Capítulo 22

27 4 0
                                        

Capítulo 22: La mujer de ojos café

.
.

Había tardado días en encontrar a alguien que quisiera hablar con él, al final Emily Evans había aceptado. Ella era una omega, hacía menos de cuatro años había tenido gemelos y solo reconoció a uno como propio, hizo varios exámenes de sangre pero luego empezó a desconfiar de los médicos cuando todos daban positivos.
Su compañero la abandonó llevándose a los bebés con él.
Había sido un gran escándalo de “la mujer loca” pero él no le había prestado atención tragándose lo que decían los supuestos especialistas del tema.
Ella solo debió haber dicho que si creía que el bebé era suyo y todo hubiera parado. Pero ella nunca lo aceptó ni fue hacia atrás con su verdadera historia siendo la burla de la sociedad más alta hasta que la noticia pasó de moda.
¿Qué hacía todavía en la ciudad A-1 que le había quitado todo? No tenía la menor idea, pero se alegraba de encontrarla ahí. En una casa grande cerca del muro que aislaba la ciudad con lo de afuera, parecía que el frente estaba algo abandonado pero no se podía decir lo mismo del jardín. Hermosas flores estaban abiertas llenando todo de colores y aromas.
Abrió con cuidado la reja y caminó por el corto camino de piedra hasta llegar a la puerta. Miró hacia arriba unos segundos, era una casa grande de dos pisos, lo suficientemente grande para albergar una familia sin problema.
Era algo triste pensar que había adquirida para ello pero ella lo había perdido todo. Incluso al que si reconocía como su hijo.
Tocó el timbre una vez antes de esperar, pudo escuchar los pasos detrás de la puerta pero el aroma se mezclaba con el de las flores. Cuando la puerta se abrió pudo ver a una mujer un poco más baja que él, con cabello largo de color negro y ojos de un café intenso. Llevaba un vestido simple, tal vez por la temperatura algo calurosa.
—Buenas tardes, soy Mile Vryzas. Hablamos por teléfono— se presentó haciendo una leve inclinación, la dama sonrió levemente y dio unos pasos hacia dentro.
—Cualquiera te reconocería. Saliste en las fotos del funeral de tus padres, mis condolencias. Pasa, pasa, tenemos de que hablar. — Emily sonrió suavemente mientras dejaba entrar al menos, una vez que estuvo dentro cerró con llave. Adentro era acogedor, a un costado estaba la sala de estar y más atrás el comedor en conjunto de la cocina. Ella señaló los sillones que estaban alrededor de la chimenea y Mile se sentó tragando algo nervioso.
Emily le sonrió con dulzura mientras se sentaba en el sillón frente a él, tenía preparado té y había pan cortado en una pequeña bandeja. Ella acomodó todo dejando que algunos mechones cayeran en su rostro antes de levantar la mirada.
—Tu padre era socio de mi ex esposo. Te conocí cuando tan solo eras un niño de diez años, yo tenía casi veinte. — explicó mientras agarraba la taza entre sus manos como tratando de cambiar el ambiente a uno menos tensos para empezar a hablar —Eras tan tranquilo que mi madre me dijo que ojala yo tuviera cachorros tan bien portados como tú. — dejó escapar una pequeña risa que a Mile se le hizo amarga, a pesar de que parecía una risa cualquiera pequeñas connotaciones de tristeza y nostalgia le daban otro significado.
—Usted tuvo dos hijos. — agarró la taza, bebiendo un poco del té. Solo un pequeño trago para verificar si contenía algo, en su pequeño bolso traía las medicaciones necesarias.
Emily asintió haciendo una pausa para llenar de nuevo su taza, el más joven no pudo evitar notar que las manos de la mujer temblaban levemente seguramente influenciadas por los nervios.
—Los tuve. Erick y Damián, iban a ser sus nombres, cuando los di a luz casi término por desmayarme pero no lo hice. El aroma de los bebés recién nacidos es una mezcla a sangre, olor mío y su propio aroma, el más pequeño tenía un ligero aroma a duraznos.
Muchos me dijeron que estaba confundida pero cuando te dan un bebé que no es tuyo uno lo sabe. Lo siente en el fondo y la mayoría de los omegas tiraría ese pensamiento enseguida.
