Capítulo 21: Entendiendo.
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Había alimentado al niño con agua y papillas de algunas frutas, sabía que un bebé no debería alimentarse tan pronto de ello pero necesitaba que sobreviviera los cincos días. Había parado a limpiarlo una vez que estuvieron lejos, al menos el pequeño no parecía reacio al agua aunque dormía bastante pero cuando lloraba, lloraba mucho y de forma estridente.
Zahir jadeó deteniéndose, había llegado al llamado laberinto. Había grandes muros de rocas hechos naturalmente tal vez por la erosión del agua, estaba lleno de niebla y no se podía ver a más de un metro. Abrazó más al niño contra su pecho, desde la noche anterior estaba muy caliente, tal vez tenía fiebre pero él no sabía cómo tratarla en un infante tan pequeño.
Cerró los ojos y entró a la niebla. Caminó por el camino que se sabía de memoria, abrir los ojos era inútil, cuanto más se adentraba la niebla se hacía más espesa.
Estuvo casi cuatro horas caminando, ignorando el dolor en las piernas y solo abriendo sus ojos al escuchar al bebe quejarse.
—Shhh— susurró suavemente mientras lo acunaba. Se acercó a una estatua pensando que ninguna hormiga había logrado llegar hasta ella. Siempre morían antes, por alguna razón nunca podían saber a dónde ir ya que el aroma del lugar era fuerte y camuflaba los aromas de los herbívoros.
Algunos decían que aunque parecía ser tecnología había algo de magia en ella. Por suerte el lugar siempre lo había reconocido y había podido hacer ese tramo solo sin estar entre la manada.
Tanteó con sus dedos las ranuras hasta encontrar la correcta tirando de esta hacia afuera. Una pequeña abertura de abrió a la derecha de la estatua y Zahir sostuvo al bebé con una mano mientras que entraba a la otra en ese lugar.
Sintió algo caliente recorriendo su mano y luego la sacó dando algunos pasos hacia atrás. Escuchó el típico “Clic” antes que los muros de atrás de la estatua abrieran una abertura mucho más grande y dejaran entrar el sol.
Sonrió y entró tocando el muro una vez dentro haciendo que las “puertas” se cerraran.
Estaba en la parte alta, podía ver a lo lejos donde se reunían todas las manadas.
Había casas, escaleras y caminos de piedra. También había grandes edificaciones donde las manadas se mezclaban con otras, era lugares en común.
Podían verse más o menos a los grandes muros de piedra que rodeaban el lugar, pero lo más lejanos se veían muy pequeños denotando lo inmenso que era el territorio seguro. Si no se inundara una vez al año se quedarían ahí para siempre.
Miró hacia el camino que estaba a su lado y empezó a correr. Tardaría un rato en llegar y el bebé necesitaba alimento, y alguien que lo sanara.
— ¡Zahir! — era como una ciudad, había gente caminando en la calle y algunos intercambiaban algunas cosas. Paró de pronto al escuchar a Yatziri, iba a seguir adelante pero se recordó la propia promesa que se había hecho así que se quedó en su lugar. La sonrisa de su amiga cambió a una expresión de confusión al ver al bebé.
—Necesita atención de un curador. — murmuró, ella asintió.
—Llévalo a la zona de curadores, la mayoría manadas ya están aquí. Ahí encontraras a algunos. — le revolvió el cabello sonriendo —Me alegro que estés bien. Aunque habrá que buscarle una familia al pequeño. — ella siempre le seguía la corriente. Desde que se habían unido ella no reclamaba sus acciones ni pedía explicaciones que le debía.
Lo hacía sentir culpable.
Ella estaba siendo tan comprensiva por la muerte de Kael con él, que no le importaba que el la ignorara y la sacara de sus decisiones. Tampoco juzgaba sus acciones impulsivas y le estaba dando tiempo de sanar.
Si no hubiera conocido a Kael, tal vez la hubiera amado.
