Capítulo 16

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Capítulo 16: Yo sabía que existían.

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Prendieron fuego por primera vez desde que habían empezado a transportarse, habían juntado leña y la habían rodeado con piedras, al igual que mojaron a su alrededor para que el fuego no se propagara. Era de noche y todos habían hecho una ronda alrededor de la hoguera mientras comían frutas.
Yatziri había dejado que Ockel formara parte de la ronda y lo había sentado entre ella y Zahir para evitar que incomodara a alguien más.
Todos estaban algo cansados, llevaban varios días caminando y aún faltaban varios días para llegar a su destino.
Ockel se sentía incómodo, había logrado curarse y al fin podía a caminar al mismo paso que los demás pero por las noches era atado para evitar que atacara a alguien. No recordar le daba dolores de cabeza y se sentía un inútil puesto a que fue la información lo que había motivo a Yatziri a mantenerlo con vida.
No era parte de la manada y seguramente nunca lo sería, cuando recordara tal vez podría decirles todo lo que sabía y luego irse hacia su casa si es que tenía casa. 
También estaba el hecho de que sentía cierto rechazo hacia Zahir a pesar de que este fuera un omega, no le agradaba como este solo le daba algunos minutos de atención a Yatziri para luego concentrarse en cualquiera otra cosa. Miró con algo de rencor al omega a su lado cuando este se levantó de pronto preguntándose cómo alguien tan inmaduro y desagradecido podía guiar a tanta gente.
— ¿Qué sucede, Zahir?— Yatziri se levantó dejando de comer obviamente preocupada al ver a su líder medio olfateando el aire. Las personas de la manada habían callado sus murmullos abruptamente para dejar que el zorro escuchara lo que necesitaba escuchar.
—Hay alguien. — susurró al fin aspirando el aire. Como depredador podía sentir a alguien, el olor era leve y muy lejano.
Tal vez era un herbívoro perdido de otra manada que trataba de dirigirse hacia el refugio pero estaba yendo hacia el lado contrario.
Ockel trató de aspirar para reconocer algún olor pero el aroma de todos los que estaba ahí lo confundía. No podía oler nada raro.
Pero Zahir ya estaba acostumbrado al aroma de la manada y sabía cuándo el olor no era de alguien de su grupo. Mayormente las manadas no se cruzaban en ningún momento una vez fuera del refugio que los protegía de todo depredador, cada una tenía sus caminos y el lugar a donde iban para pasar la estación de inundación.
No había problemas con las uniones entre personas de distintas manadas y tenían libre albedrío para elegir en cual quedarse. Su propia madre había sido de las manadas del norte y al casarse con su padre se había integrado a esta.
—Tal vez son hormigas. — Yadel se levantó con rostro serio, luego de la pelea con el joven había cierta tensión en el ambiente entre estos dos, tanta que ponían a Yatziri nerviosa y algo sobreprotectora con su omega.
—No, tiene olor a herbívoro, parece ser un menor de edad. Se está alejando del camino pautado por cualquiera de las manadas, voy a ir por él. Yadel, Yatziri, quedan a cargo— habló más alto antes de agarrar su carcaj con flechas y su arco, poniéndose un abrigo de piel para protegerse del frío de la noche que acechaba fuera de los alrededores del fuego.
—Ten cuidado, Zahir. — murmuró la alfa preocupada pero sin insistir en que fuera acompañado, sabía que Zahir no se lanzaría a algo muy peligroso solo. Tal vez había estado algo ido y cerrado desde la muerte de Kael pero no era un idiota, no del todo.
Ockel miró la conversación dando un pequeño resoplido al ver al omega salir corriendo solo respondiendo con un asentimiento ante lo que le decía su pareja.
¿Cómo no podía darse cuenta de la increíble mujer a la que se había unido?
Yatziri se sentó al lado de él de nuevo y no pudo evitar repasarla con la mirada. A pesar de cómo se vestía era una mujer hermosa y fuerte, su aroma a pesar de ser algo invasivo como el de cualquier alfa tenía algo que lo atraía más allá de lo sexual.
Bajó la mirada hacia la marca en su cuello sintiendo algo de rabia.
