Capítulo 23

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Capítulo 23: Es ahora.
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—Los líderes me permitieron llevar dos guerreros de cada una de sus manadas para que me sigan más dos de la mía. Será como un grupo de reconocimiento para investigar bien que están haciendo las hormigas ahí con los herbívoros. —  Zahir le explicaba a Yatziri mientras la ayudaba a sacar agua del pozo, Ockel como no era exactamente de la manada no tenía derecho a una casa así que habían utilizado para él el antiguo granero de madera. Como ya no se utilizaba podía vivir ahí por algunos días, aunque tenía un bozal y un collar que con una cadena de. Él no debía ver mucho de la ciudad y había sido obligado a mantenerse en forma animal siendo cuidado de cerca por Yatziri.
— ¿Me quedaré a cuidar la manada? — ella lo miró de reojo mientras llenaban las grandes vasijas de agua antes de alzar está con sus manos apoyando la mayor parte en su pecho.
—Tú y Ockel vienen conmigo. Él deberá decidir si es parte de nuestra manada o es parte de las hormigas, incluso tal vez por tener interacciones con ellas puede volver a obtener su memoria. — Zahir suspiró con fuerza, era un gran peligro que esa pantera se les diera vuelta a último minuto pero iba a confiar en la corazonada que habían tenido su pareja y Kael en salvarle la vida.
— ¿Ockel? — ella suspiró con fuerza empezando a caminar, su casa estaba justo en frente del granero, bajó su vasija en frente de la puerta de madera de este para poder abrirla y pasar. Zahir se apuró a seguirla mientras hacían una pausa en su conversación al ver al extranjero.
El zorro miró con curiosidad como la pantera dormía, el bozal estaba hecho con el mismo material que las canastas y el collar igualmente pero reforzado con piel, siendo sostenido por una cadena clavada en el poste. No podía ir muy lejos, no llegaba a los límites del granero.
Yatziri puso agua fresca en un tazón de arcilla antes de acercarlo a la pantera, el alfa no se movió, aun respirando de forma suave como durmiendo pero ambos sabían que fingía.
— ¿Podemos hablar en tu casa? — Zahir se pasó la mano por el cuello manteniéndose en la entrada, apoyando una mano en la cerca. —Quiero explicarte todo. — apretó los labios. Ella se había comportado servicial y comprensiva, en las parejas normalmente ese papel lo tomaban los omegas pero ellos más que pareja eran amigos que se unieron por razones que tenían más que ver con el cariño que con el amor.
—Está bien. — la alfa sonrió asintiendo antes de alzar de nuevo la vasija empezando a caminar, Zahir también volvió a alzar el recipiente de agua caminando tras ella. La casa era como las demás, pequeña y acogedora, donde podrían vivir una o dos personas sin problemas.
Cuando ambos se fueron, Ockel alzó sus orejas abriendo los ojos dejando escapar un gruñido.
Le generaba gran malestar saber que el omega había vuelto, sentía ganas de atacarlo pero sabía que de hacerlo Yatziri lo odiaría. Ella adoraba a ese maldito déspota, comprendiendo su comportamiento esquivo.
Ella merecía mucho más.
Mientras tanto, dentro de la casa Zahir le había explicado todo a Yatziri. Lo que vio exactamente en el primer niño que enterró, como había ido a investigar y cuál fue la razón de traer al niño.
—También quería pedirte disculpas. Te he tratado con desdén y también he sido indiferente, somos compañeros después de todo.
Yo… yo amaba a Kael. Mucho más de lo que yo tenía idea y su muerte fue algo duro para mí pero aun así no debí haberte tratado así. Eres mi amiga y respetaste mis cambios, incluso fuiste comprensiva ante mis ideas cuando debiste haberme obligado a quedarme con la manada.
Yo te prometo que nadie morirá en esta expedición, antes tendrán que tomar mi vida. La manada quedará contigo si algo me pasa…— el joven suspiró con fuerza haciendo una pequeña reverencia, se encontraba arrodillado en frente de ella, inclinado hacia delante clavando su vista en el suelo. Normalmente ese era un gesto de debilidad puesto a que el cuello estaba expuesto, la marca que apenas era tapada por su cabello.
Yatziri se mordió el labio y agarró su rostro con sus manos haciéndolo levantar la mirada, en sus ojos brillando la comprensión.
—Vuelve vivo. — sonrió y lo soltó levantándose, revolviendo su cabello.
Como una hermana mayor hacia su hermano más pequeño. Zahir la dejó hacer apoyando sus manos en sus propias rodillas sonriendo un poco.
—El bebé, lo adoptó su tío. Ismael lo llamó Kael. — contó dando terminado el tema anterior, levantándose para estar a su altura.
—Tendremos otro Kael corriendo por allí. Esperemos que sea alfa. — bromeó antes de buscar sus flechas, sentándose a afilarlas. Zahir dejó escapar una pequeña risa negando con la cabeza antes de sentarse a su lado observándola unos segundos antes de pararse.
—No habrá nadie como nuestro Kael. — suspiró pasando su mano por su cabello acomodándolo hacia atrás. Yatziri levantó su mirada y le sonrió.
—Como tu Kael— corrigió ella.
—Era amigo de ambos. —
—Sí, lo era