— ¿Ismael? — preguntó sintiéndose un idiota por no poder externar sus disculpas. Se sentía avergonzado de ser tan débil al final del día. Bajó la mirada al bebé quien se quejó mientras se removía entre sus brazos.
—Mi tío lo sigue cuidando, pero aquí se ha reunido con los otros niños. Uno de los curadores del norte accedió a enseñarle en estos meses lo que necesita para empezar. — le explicó rápidamente así podía irse. Zahir asintió empezando a caminar pero se dio vuelta a mirarla.
—Gracias por todo lo que haces por mí. — habló un poco alto aunque sabía que ella escucharía el susurro. No pudo evitar sonreír al ver su sonrisa pero no se quedó mucho tiempo para verla, empezó a caminar rápido hacia la zona de curadores.
Dos horas después le habían dicho que el bebé estaba fuera de peligro, luego de dejarlo con una madre nodriza para que lo cuidara unas horas corrió hacia una de las edificaciones que estaban sobre una plataforma más alta.
Su manada era pequeña, las manadas más grandes eran cuatro y sus líderes eran líderes mayores para todas las demás manadas cuando estaban en el lugar seguro. Iba a ir antes de que lo llamaran, un niño que olía a hormigas, sacado de la nada y traído por el líder omega de una manada pequeña cuando ningún bebé había sido reportado como desaparecido.
Se detuvo.
—Primera vez que guías a tu manada y la dejas llegar sola.
Realmente tienes unas prioridades horribles, por eso los omegas no deberías ser líderes. Mucho menos un carnívoro que lo único que piensa al final del día es en alimentarse. — se erizó su piel al escuchar la voz detrás de él. Dio un salto gruñendo hacia el alfa mirando hacia arriba.
Abasi.
Casi dos metros de altura, piel morena y ojos de color gris. Su musculatura era totalmente envidiable, tenía una cicatriz sobre el ojo derecho que seguía hacia su labio. Quien sabía porque milagro aún podía ver por ese ojo, pero la cicatriz se extendía en su parpado.
A pesar de ser un alfa con un aroma y un tono totalmente dominante no solía ser desdeñoso con los omegas, tenía más problema con el hecho de que su forma animal era carnívora.
—Tenía que ver si había otro niño perdido y de donde salían esos niños. Uno murió en mis brazos, debía averiguar el lugar de donde venía. — su cola y sus orejas habían salido sin darse cuenta, sus orejas estaban erguidas y se sentía totalmente alerta bajo la mirada seria del líder de la manada más grande que habitaba ahí.
Siempre había tenido aversión hacia ese hombre ya que su presencia tan aplastante solía ser bastante atractiva, pero ahora que estaba unido estaba lejos de las garras de caer por los aromas o instintos bajos que tenía por ser omega.
Cruzó sus brazos y gruñó.
—Debiste haber enviado a alguien, lo único que estabas haciendo era escapar de los problemas. Ese bebé tiene aroma a herbívoro pero también hay grandes rasgos de hormiga en él.
Los omegas tienen ese instinto maternal pero no podemos criar al enemigo. No se te obligara a matar a ese niño, pero no puedo decir lo mismo de lo que acarrea tu manada.
¿Ockel, lo llaman?
Ese hombre cuanto antes debe ser sacado de aquí. De volver a tener sus recuerdos nos traicionara a todos, a ustedes y a tu compañera sobre todo. — fue directo. Zahir resopló levemente y asintió. Sabía que Ockel no iba a durar mucho, todos lo sabían. Y aquí tal vez era una amenaza mucho más fuerte.
—Lo sé. Pero no solo vine a hablar solo con usted si no también con los otros tres. — respondió con tono respetuoso pero serio, bajando la mirada hacia el suelo sintiéndose algo presionado.
Abasi presionó sus propios labios y asintió empujándolo levemente por el hombro hacia dentro de la sala, Zahir gruñó levemente pero se adelantó ganándose un golpe algo duro en la cabeza para que se rezagara.
Tuvo ganas de atacar pero aun así se mordió la lengua y se quedó quieto dejando que el alfa fuera primero, empezando a caminar cinco pasos detrás de él.