Los alfas eran bastante dominantes con lo que pensaban suyo.  Yatziri le devolvió la mirada con el ceño algo fruncido y se obligó a mirar hacia otra parte comiendo lo que tenía en sus manos, las verduras no le gustaban tanto pero no había mucho más que comer en una manada de herbívoros.
—Cuando todos terminen tendré que atarte. — murmuró ella y Ockel solo asintió tratando de ser lo suficientemente sumiso para no molestar a nadie.
No le gustaba mucho serlo pero si no lo era se iba a ganar un bozal.
Yadel se levantó y caminó lejos del fuego, yéndose entre los árboles. Ese comportamiento lo había visto durante varios días, el hombre adulto siempre volvía con hierbas que repartía entre los omegas. Yatziri le había explicado que era un tipo de supresor para evitar que entraran en celo de manera inesperada.
Zahir por mientras corría en forma humana por el bosque mientras el aroma lo guiaba. Había algo distinto en ese aroma, era a herbívoro pero no era característico de ninguna manada.
Cuanto más pasaban las horas y más se acercaba sentía que el aroma se mezclaba con sangre, sintió el corazón latiendo con fuerza. Lo hubiera alcanzado hacía tiempo si él dejara de moverse pero el dueño del aroma caminaba sin rumbo y lo más veloz que podía pero cada vez iba más lento.
Zahir paró de pronto aspirando profundo, sus mejillas estaban rojas y su pecho dolía por el aire frío que respiraba.  
Observó el lugar, era de noche y los grandes árboles no lo dejaban ver a muchos metros pero la noche era clara. La luna y las estrellas alumbraban lo suficiente como para moverse con relativa facilidad en conjunto de su buena vista.
Caminó despacio sintiendo el aroma cerca, escuchando leves jadeos así que apuró el paso hasta llegar a una depresión del terreno. Apoyado contra un árbol estaba un niño de piel morena y largo cabello negro, omega sin duda, con solo un pantalón como ropa y con los pies muy lastimados.
Zahir se acercó despacio notando que su brazo sangraba profundamente y se había infectado, ese borde negro no auguraba nada bueno.
—Niño. — lo llamó sintiendo su voz temblar al ver el camino de sangre que venía del lado contrario. Ese pequeño había perdido demasiada sangre en el camino. Los ojos castaños lo observaron y notó el terror en su mirada.
—No me lleves de vuelta ¡Por favor! Voy a morirme... déjame morir aquí...— el niño sollozó tratando de levantarse para escapar pero ya no tenía fuerzas, fue en ese momento cuando notó lo que el niño tenía grabada en sus costillas.
VWE-223.
Jadeó al notar que eran las inmensas letras que estaban grabadas en esos lugares de hormigas que no eran ciudades, miró al niño alarmado sintiendo como sus ojos se aguaban.
¿Tenían acaso niños cautivos ahí?
Se arrodilló con cuidado sabiendo que no podía hacer nada por la vida del niño y se quitó el abrigo sintiendo la impotencia recorrer su cuerpo, con cuidado rodeó al pequeño con la manta abrazándolo contra su pecho.
—Morirás libre, pequeño cachorro. — susurró levantándose llevando al joven con él en brazos.
El niño tembló y sonrió con los ojos casi cerrados.
Su rostro mostraba golpes al igual que todo su cuerpo, moretones azulados y horribles que no se veían en la lejanía.
La pequeña mano se levantó y tocó su rostro mientras Zahir empezaba a caminar despacio, dejando que el niño mirara las estrellas y el bosque mientras trataba de transportarlo.
—Tú eres... un hombre libre ¿Verdad? A veces podemos sentir su aroma... pasando lejos de nosotros. Pero siempre nos alegra tanto pensar que afuera de esos muros... que afuera de ese infierno hay personas viviendo libres. — murmuró con voz baja haciendo esfuerzos para mantener sus ojos abiertos con una sonrisa que mostraba absoluta felicidad. —Viniste a que me fuera siendo libre ¿Verdad? Podré ver a mi mamá en las estrellas... podré irme de este mundo afuera de esos muros...— acarició con cuidado uno de los mechones del mayor con admiración que hizo que su pecho doliera.
Zahir paró y acarició con cuidado el cabello del pequeño abrigándolo más dejando salir sus feromonas para hacerlo sentir tranquilo. Tenía ganas de llorar.
