No le importaba absolutamente nada de lo que había dicho Alejandro. No se casaría y punto, primero prefería enfrentar a aquel hombre que comenzaba a ser la horna de su zapato. Aquellos días en Cancún estaban siendo un verdadero dolor de cabeza para Isabella. Le daba vueltas y vueltas pero no encontraba cómo zafarse del chantaje de Alejandro. Mientras Isabella sufría por el temor de perderlo todo, Alejandro celebraba. Tomaba unas copas en el bar del hotel y solo pensaba en una cosa, llegar a cabo no solo su apuesta, sino darle una lección a aquella mujer alzada que se creía más que todos.
— Hola
— Anabel, hermosa qué haces por acá. Pensé que estarías esclavizada por tu jefa.
Algo sonrojada se sentó al lado de Alejandro negando con la cabeza.
— Es mi hora de descanso y pues pensé que podría pedirte algo
— ¿Que cosa?
— ¿Me acompañarías a ver un poco los alrededores? Es que no me atrevo sola
Alejandro la miró con dulzura y acariciando su mejilla replicó
— Claro que si. Para mi será más que un placer acompañar a una joven tan guapa como tú.
Alejandro vio a lo lejos a Isabella hablar con unos inversionistas y quería poner a prueba lo que se venía sospechando. Esperó a que la mirada de Isabella se cruzara con ellos y sin pensarlo mucho agarró a Anabel con pasión y besó los labios de la chica con el ardor que comenzaba a necesitar Isabella y cada vez se le hacía más y más notorio. Mil sensaciones se desataron en el interior de Anabel, aquello que creía era solo una ilusión, comenzaba a tomar más fuerza, más profundidad. Isabella sintió enojo, no toleraba ver aquella escena y lo peor de todo es que tenía que fingir ante todos y sobre todo ante ellos que le era totalmente indiferente. Sonriendo con excesiva falsedad se acercó a Alejandro y Anabel comentado.
— Después de todo no me equivoqué con usted señor Harrison, tiene además de falta de educación, una falta enorme de buen gusto. Le gusta lo corriente y fácil.
— Preferiría mil veces lo "corriente y fácil" a lo amargo y ácido como lo eres tú. — Alejandro miró a Anabel y dulcemente le pidió — Puedes darme un segundo con esta mujer. Prometo no tardar mucho.
Anabel se alejó un toda confundida y llena de preguntas que quizá no tendrían respuesta en aquel momento. Alejandro miró con indiferencia a Isabella para preguntarle con franqueza.
— ¿Ya me tienes una respuesta?
— Si la tengo, púdrase con todo y chantaje infeliz. No pienso casarme con un personaje como usted. ¡Adiós!
Realmente le importaba poco las amenazas de Alejandro. Lo estaba subestimando y ese fue su peor error. Llena de impulsos como era ella, se regresó a España antes que los demás. No soportaba estar un día más en Acapulco y menos teniendo a Harrison pisándole los talones. Tenía la casa para ella sola aunque no por mucho tiempo. La doméstica la recibió y ella con su típica forma grosera de tratar, le gritó que la dejara sola. Furiosa caminó hacia el estudio y encerrándose en el mismo pensó, pensó y pensó en aquel beso que había visto entre Anabel y Alejandro. Comenzaba a odiar a aquella niña, y lo que más detestaba era no saber porque. Más de una vez se vio tentada a agarrar una copa de vino y sentir con ayuda del alcohol como se enajenaba de la realidad. El móvil no dejaba de sonar, Rosalia la llamaba una y otra vez preocupada por su sobrina. Isabella podía ser un verdadero peligro cuando se lo proponía.
— No contesta, lo más seguro es que se haya regresado a Madrid Alejandro. Ella es así, no le dice nada a nadie.
— Necesito hablar con ella. Viajaré a Madrid
ESTÁS LEYENDO
Cautivame
RomansaNo estaba acostumbrada a recibir órdenes, mucho menos a estar por debajo de nadie. Fría, calculadora, manipuladora y poco empatica, Isabella creía tener su vida y la de los demás bajo control; hasta que llega él con su actitud libertina, descarada y...