Pasaron de la sala a otro pasillo de piedra, se detuvo a la entrada de la segunda sala dejando que Abasi entrara. El aroma a omega en celo lo golpeó con fuerza haciendo que diera unos pasos hacia atrás sintiendo nauseas.
Abasi miró de manera reprobatoria al hombre que estaba sentado sobre la piel de un lobo sobre el suelo. Su cabello era rubio y largo, a pesar del aroma obviamente a omega su musculatura igual al promedio aunque su altura no rebasaba el metro ochenta. Sus ojos eran celestes y sus rasgos eran suaves a pesar de las pequeñas cicatrices que recorrían su torso que estaba al descubierto.
Gahiji.
Era el líder de la segunda manada más grande, su aroma en el celo solía ser tan fuerte y atrayente que incluso podía atraer a alguien unido. Lo especial que tenía ese hombre es que podía deshacer su marca de unión, solía pasar el celo con personas distintas cada vez y se dejaba marcar, solo para que esta marca desapareciera una vez terminado esos días.
Tenía dieciséis hijos en total y parecía que este año pensaba tener otro más.
—Controla tus malditas feromonas. — Abasi ni se inmutó, solo frunció el ceño sentándose alejado de él.
Zahir se llevó las manos a la nariz y boca dando pasos hacia dentro, tratando de no reaccionar violentamente. Gahiji usaba sus fuertes feromonas dentro y fuera del celo para manipular a quienes quería, aún en celo lograba mantener su conciencia pudiendo elegir cuando caer en los deseos y cuando no hacerlo.
A pesar de todo ello, siempre había logrado usar sus feromonas contras las hormigas también. Una larga lista de hormigas muertas por él estaba escrita detrás de cada uno de sus pasos.
—Yo hago lo que se me de la gana. — a pesar de ser adulto seguía siendo algo maleducado con los demás líderes.
Zahir trató de ignorar la pequeña pelea de palabras que se formó entre ellos dos mientras observaba a los demás. Una mujer estaba sentada en una piel de león. Con los brazos cruzados y cabello castaño que llegaba hasta su cintura, llevaba un velo sobre su rostro tal vez para tener resistencia ante las feromonas de Gahiji. Ella era Kiya, el número de gente que tenía era casi tan grande como el omega.
Por ultimo estaba Issa quien era el más anciano de ellos, su pelo estaba lleno de canas y sus manos de arrugas. Su aroma ya no se podía identificar como alfa u omega, sus ojos se mostraban cansados sabiendo que su muerte estaba cercana.
—Niño. — lo llamó con su voz anciana, sonriendo de manera suave. Sabía que se había llevado bien con su padre, incluso él había aprendido algunas cosas de Issa. Aun no entendía como hacía un hombre tan viejo para hacer el viaje todos los años sin retrasar a su manada y ser el que tenía menos bajas en las peores épocas.
Zahir se acercó y se arrodilló ante él, poniendo las manos en el suelo antes de inclinarse dejando que su cabello tapara un poco su rostro.
—Solo deseo que me escuchen.
Sé que tal vez no lo merezco ya que abandoné a mi manada en el medio del camino.
Sé que soy joven pero eso no me perdona errores. También soy un carnívoro y todas mis fallas suelen ser asociadas con ello. — se levantó con cuidado pero se mantuvo arrodillado mirando a los ojos del hombre que había visto tanto en su vida. —Pero las hormigas están haciendo cosas más horribles que matarnos, en los lugares que ignoramos hay personas que sufren un infierno.
Tan horrible que son capaces de matar a sus hijos, porque la muerte es mucho mejor esa vida.
Los ojos de una madre desesperada no mienten—
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Gracias a quienes leen! owo
gardenne
pandiita_k
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Carnívoro
RandomLuego de la guerra, solo existen los omegas y alfas que tiene una forma animal además de la humana. Todos carnivoros. Los animales reales se han extinto y solo han quedado los insectos. Pero aún así en la mesa de cada familia se sirve carne. ¿Es r...
