Capítulo 5

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Con el día se apaga la vida.
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Zahir gruñó con fuerza.
En estos momentos sus formas animales no servían.
Las balas estaban por todos lados y los hombres vestidos de un color uniforme avanzaban. La mayoría había logrado salir de la aldea pero los estaban llevando hacia el barranco y él lo sabía.
Volvió a disparar una de sus flechas antes de saltar del árbol hacia las hormigas, gruñó con ímpetu sacando sus cuchillos tratando de defenderse cuerpo a cuerpo.
Debía detenerlos.
Las flechas también volaban por los aires apuntando hacia las manos de las hormigas para despojarlo de sus armas, los más jóvenes trataban de esconderse con los niños pero las hormigas los seguían sabiendo que eran la parte más débil.
Había visto salir a Yatziri y Kael, esperaba que ahora estuvieran en un lugar seguro.
Varias hormigas empezaron a volverse a su forma animal, mayormente eran lobos o linces.
Sintió una bala rozar su brazo y se lanzó hacia los animales clavando sus cuchillos de forma limpia en su pecho.
Olía a sangre entre los árboles, tanto de su gente como la de las hormigas.
¿Por qué aún los atacaban?
La mayoría de su gente estaba en los árboles, con sus armas ya que no podían hacerles frente con sus formas animales.
- ¡Zahir! ¡Ya estamos logrando detenerlos!- la voz de Yatziri lo hizo virar la vista pero enseguida volvió a saltar hacia el árbol trepándolo con habilidad, tirando su cuchillo con fuerza.
Debían mantener a las hormigas en esa línea mientras el resto se desplazaba hacia su otra base del bosque.
Algunas hormigas dispersas lograban pasar pero sabía que podían hacerle frente siendo más ellos que la hormiga perdida.
- ¡Kael!- esa vocecita de niño lo hizo voltear la mirada, el niño corría hacia la dirección equivocada pero con gran habilidad. Era el hermano de su amigo.
-Yatziri. - dijo asustado mirando hacia el pequeño de nuevo, notando como algunas hormigas dispersas empezaban a seguirlo.
- ¡No podemos movernos ahora!- la chica gritó y lanzó la flecha hacia una de las hormigas que seguían al niño antes de concentrarse en detener a la colonia.
Zahir trató de no sentir pánico, el niño era rápido y a lo sumo solo había tres hormigas.
¿Cómo miraría a los ojos de su amigo si el niño moría?
Agitó la cabeza.
Ahora debía velar por toda la manada, a veces algunos morían pero los más fuertes sobrevivían. Los niños sin padres pocas veces lograban sobrevivir.
Sintió sus piernas temblar al sentir ese aroma dulce, por unos segundos volteó la mirada notando con terror como el omega corría hacia el niño alzándolo y empezando a correr hacia la dirección correcta.
No, no, no.
¡Kael, Kael!
Ninguno de los dos era tan fuerte y la manada ya estaba demasiado lejos como para darse cuenta que ellos estaban atrás.
Se giró y lanzó otra flecha que no dio en ninguno, frustrado se dio vuelta para no mirar tratando de convencerse de que eran lo suficientemente rápido.
- ¡Zahir, concéntrate! ¡Van a lograr pasar!- Yatziri le gritó golpeando su cabeza sin mucha fuerza con su arco. El joven miró hacia los demás que también seguían tratando de parar el avance de la colonia.
Respiró profundo y saltó hacia las hormigas haciendo que los demás también lo hicieran, obligándolos a retroceder.
Algunas ya habían retrocedido así que las pocas que quedaban también lo hacían, varios cuerpos eran usados de escudos y aún debía evitar algunas balas pero habían aprendido con el tiempo como matar a un animal carnívoro estando en forma humana.
- ¡Kael!- el niño miró asustado hacia atrás de ellos, su hermano corría con destreza entre los árboles evitando que las balas le llegaran. Kael tembló sintiendo un fuerte dolor en el tobillo cayendo de bruces al suelo con el niño en brazos, miró hacia sus pies notando que una bala lo había alcanzado y su pie sangraba profundamente. Dejó escapar un grito y miró hacia el niño, soltándolo al instante para luego darse vuelta mirando la hormiga que corría hacia él.
Sacó el cuchillo que tenía escondido entre sus ropas, empujando suavemente a su hermano pequeño quien entendió el mensaje y empezó a correr.
Respiró profundo tratando de levantarse pero cayendo enseguida.
Gruñó al ver a la hormiga frente a él, podía sentir la sonrisa del hombre a través de su máscara. Miró de reojo hacia donde se había ido su hermano antes de sentarse apretando el cuchillo en su mano.