Cuando me los trajeron solo sentí conexión con uno y el menor olía distinto, era un poco más grande de lo que recordaba haber visto. Un bebé no se abandona, no hubiera tenido problema adoptarlo a él pero también quería saber que había pasado con mi bebé.
¿Acaso murió? ¿Lo confundieron?
Mi esposo también lo notó, la desconexión. Somos personas pero también tenemos instintos, reconocemos a los de nuestra propia sangre y a quienes no lo son. Pero él no se atrevió a hablar, ni siquiera cuando yo lo hice.
Muchos han venido a verme para burlarse de mi historia, pero tú no eres periodista. Eres un médico que acaba de perder a sus padres ¿Por qué querías escuchar mi historia? — ella sonrió con sus ojos empañados que le estrujaron el corazón al menor, no pudo evitar bajar la mirada hacia su propia taza.
—Mi madre me confesó que sabía que yo no era su hijo.
Estoy buscando a mi hermano o al verdadero hijo de mis padres. Quiero saber que le ocurrió y porque de pronto hay tantos casos de familiares que atacan a familiares cuando los omegas están en celo como que si no compartieran lazos de sangre.
No saber que el niño que tú tienes no es tuyo es un potencial peligro para ese niño al llegar a la edad donde empiezan a marcarse sus rasgos de omegas o alfas. — explicó tratando de ser breve sintiendo como sus manos temblaban levemente así que volvió a dejar la taza en su lugar esperando a que no fuera por algo que había en el té.
—La marca que hay en tu cuello no te protegerán de las personas que ya han violado jóvenes marcados antes. — ella se levantó caminando hacia la ventana y observando hacia afuera unos segundos antes de cerrar las cortinas como asegurándose que nadie los viera desde afuera. —Por suerte esas personas no están en la ciudad, pero fuera de ella no te podría asegurar nada.
¿Qué planea hacer, señorito Vryzas? — la notó seria, el aroma incluso se intensificó un poco haciéndolo sentir algo inferior. Incluso entre omegas, uno podía sobreponerse al otro ya sea por edad o porque tenía más control de las feromonas.
—Investigar. — se levantó prefiriendo seguir el instinto de irse, ella parecía nerviosa y amenazada con su presencia ¿Había usado mal las palabras? —Gracias por su tiempo. — dio una leve inclinación de cabeza antes de dirigirse a la puerta, solo la abrió un poco cuando escuchó la voz de Emily nuevamente.
—Espere. Si encuentra algo puede dirigirse a mí, si hay alguna posibilidad de saber que sucedió con mi hijo y si sigue con vida, la tomaré aunque se desvanezca después.
Tenga mucho cuidado, yo no puedo hacerlo. Traté de hacer ruido mediático pero mientras en las redes y en los noticieros salga que soy una loca, nada de lo que salga de mi boca será verídico para la sociedad.
No dejen que haga eso con usted, mantenga su boca cerrada y una vez que encuentre pruebas puede ir buscando apoyo. Deberá tantear quienes son amigos y quienes enemigos.
Tenga mucho cuidado y cuide mucho de su vida. — advirtió con tono duro pero bajo, sin titubear. Mile apretó los labios suavemente y asintió.
—Gracias. — volvió a decir antes de salir. Respiró profundo al estar afuera sintiendo los aromas y también su propio corazón latir asustado en su pecho. Miles de pensamientos pasaban por su cabeza así que solo caminó a su auto mientras pasaba su mano por su cabello desordenándolo.
Al estar dentro agarró el volante con sus manos y suspiró.
Necesitaba escuchar la voz de Jade pero sabía que su trabajo era extenuante. Agarró con cuidado uno de los pañuelos que tenía poniéndole un poco de colonia oliendo esta, suspirando sintiendo como sus músculos se relajaban. Él solía usarla casi siempre, para evitar que sus feromonas de alfa afectaran a los omegas que trabajaban con ellos, podía recordarlo perfectamente.
Mi alfa.
Pensó cerrando los ojos restregando su mejilla contra el pañuelo.

Carnívoro Donde viven las historias. Descúbrelo ahora