirada casi a punto de desvanecerse de la sorpresa. Al mirar a los ojos a aquel hombre sintió rápidamente una mezcla de sentimientos, odio, enojo, sorpresa entre otros extraños. Tragó saliva preguntando con sequedad.

— ¿Que demonios hace usted en mi empresa?

— Pues ya le dije, somos socios. El mundo realmente es un pañuelo. Ah, recuérdeme antes de irme dejarle el chequecito para su coche.

Rosalia confundida intervino sin entender absolutamente nada.

— ¿Se conocen?

— No — Afirma Isabella

— Oh claro que si, hasta le vi el sostén y para mi eso ya es un punto extra.

— Además de indeseable, es usted un insolente. Y si es cierto que su empresa está asociada con la mía entonces exijo tratar con otra persona que no sea usted. Fuera de mi vista.

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