Capítulo 26: Los vestigios de la pelea
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Cuando Zahir salió a la superficie en forma de zorro ella sintió un fuerte dolor en el corazón, no solo fue un golpe emocional si no uno físico que la había hecho caer de rodillas en medio de la pelea. Muchas emociones pasaron por su cabeza y por un momento no pudo respirar, sintiendo un fuerte ardor en todo su cuerpo que terminó en su marca.
La lucha parecía en cámara lenta para ella, incluso los sonidos se habían apagado en su conmoción.
Sintió el golpe en la cabeza que la hizo volver en sí, se levantó agarrando su daga con fuerza antes de abalanzarse a la primera hormiga que se encontró.
Estaba fuera de sí, gritaba y gruñía, clavando el arma donde podía.
Y de pronto en toda su mente vuelta un lío pasó un pequeño rayo luz.
— ¡Salir de aquí! — ni siquiera pensó bien en las palabras pero sabía que sin Zahir ella había quedado como líder de la expedición. Notó apenas como los que la acompañaban asentían y empezaban a retroceder, usando sus flechas para mantenerlos a raya. Pero ella no se iba a ir de ahí hasta asesinar a quien había hecho esto.
— ¡No le disparen! — la voz de Ockel sonó fuerte y clara, un escalofrío la recorrió al entender. Algo dentro de si, en el fondo, le decía con fuerza que él había sido quien disparó.
Miró unos segundos atrás sonriendo un poco la notar que habían llegado al bosque, no dejaría a ninguna hormiga ir tras los suyos.
A la garganta, uno por uno, la sangre la manchaba pero en su mente solo estaba acabar con quien había matado a su compañero.
Ockel bajó el arma y retrocedió dos pasos, Yatziri sintió las lágrimas deslizarse por sus mejillas porque ella había sido quien le había perdonado la vida ¿Y cómo se lo había pagado?
Saltó hacia el agarrando una de sus flechas, pero antes de poder apuntar una bala atravesó su torso haciéndola caer al suelo, golpeando su cabeza con fuerza contra el pavimento mientras su propia sangre empezaba a rodearla.
Escuchó los gritos de Ockel, pero cada vez sonaron más lejanos.
Solo podía escuchar su propio corazón que no se detenía, que latía con fuerza de manera dolorosa mientras una gran tristeza la asaltaba.
Mi omega.
Despertó unos días después, dentro de una celda con solo un banco para sentarse y dormir. Su abdomen estaba vendado y sus heridas curadas, además de que un simple camisón la cubría. Miró el techo de madera del lugar, estaba recostada sobre el frío suelo de piedras.
Sintió sus labios temblar antes de que sus lágrimas empaparan sus mejillas, corriendo una tras otra hasta acabar en el suelo.
Le dolía respirar, sentía que no podía levantarse. Perder a un compañero no era fácil, lo había visto varias veces. Se arrepentía en creer que exageraban, realmente era un dolor desgarrador que traspasaba lo emocional, era como que si hubiera arrancado y destruido una parte de su alma.
Apretó los puños sintiendo como la furia llegaba a ella cuando pensaba en Ockel. Ese maldito traidor.
Zahir tenía razón, él decidiría de qué lado estaba en esa expedición.
Escuchó que algo se acercaba a su celda y el aroma la golpeó con fuerza, ignorando su dolor se sentó y se impulsó a pararse, apoyándose contra las rejas sacando su mano hacia afuera con toda la intención de golpear o agarrar a quien se acercaba.
— ¡Tu! ¡Maldita sea! ¡Debí asesinarte en esa cueva, debí hacerlo! — gritó a pesar que le dolió todo el cuerpo hacerlo, saco ambas manos tratando de agarrar al carnívoro quien había parado su caminar unos pasos antes de que ella pudiera alcanzarlo. Yatziri sintió las lágrimas de nuevo y la desesperación, tratando de alcanzar al hombre que había asesinado al que no solo era su omega, era su mejor amigo. Gritó con frustración y sollozó terminando por sacar los brazos de entre las rejas dándose vuelta y apoyando su espalda en estas mientras se dejaba caer sentada en el suelo.
—Yatziri, él no te merecía ¡Vamos! Te trató horrible. Era un omega estúpido que trajo a todos a morir aquí, estás viva por mí. — la voz del extranjero sonó conciliadora mientras se acercaba, cosa que aprovechó la alfa para pararse agarrándolo de la camisa y atrayéndolo a las rejas golpeando su cabeza con esta.
— ¡No tenías derecho a matarlo! — Yatziri gritó mientras volvía a golpearlo contra los barrotes, notó como la sangre brotó de la nariz de Ockel pero no le importó — ¡Él decidió no matarte! ¡Tú le debías la vida, hijo de puta! — el carnívoro se soltó de su agarre cayendo para atrás, Yatziri lo observó antes de golpear las rejas con su puño.
—Mi nombre real es Adrián Pavotti. — notó la voz afectada por el dolor mientras el alfa se tapaba la nariz, tratando de parar el sangrado con sus manos.
— ¡Eres un traidor! — Gritó golpeando las rejas una vez más — ¡Tú y tu gente no merece perdón! ¡Creí que al menos tendrías honor!— Yatziri sollozó alejándose violentamente de la reja, caminando hasta el banco dejándose caer ahí. Lloró con más fuerza golpeando el muro con su puño hasta que nudillos sangraron cuando Ockel se fue.
Tenía ganas de rasguñar y morder.
Llevó su puño a su boca tratando de acallar el llanto. Al menos había logrado salvar a quienes fueron con ella, era algo importante aunque no hubiera podido salvar a Zahir.
Primero Kael y luego Zahir.
—Espero que al menos estén juntos. — murmuró para sí cerrando los ojos con fuerza.
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Carnívoro
De TodoLuego de la guerra, solo existen los omegas y alfas que tiene una forma animal además de la humana. Todos carnivoros. Los animales reales se han extinto y solo han quedado los insectos. Pero aún así en la mesa de cada familia se sirve carne. ¿Es r...
