Capítulo 6

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Es culpa del extranjero.
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Zahir miraba con mucho dolor como el niño se aferraba a su hermano.
Sentía que sus ojos estaban inundados de lágrimas pero las retenía, acariciaba la mano del que había sido su mejor amigo notando enseguida cuando el bombeo suave de su corazón dejó de sonar.  Miró como el cuerpo empezaba a transformarse en un animal.
Sintió su garganta seca cuando un tigre blanco se formó ante ellos.
Las personas volvían a su forma animal al morir.
Abrió su boca sorprendido y acarició suavemente el pelaje mirando al niño quien no se veía alterado.
—Él era un tigre. — susurró casi sin voz.
Kael había sido un carnívoro todo ese tiempo.
Por mucho tiempo había pensado que Kael era un conejo como su hermano menor y que no se convertía porque era mucho más débil de animal que como persona.
Pero ahora solo muchos sentimientos se le arremolinaban y sentía que nada tenía sentido.
Movió suavemente el cuerpo apoyando su oreja en su pecho tratando de encontrar el menor indicio de algo con desesperación.
Los únicos corazones que escuchaba eran el suyo propio y el del niño.
—Zahir...— Se paró sin escuchar a Ismael gruñendo sintiendo su corazón golpear contra su pecho mientras la realidad le daba una dura bofetada.
Kael no volvería a abrir los ojos.
Salió con velocidad de la tienda sin mirar a las personas que se iban acercando, ese aroma leve que estaba en la ropa del omega se le hacía conocido.
— ¿¡Lo llevaste con él, no?! ¡Era un maldita hormiga, seguro le hizo algo!— gruñó apuntando a Yatziri con una de las flechas, tirando el arco a un costado. La dama lo miró poniéndose seria sin decir nada sabiendo que el dolor estaba haciendo irracional a su amigo.
—No fuiste el único que perdió a alguien querido. Debiste decirle que lo amabas. — alzó su tono sin bajar la mirada y levantando las manos, dejando que la amenazara con la flecha.
Zahir volvió a gritar como un animal salvaje y soltó su arma para luego salir corriendo, siguiendo el aroma que conocía pero que había ignorado por el lugar lleno de hormigas muertas.
Yatziri respiró profundo y empezó a correr tras él sin hacer intento por detenerlo.
Zahir llegó luego de varios minutos a la cueva, sus pies sangraban porque no había revisado el camino por donde andaban. Miró con sumo odio a la persona que estaba acostada dentro de la cueva.
— ¡Tu! ¡Tú eres lo único raro aquí!— gritó contra Ockel con rabia acumulada, sentía que el aroma lo inundaba.
El alfa apenas pudo abrir los ojos por el grito mirando al líder de los animales silvestres de manera borrosa.
Zahir sacó un cuchillo.
— ¡Tu, tu eres uno de los que lo mató! ¡Lo hiciste irse! ¡Hiciste que se fuera de mi lado!— gritó con rabia mientras las lágrimas volvían a deslizarse por sus mejillas.
No podía pensar.
A pesar de que había matado a las hormigas que habían lastimado a su amigo quería acabar con esta también, todos tenían la maldita culpa.
Todas las hormigas eran malditamente iguales.
Sintió el aroma de Yatziri y se dejó caer de rodillas al suelo con el cuchillo en alto.
Un golpe justo en el corazón como él que él estaba sintiendo en ese momento iban a ser suficientes.
Espero unos segundos a que su amiga lo detuviera, que le dijera que no lo hiciera pero no escuchó que ella hiciera intento de acercarse.
Ella lo estaba dejando matar a esa persona para que se sintiera mejor.
Matar... como hacían las hormigas.
Gritó con fuerza y bajó el cuchillo chocándolo con una roca haciendo que se le escapara de las manos, negó con la cabeza llevándose las manos al rostro empezando a sollozar con ahínco.
Nunca había sentido una perdida tan cercana.
Tal vez las de sus padres se asemejaba pero ellos lo habían preparado para que no sufriera de más cuando se fueran.
Kael se había escapado entre sus dedos sin avisar, extinguiendo la poca paz que lo hacía mantenerse tranquilo. Apretó los labios al sentir los brazos de su amiga a su alrededor y se rompió llorando con más fuerza tratando de sacar esa tristeza que amenazaba con ahogarlo.
Todos esperaban tanto de él y él se rompía por la muerte ya anunciada de su amigo.
—Tranquilo...— susurró ella con suavidad parándose y ayudándolo a él, ambos se miraron a los ojos por varios segundos. Yatziri sonrió mientras las lágrimas empezaban a salir de sus ojos. —Él también era mi amigo. Y no importa cuántas veces me queje de él por débil ni cuantas veces dije que moriría joven, aún no puedo creerlo. — murmuró con voz cortada sin dejar de sonreír, acariciando la mejilla del omega con dulzura tratando de darle algo de tranquilidad.
—No entraste a despedirte de él. — Zahir se esforzó al hablar sintiendo un fuerte nudo en la garganta.
—Tú lo necesitabas más que yo. — murmuró suavemente, iba a decir algo más pero un gemido de dolor de la hormiga con fiebre la hizo desviar la mirada pero Zahir no estaba prestando atención a los movimientos de Ockel, se agarró con fuerza de los brazos de su amiga.
—Márcame. — gruñó con fuerza sintiendo la desesperación embargarlo.
Esos sentimientos no se iban, la tristeza no se diluía y la culpa empezaba a hacerse lugar en su corazón.
— ¿Disculpa?— Yatziri abrió los ojos con sorpresa agarrando sus brazos también.
— ¡Que me marques!— gritó con fuerza mostrando los dientes, temblando como una hoja mientras las lágrimas volvían a salir sin control de sus ojos.
Ella negó con la cabeza con rapidez dejando que él la apartara.
— ¡Yatziri!— gritó casi enloquecido.
— ¡No estás pensando!— ella también alzó la voz con fuerza tratando de no utilizar su tono alfa. No necesitaba dominar a su amigo así ahora, iba a empeorar las cosas.
— ¡Estoy tomando la mejor decisión!— Zahir apretó los puños sintiendo como su cuerpo temblaba. Él iba a pedirle a Yatziri que marcara a Kael cuando llegaran al lugar seguro ¿Por qué no se los pidió a ambos antes?
Tal vez ese fue su error. Si él podía proteger a Kael por tener que poner a la manada primero debió haberles pedido que se unieran así Yatziri lo cuidaba por él.
Pero había estirado esa conversación porque no quería que el corazón de Kael le perteneciera a otra persona. No quería que él dejara de verlo con esa mirada brillante y esa sonrisa que reflejaban tanto amor y calidez como un sol.
—Acabas de perder a quien amas no estás en todos tus sentidos ¡Joder, Zahir! ¡No me pidas eso ahora!— ella lo agarró de los brazos tratando de calmarlo, gritando al mismo tono que él.
— ¡Lo necesito!— gritó con fuerza y clavo sus uñas en los brazos de su amiga para luego volver a temblar negando con la cabeza. —Lo necesito. — volvió a susurrar bajo apoyándose completamente en ella como que si ya no pudiera mantenerse en pie.
Se sentía culpable de haber sido egoísta. Se lo merecía.
Yatziri lo abrazó con fuerza.
—Debes enterrarlo primero. — susurró acariciando su cabello y pegándolo más a su pecho como una madre tratando de calmar a su cachorro. —Debes encargarte de eso primero. — Zahir volvió a temblar y se separó, se transformó en zorro y agarrando su ropa con la boca empezó a correr.
Yatziri miró al alfa aún enfermo y volvió a llenar la vasija de agua, mojando sus labios y su frente antes de irse.
Si para cuando volvía Ockel seguía vivo tendrían que discutir qué hacer con él.