Pero no lo tiró, solo apuntó realmente aterrado y adolorido.
No podía matar a alguien para salvarse a él mismo, su ideología no se lo permitía.
Cerró con fuerza los ojos murmurando una oración pero alguien le arrebató el cuchillo de su mano.
- ¡No, Ismael!- gritó aterrado cuando su hermano pequeño saltó hacia adelante de él apuñalando en el cuello a la hormiga quien cayó empezando a sangrar y a ahogarse con su propia sangre.
Se levantó por pura inercia al ver a la otra hormiga apuntar, la adrenalina hizo que pudiera saltar abrazando con fuerza al pequeño poniendo las partes del cuerpo donde la bala no lo atravesaría.
Sintió el fogonazo y el dolor recorrerle la espalda mientras escupía un poco de sangre aferrado al niño que sollozaba, trató de mantenerse quieto con desesperación sintiendo el metal frío del arma que se apoyaba en su cabeza.
Había obligado a Ismael a matar.
Solo por no hacerlo a él.
Había hecho a un niño pequeño quitarle la vida a alguien.
- ¡Kael!- Zahir soltó la flecha atravesando la mano del hombre antes de que pudiera disparar, corrió hacia su amigo volviendo a apuntar atravesando el pecho de la hormiga.
Escuchó un grito de Yatziri pero no le hizo caso, corrió aterrado hacia el omega sintiendo su corazón latir en la garganta.
Ismael salió de abajo de su hermano manchado en sangre, aún con el puñal en la mano.
-Zahir...- el niño sollozó mientras se desplomaba sobre el suelo, apoyando su manito en el cabello de su hermano mayor.
Zahir lo dio vuelta con cuidado sintiendo su corazón apretarse cuando su amigo le sonrió, lo alzó en brazos sintiendo que temblaba y miró hacia los demás notando que las hormigas al fin se estaban retirando.
Kael era el único curador.
Empezó a correr hacia el lugar de encuentro mientras el aroma a sangre inundaba sus fosas nasales, el niño se adelantó en su forma animal, corriendo más rápido.
Los demás guerreros sabrían terminar la batalla.
-Zahir...- susurró suavemente alzando su mano tocando su rostro, el zorro lo miró unos segundos notando la sonrisa cansada que era manchada con el hilo de sangre que salía de sus labios. Apretó los labios tratando de no sollozar.
No debería sorprenderlo.
Kael era él más débil y era obvio que era el siguiente en morir.
Pero Kael era la paz, su paz. No quería que se extinguiera.
Notó como lo miraron cuando llegó, él solo corrió hacia una de las tiendas y entró dejando al omega en el suelo, arrodillándose a su lado. De manera rápida lo despojo de la ropa haciendo que se sentara, mirando muy aturdido la cantidad de sangre que salía de su espalda y su tobillo.
El más joven sonrío y estiro su mano sacando de entre sus ropas las hojas que guardaba.
-Presiona las heridas con la ropa, córtala en pedazos. - susurró suavemente con mucho esfuerzo. -Haz la hoja papilla y ponla sobre la herida, luego pones el retaso de ropa. -
Zahir siguió las indicaciones mientras sus manos temblaban, limpió la sangre como pudo y machaco las hojas con sus propias manos antes de colocarlas.
Agarró con fuerza la mano de su amigo. Sentía que las lágrimas hacían fuerzas por salir de sus ojos pero las contuvo, su corazón latía dolorosamente en su pecho y tenía la sensación de que si decía una palabra terminaría por romperse.
-Zahir... me voy a morir. - Kael susurró suavemente con tranquilidad, mirando con ojos algo apagados al carnívoro. Zahir sintió una fuerte opresión en el pecho y agarró con más fuerza su mano tratando de no temblar.
-No, no lo harás. Te curaras, como has curado a personas que tuvieron heridas de bala. - murmuró con voz quebrada sintiendo como algunas lágrimas escapaban de sus ojos al ver la sonrisa adolorida de su compañero.
Eso no podía terminar allí, Kael no podía escaparse entre sus dedos con esa mirada, con esa sonrisa triste, incapaz de luchar por seguir con vida.
Él debió haberlo elegido a él, no a la manada.
¿Por qué había elegido proteger a la manada sobre proteger a la paz de ella?
-Las balas siguen adentro, se infectará, incluso si sobrevivo hoy voy a morirme mañana. - el menor se acostó lentamente en el suelo sintiendo dolor en todo su cuerpo. -Tenían razón. ¿Sabes?
Siempre pensé que él nos enviaba a no matar, nos enviaba a hacer la diferencia.
