Capitulo 11

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A tu memoria.

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Tembló completamente al sentir las manos del extraño contra su abdomen por debajo de la camisa, gruñó con fuerza y trató de patalear y morderlo pero eran tres, logrando reducir sus intentos con facilidad.
—Abre la boca. — habló el que parecía el líder de los tres apretando su mentón, Mile negó con la cabeza sabiendo perfectamente lo que querían darle.
¡Joder, que era médico y sabía que la mayoría utilizaba ese maldito medicamento para adelantar en pocos minutos el celo! ¡Por todos los cielos no iba a darles esa excusa si salía vivo de ahí!
—Que la abras. — el alfa gruñó tapando su nariz con sus manos, apretó los labios tomando aire apenas entreabriendo los labios pero manteniendo los dientes apretados para evitar que pudieran darle esa pastilla.
—Es más terco que una mujer. — gruñó el segundo metiendo sus dedos a la boca del omega obligándolo a abrir la boca pero Mile la cerró con fuerza sintiendo enseguida como la sangre de los dedos del alfa que gritaba llenaban su boca.
Sus pupilas se contrajeron al sentir el sabor de lo que más le gustaba a su animal interno.
Tembló dando un grito cuando volvieron a dejar una descarga de electricidad en él, el alfa enseguida le puso la pastilla en la boca y se la tapó tratando de que se la tragara.
Mile trató de patearlo de nuevo o de levantarse pero enseguida fue detenido por los otros dos.
— ¿Pero qué mierda hacen? ¡Voy a llamar a la policía!— los cuatro miraron casi al instante hacia la chica que estaba al final de las escaleras apuntándoles con un arma, por su vestimenta se notaba que era una enfermera y el aroma delataba que era una omega.
Los tres alfas salieron bastante veloces del lugar dejando el omega en el suelo, Mile volvió a jadear escupiendo la pastilla aun temblando sintiendo ganas de vomitar.
—Pero que te hicieron, diablos. — la jovencita se acercó a él aun teniendo el arma en su mano, viendo como tenía la mitad de su cara hinchada por los golpes y los botones de la camisa rotos. —No es hora de desmayarse ahora, párate. — la joven de largos cabellos castaños lo ayudó a pararse haciendo que pasara sus manos por sus hombros, empezando a caminar paso a paso.
—Gracias...— Mile murmuró de forma cortada mientras caminaba, sintiendo como todo daba vueltas y que el dolor regresaba a cada parte de su cuerpo.
—Será mejor que te vayas de aquí, señorito Vryzas. Por su bien debe olvidarse de todo lo que sucedió aquí y de este incidente.— ella le sonrió levemente algo avergonzada, yendo poco a poco con cada escalón. Al llegar al final de las escaleras el guardia los ayudó.
Mile entendió enseguida que ese guardia había estado escuchando todo.
— ¿Por qué me dejan ir? ¿Por qué me salvaste?— murmuró una vez que estuvo sentado en una camilla, entendiendo que no había sido una casualidad que ella hubiera ido a auxiliarlo.
La chica no respondió y simplemente lo dejó allí con más dudas.
Mile no quería moverse del hospital y no dejó que ninguno de los médicos lo atendiera, el mismo se diagnosticó temeroso de que cualquier otro podría simplemente inyectarle algo para dormir y que de esa no se libraría.
Habían pasado tres horas y su rostro se veía un poco mejor, pero aún golpeado y maltrecho.
— ¡Mile!— al escuchar a Jade miró hacia él sorprendido, su ex jefe se acercó muy preocupado. —Cuando te escuché gritar por el teléfono llamé enseguida aquí ya que el GPS salió que estabas aún en el hospital ¡Nadie quería ir a fijarse! ¡Maldita sea, tuve que llamar a la policía y ellos llamar al hospital!— Jade apoyó su mano en el cabello del omega agitado, Mile sonrió de lado.
—Estoy bien. No llegaron a hacerme nada, solo me golpearon. — sonrió realmente agradecido que su amigo hubiera insistido tanto.
—Déjame atender esos golpes, ven aquí. — El alfa le sonrió ayudándolo a pararse —Traje todo para primeros auxilios, te atenderé en mi auto. — explicó mientras caminaban hacia la salida, Mile se tensó un poco pero trató de tranquilizarse.
Dejó que Jade lo ayudara a sentarse en el asiento del copiloto y esperó a que el alfa también se acomodara. Jade revisó el golpe y luego las costillas para verificar que no se hubiera roto nada, pero Mile contuvo la respiración en ese momento sintiéndose asustado.
Jade levantó la mirada y acarició suavemente el cabello del que había sido su subalterno.
—Pasaste una situación que asustaría a cualquiera, está bien sentir miedo. — sonrió amorosamente como un padre a su hijo tratando de tranquilizar la situación.
—Ni siquiera podría denunciar nada. — murmuró sintiendo su voz rota, poniéndose el cinturón y mirando hacia el frente. Mile se encogió en sí mismo al terminar su frase sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas de nuevo.
Sollozó.
Al menos solo había sido un susto pero eso no quitaba el terror que había sentido en ese momento donde no podía defenderse.
Jade apartó su mano sabiendo que necesitaba algo de espacio y dejó que escondiera su rostro de él para seguir llorando. Sabía que tratar de apoyar su mano en él solo empeoraría la situación así que solo espero que se calmara sin arrancar el auto, dejando que desahogara todo el miedo que seguramente sentía.