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No se hacía mucho cuando se enterraba a alguien, su familia o la pareja -si la tenía- cavaba el pozo más profundo que podía para luego enterrarlo.
Zahir gruñó con fuerza mientras sus manos sangraban pero volvió a clavar la pala sacando tierra. Sus músculos le dolían porque había estado cavando por horas, sus manos estaban peladas por el constante desliz de la pala contra ellas.
Si se paraba solo podía sacar la cabeza y el cuello fuera del pozo.
Salió sintiendo como la tierra estaba en todo su cuerpo, hacían empezado a cavar como zorro pero al no poder hacerlo más rápido había hecho su trabajo a mano.
No había dejado que nadie lo ayudara dejando en claro a la aldea que él velaría a su amigo como que si de su compañero de vida se hubiera tratado.
Miró a Ismael quien lo observaba serio, nadie aún decía nada sobre que la persona más débil de la aldea era un tigre.
Un omega carnívoro que pudo haber peleado por el liderazgo de la manada si hubiera sido un guerrero y no un curador.
El niño dejó caer algunas flores que traía en sus manos.
—Lamento no haber podido ayudar, Ismael. — susurró acercándose, apoyando una mano en el cabello del niño.
—Él era débil, señor. Sabía que moriría pronto. — Ismael bajó la mirada con los ojos llenos de lágrimas pero aun así tratando de sonar acostumbrado.
—No tienes que ser así de duro. — trató de sonreír a pesar de que sus manos le ardían, la tierra había ensuciado las heridas de sus pies pero aún se mantenía lo más erguido posible.
— ¡Si lo tengo porque él era débil! ¡No era capaz de matar a nadie! ¡Porque tenía miedo del animal que era! ¡Tenía miedo de ser un carnívoro y estaba aterrado de matar por ello!
¡Porque creía en un dios inexistente que no fue capaz de salvarlo!
¡Él iba a morir antes que yo porque no era capaz de defenderse!— gritó con fuerza levantando su mirada, Zahir apretó los labios y se agachó para abrazarlo dejando que el niño llorara en su hombro. Acarició su espalda tratando de consolarlo mientras contenía sus propias lágrimas.
—Tu hermano era un curador, no un guerrero.
Él era... bueno en lo que hacía. Aunque no fuera lo que todos hacíamos. — trató de transmitir tranquilidad y dulzura en su voz aunque se sentía igual que roto y culpable que el niño.
Tal vez, incluso más.
Pero Ismael había perdido a la única familia que le quedaba.
—Él era la persona más maravillosa y buena que había ¡No merecía acabar así! ¡Si yo hubiera corrido hacia la dirección correcta!— la voz de Ismael se escuchaba cortado y ahogada, entre sollozos fuertes apenas se le podía entender.
—No es tu culpa. — murmuró suavemente. No, no lo era. Era suya, por no poder protegerlo, por haber puesto a la manada sobre él.
Era solo su culpa.
— ¡Si lo es y tendré que vivir con ello!— Ismael se escapó de sus brazos aun llorando, transformándose en un conejo empezando a correr hacia la aldea.
Zahir suspiró mirando al pequeño alejarse.
Todos morían alguna vez, pero Kael se había ido demasiado pronto.

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Gracias a quienes leen!

gardenne
RumikoHatsune
RitsuKuroko

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