¿Cómo las hormigas podían ser tan crueles? ¿Cómo podían marcar con fuego la piel de un niño, golpearlo, encerrarlo, lastimarlo?
Besó con ternura la frente del pequeño y asintió suavemente.
—Sí. Vine a demostrarte que existen personas libres, nos persiguen para matarnos pero logramos salir adelante. Tenemos manadas y un lugar seguro que nos sirve casi todo el año. Las manadas somos familias y nos movemos juntas.
Yo soy líder de una. — murmuró tratando de que no se durmiera, sintiendo su corazón latir con fuerza mientras se sentaba en el suelo con el niño en el regazo rodeado por la manta, bajó un poco está mirando la herida del brazo y tiró un poco de lo que le cubría para sacar una tira para lograr vendar la herida.
— ¿Cómo te llamas? A nosotros no nos dejan tener nombres. Solo somos números. — susurró el niño dejándolo hacer, apoyando su cabeza contra el pecho del omega sonriendo al escuchar los latidos fuertes del mayor.
—Mi nombre es Zahir. ¿Cómo quieres llamarte, cachorro?— preguntó agachándose y tocando su nariz con la suya sabiendo que la vida del niño se estaba escapando entre sus dedos.
No había nada que hacer.
No llegaría a la manada con el pequeño despierto.
La sangre, la infección, las heridas, los golpes...
—Quiero llamarme Libre ¿Puedo?— murmuró sonriendo ya con los ojos cerrados, agarrando con fuerza la mano del carnívoro. Zahir asintió y levantó su mano besando sus nudillos empezando a tararear antes de abrazarlo con fuerza pero con cuidado empezando a acunarlo.
—Puedes llamarte como desees. Desde ahora serás libre. — susurró sin dejar de moverse para acunarlo, besando su frente como una madre haría tratando de transmitirle tranquilidad a pesar de que sentía que se estaba rompiendo en pedazos.
Nunca se habían fijado en esos grandes muros tapados, solo los evadían sin tratar de entender que sucedía en los lugares que no eran hormigueros. Nunca había pensado que tuviera a niños ahí... tal vez incluso tenían adultos ¿Qué les harían, porque los tenían cautivos?
Apoyó suavemente al pequeño contra su pecho al notar que cerró los ojos dejándolo acurrucarse contra su torso.
—Serás el pequeño Libre. Y eres parte de mi manada ahora. — susurró tratando de que su voz no se quebrara, acariciando la mejilla del niño quien sonrió sin abrir sus ojos.
—Gracias por encontrarme... Hombre libre... Yo sabía que existían...— murmuró antes de que respiración se volviera acompasada.
Zahir acarició su mejilla sintiendo como las lágrimas empezaban a deslizarse por sus mejillas, abrazó al pequeño con fuerza sollozando sintiendo un fuerte dolor en el pecho.
¿Qué ser tan cruel le hacía eso a un niño?
Y ellos lo habían permitido. Solo habían ignorado y se habían alejado, no investigaron, dejaron que las hormigas mantuvieran en prisiones a pequeños que trataban de escapar y al hacerlo morían.
Respiró profundo cuando el pequeño empezó a cambiar a su forma animal sabiendo que la vida se había ido de ese niño que tenía tanto por vivir.
Un pequeño ternero quedó en sus brazos rodeado por la manta así que solo lo abrazó con más fuerza dejando que el sollozo se intensificara.
Podía oír su propio corazón latir con fuerza mientras las emociones se intensificaban.
—Perdón, Kael. — Empezó a murmurar sin dejar de acunar al niño en sus brazos —Estábamos tan concentrados en huir de las hormigas que nunca nos preguntamos...
Nunca hicimos  nada...— dejó que las lágrimas salieran mojando el pelaje del niño, sentía frío y su cuerpo temblaba por este pero no se movió.
Habían dejado pasar esto por tanto tiempo.
¿Cuantos más estarían atrapados en esas paredes?
Y entonces, con un fugaz recuerdo, entendió porque la muerte del niño le había dolido tanto.
Tenía la edad de Ismael.
El hermano menor de Kael que había jurado proteger.

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Gracias a quienes leen :3
gardenne

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