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Luego de un día entero de caminar habían parado en medio del bosque, no había ninguna cueva así que se escondieron en una depresión del terreno poniendo arbustos a su alrededor y ramas de árboles como techo.
La manada no tenía más de cien integrantes pero aun así ocupaban bastante lugar, habían decidido no prender fuego para evitar que alguna hormiga supiera que estaban ahí así que se acurrucaban unos contra otro en forma animal tratando de sobrellevar el frío.
Zahir estaba afuera de esa pequeña muralla de arbustos y ramas con espinas, vigilando sobre la rama de un árbol grande atento a todos los sonidos.
Suspiró con fuerza mientras seguía con la construcción de un nuevo arco.
La muerte de Kael lo había tomado con sorpresa, desarmándolo completamente. Perderlo lo había desgarrado y no poder llorarlo como sentía no lo ayudaba en lo absoluto.
Podría llorar en ese momento pero solo afectaría su visión así que prefería mantenerse en silencio concentrándose en su arma y en escuchar cualquier ruido extraño.
Parpadeó varias veces al sentir el aroma a sangre, separó de si su arma a medio armar y miró hacia su manada. La hormiga estaba en una esquina, a pocos metros de Yatziri y tapado ya que al estar inconsciente no tenía pelaje.
Suspiró y bajó del árbol volviéndose un zorro, con cuidado cavó un poco y sorteó las espinas por una esquina. Se acercó con cuidado al extranjero revisando si su corazón aún latía sintiéndose algo decepcionado al notar que en efecto seguía respirando.
Gruñó y olfateó su rostro, el aroma a alfa a era muy débil y su temperatura ya estaba normal. El aroma a sangre provenía de él así que lo olfateó notando que eran sus muñecas las que sangraban al estar atadas.
Seguramente Yadel lo ató para que no escapara.
Resopló y mordió la enredadera hasta cortarla, quitándola de su cuerpo. Miró las heridas y suspiró pensando que se curarían pronto, después de todo no había real peligro porque no parecía que fuera a despertar pronto, además estaba débil por la fiebre que había sufrido.
Con cuidado caminó por los costados buscando a Ismael sonriendo levemente al ver que como el resto de los niños estaba más al medio de la ronda para calentarse.
Él cuidaría a Ismael con su vida.
Por la memoria de Kael, moriría antes de que alguien llegara a hacerle daño a ese niño.
Volvió a caminar hacia afuera quedándose sentado a pocos metros del refugio, se acostó cerrando los ojos pero manteniendo sus orejas de zorro erguidas para poder escuchar cualquier cosa extraña y despertar, pero lejos de los grillos todo parecía estar tranquilo por esa noche.
Eso hasta que la hormiga gritó en plena madrugada.
Todos, absolutamente todos se despertaron y se alejaron. Yatziri se acercó con su arco en mano apretando los labios, importándole poco su desnudez al haberse convertido en humana. Golpeó suavemente con la punta de la flecha sin tirar a Ockel quien entreabrió los ojos.
—No quiero que me maten...— murmuró con lágrimas recorriendo sus mejillas, Zahir se acercó en forma de zorro quedándose dos pasos atrás de Yatziri alerta por si Ockel pensaba atacar de sorpresa.
—Estás en el bosque con nosotros. Nadie te matara si sigues las reglas. — la alfa sonrió un poco algo incomoda ante las lágrimas sin saber exactamente porque lloraba.
—Reglas... reglas...— Ockel murmuró casi perdido antes de volver a caer en la inconsciencia.
Todos se miraron unos a otros, los padres atrajeron a sus hijos hacia ellos aún todos en forma animal, bastante alertas.
Zahir resopló.
—Solo tuvo una pesadilla. — Se sentó cerca de la hormiga —Yo lo vigilaré. —
—Debes dormir. — Yatziri lo miró algo preocupada apretando los labios al terminar de hablar, todos se acurrucaron lo más lejano posible al extranjero manteniendo a sus hijos cerca.
—Mi deber es garantizar la seguridad de todos. — cortó Zahir antes de sentarse sobre la espalda de Ockel.
Yatziri suspiró pero prefirió no discutir.
Kael se había ido demasiado pronto, aunque eso no era lo único que le preocupaba.
¿Quién iba a saber que plantas eran medicinales si Ismael no tenía todos los conocimientos?
No tenían ya un curador.
Si se enfermaban no habría ya otra solución que no fuera morir.
Si se lastimaban habría que ingeniárselas como fuera posible.
Lo único bueno era que solo debían aguantar todo el viaje, las demás manadas tenían curadores y ellos podrían enseñarle a Ismael a serlo. Pero mientras no llegaran al lugar seguro debían mantener su salud.

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Espero que la hayan pasado bien en las fiestas.
¡Gracias por leer!

gardenne
DanixaManosalva

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