Pero... necesitamos defendernos y él lo entiende. - murmuró con voz apagada aunque sonriendo, como alguien que estaba muy cansado y estaba a punto de dormirse. Pero si él se dormía no volvería a despertar, no volvería a escucharlo hablar ni volvería a verlo jugando con su hermano, lavando o simplemente siendo él. Zahir sollozó sintiendo como las emociones golpeaban su garganta y se acostó a su lado mirándolo a los ojos sintiendo como su corazón de rompía de a poco, tratando aún de aferrarse a una esperanza.
-Dios no existe ¡No existe! Si existiera te hubiera salvado. - gruñó con fuerza con enojo, acariciando la mano de su mejor amigo.
Solo podía volver la tristeza enojo, enojo contra todo.
Contra las hormigas, contra la manada, contra el maldito Dios que Kael tanto adoraba.
-Tal vez era necesario que muriera, así tu podrías avanzar.- susurró suavemente acariciando su mano sin dejar de mirar a los ojos de su líder sonriendo suavemente como que si no pasara nada, un ligero hilo de sangre salía por el costado de su boca pero fue limpiado por los pulgares de Zahir quien trataba de no gritar de rabia.
Era injusto.
- ¡No seas estúpido! ¡Vas a vivir!- alzó su voz con furia volviendo a sollozar sintiendo su cuerpo temblar.
Estaba ahí sin poder hacer nada, lo único que podía hacer era quedarse a su lado observando sus ojos sin moverse pero eso no ayudaría a mantenerlo despierto.
-Yo soy el curador aquí, Zahir. - dejó escapar una pequeña risa a pesar del dolor, sonriendo al final acariciando suavemente el rostro de su líder dejando algunas marcas de sangre en este. -Tú vas a poder averiguar porque nos atacan, que hay más allá de nuestros bosques, con quienes se están alimentando. Necesitamos que el mundo cambie y estoy seguro que eres el inicio de eso. - murmuró con suavidad cerrando los ojos pero abriéndolos unos segundos después manteniendo la sonrisa en su rostro como que si la vida no se le estuviera escapando con cada minuto.
-Estás delirando ¡No todo tiene un propósito! Por favor Kael...- agarró su mano con las suyas llevándola a sus labios. -No te duermas...- dio pequeños besos en sus dedos mientras las lágrimas mojaban sus mejillas.
Él debía ser un líder pero en ese momento lloraba porque no quería soltar a su amigo.
No podía terminar así, no.
Ambos se miraron por varios segundos antes de que Zahir se apartara, él se sentó con cuidado y dejó su carcaj de flechas a un lado antes de despojarse de su ropa dejándola con cuidado a un lado suyo. Observó al otro omega sintiendo su garganta seca antes de volver a acostarse y abrazarlo tratando de que no se fuera.
La muerte era algo que debían aprender a enfrentar pero no quería que aún se fuera.
Ni siquiera podía obligarse a decir esas palabras que tanto anhelaba.
Kael le sonrió.
Ese tipo de intimidad solo era para las parejas.
Tembloroso por su debilidad alzó sus manos acariciando las mejillas de su líder sonriendo con felicidad.
-No quiero que te detengas por mí. Tu vida seguirá. - susurró cerrando un poco los ojos, sintiendo que los parpados le pesaban.
-No lo hará. - Zahir murmuró aún con lágrimas en su rostro acariciando sus manos con suavidad para luego entrelazarlas.
Mirando a los ojos del que siempre había sido su mejor amigo sintió que esas palabras cosquillaban en la garganta. Kael sonreía a punto de dormirse presionando sus manos también con las suyas con las pocas fuerzas que le quedaban.
Abrió los labios para decir algo, rebelar todos los sentimientos que quería expresar pero escuchó como alguien tocaba la tela por afuera. Zahir se tragó todos sus sentimientos y se levantó vistiéndose, sin soltar una de las manos de su compañero.
Se pasó el brazo por la cara tratando de controlar y disimular las lágrimas antes de hablar.
-Puedes pasar. - alzó la voz y al instante el pequeño niño entró asustado arrodillándose al lado de su hermano mayor. Kael le sonrió y agarró con su otra mano libre la del pequeño.
-Hermano...- Ismael tembló lloroso y se inclinó besando su frente empezando a llorar. -Duerme bien, hermano. - susurró con dulzura.
Zahir tragó de nuevo sintiendo como si una daga atravesara su pecho.
Kael los abrazó a ambos antes de cerrar los ojos.
-Buenas noches, tesoros.

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Gracias a quienes leen! Traeré otro capítulo esta semana.
Lamento no hacer las dedicaciones esta vez. Pero en el proximo capítulo lo haré ♥

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