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Mile sonrió al recibir el pase que lo habilitaba a salir de la ciudad y luego volver en menos de dos días. Había decidido al fin dirigirse a uno de los negocios de su padre y este se encontraba fuera.
No eran los lugares donde hacían la carne, luego de investigar un poco más notó que las camionetas que había visto en el hospital donde robaron al niño también eran utilizadas en las prisiones que estaban fuera de las ciudades. Tenían que ver con la industria alimentaria puesto a que los presos debían trabajar en las fábricas de estas, sobre todo los que tenían condena perpetua.
La idea de que explotaban a los niños para que trabajaran no era mejor de la suposición de que se los comían, pero tal vez podría recuperar a esos niños robados vivos. O los que quedaran vivos.
No entendía como su padre había logrado enredarse con esa gente pero había logrado que lo recibieran ahí, luego de una semana al fin tendría un poco más de respuestas.
Subió a su camioneta mientras ordenaba todo lo que necesitaría, un botiquín de primeros auxilios, el pase de su padre y el de la ciudad, también una pistola eléctrica por si las dudas. Se pasó la mano por el cuello y al final se puso un collar, aunque no haría ningún efecto que lo mordieran al estar marcado prefería evitar accidentes. Era de cuero y metal, lo suficientemente fuerte para evitar que los dientes de una persona o animal lo perforaran.
También había cargado distintas cosas médicas, desde un desfibrilador hasta antídotos de distintos venenos.
Arrancó observando por el espejo la casa de sus padres, sonrió un poco mientras agarraba mejor el volante antes de acelerar la velocidad dispuesto a tardar lo menos posible en salir.
Había hablado con Jade de vez en cuando, la sensación que tenía cuando hablaban lo avergonzaba un poco pero suponía que eras sentimientos unidos a la marca que ahora los enlazaba.
Su sonrisa volvió a aparecer cuando el guardia de la salida asintió ante su pase y lo dejaron salir, aceleró por varios minutos alejándose de los grandes muros de la ciudad pero luego fue frenando hasta quedar detenido.
Agarró su celular y marcó, suspiró con algo de fuerza cuando lo enviaron al buzón de voz pero sonrió un poco pensando que era lo mejor así la conversación no se alargaba.
—Jade, ya salí de la ciudad, voy a ver a James J. Pavotti en la fábrica tres cercano a la ciudad A-1. — Se mordió el labio pensando que más decir —Tomé mi medicina y también llevo distintos suministros médicos. Te llamaré al salir.
No te quedes sin dormir o comer, por favor. Espero que escuches este mensaje en un buen momento, hasta luego. — no quería sonar a que sería la última vez que lo llamaba pero realmente estaba algo asustado. No sabía si su padre se había reunido alguna vez en persona con ellos y si lo había hecho en una de las instalaciones de la fábrica pero sentía que de otra forma no averiguaría nada. Guardó el celular y escondió la pistola entre su ropa, miró el espejo notando sus propios ojos algo cansados por haber dormido mal pero igual sonrió antes de volver a arrancar.
Bajó la ventanilla sintiendo el aire en su cara mientras conducía, iba a una velocidad bastante rápida pero el camino parecía estar bien. No había visto ningún otro vehículo pero eso no lo sorprendía tanto ya que pocas personas obtenían el permiso.
Tardó casi una hora en llegar al lugar. Se detuvo notando que el lugar estaba rodeado por un canal de agua enorme con un solo puente que podía subirse o bajarse. Acercó el auto lo más que pudo a la máquina que había ahí, era parecida a la de los trenes antes de abordar. Pasó la tarjeta de su padre por ella y luego apareció una pantalla, suspiró con fuerza y empezó a poner la contraseña despacio sonriendo al ver el cartel de correcta.
Su corazón latía con bastante fuerza al ver el puente bajar, cuando la barrera se levantó pasó despacio mirando sin poder evitar al canal con agua que pasaba rápido como un río furioso.
¿Evitaban que alguien escapara o que alguien entrara?
Incluso después del puente debía recorrer varios metros antes de llegar a la puerta. Parecía ser como una ciudad pequeña, grandes muros pero rodeado de pastizales y un canal muy parecido a un río.
Bajó de su camioneta agarrando algunas pastillas y metiéndoselas en el bolsillo, aprovechando para poner una en su boca y tragársela rápidamente.
Volvió a pasar el pase de su padre en la ranura escribiendo la segunda contraseña antes de que las puertas se abrieran. A pesar de que las entradas parecían bastante tecnológicas en el interior de esas paredes solo había edificaciones en medio del pastizal. Había una que parecía un “edificio” de solo dos plantas que era bastante ancho ya que no podía ver por los costados de este.

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