Veinticinco.

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La noche fue corta para todas las horas de sueño que traía encima y cuando me desperté gracias al poco sol que llegaba desde afuera quise gritar y que llegara la noche otra vez. Tomé mi celular y cuando vi la hora salté de la cama, una y treinta de la tarde y yo recién había despertado. Aunque estaba sorprendida con la hora me di el tiempo de estirarme en mi cama y de mandarle un mensaje a Andy un mensaje, mi primer día lejos de casa y de mi mejor amigo no sería nada fácil y recién lo estaba empezando.

-¿Hola, dormilona? –Escuché hablar a Isaza desde el otro lado y como era poco común en él, su voz sonaba suave y tranquila como si no quisiera molestar.

-Pasa. –Dije mientras me sentaba en la cama cruzando mis piernas y haciendo el intento de peinar un poco mi cabello.

-¿Cómo dormiste? –Una vez que entró a la habitación y cerró la puerta detrás de él se sentó el borde de la cama.

-No me quejo, aunque es raro despertar en un lugar que no es tu casa.

-Desde hoy esta es tu nueva casa, Belén. Y lo será hasta que te aburras de nosotros.

Lo miré con una sonrisa ladina y antes de poder abrir la boca para decir algo escuché un grito de rabia desde el primer piso.

-¿Ya empezó el partido? –pregunté riendo al imaginarme a Villamil sentado en el sofá con el ceño fruncido. Lo conocía tanto que sabía que si Colombia perdía lo mejor que podía hacer era tratarlo con amor y dejar el bullying para otro día.

-Sí, me sorprende que no haya escuchado antes los gritos de Juan Pablo, ya van treinta minutos de partido y ningún gol de Colombia. Ahora, a lo que venía, báñese apestosa que saldremos a almorzar y te vamos a llevar a conocer a un gran amigo.

-Bueno, para eso váyase de mi cuarto, zopenco. –Y le mostré la lengua al final provocando una fuerte risa entre los dos. Me tiró una almohada y se levantó, diciendo que me esperaba abajo y que no comiera nada porque ya no era hora de desayunar.

Me levanté y de mi maleta sacando un short azul y una polera blanca, me bañé con rapidez sabiendo que Isaza vendría a molestarme si no hacía acto de presencia luego en el piso de abajo. Me perfumé y tomé mi cabello en una cola, guardando mi celular en el bolsillo de delante de mi short, intentando recordar enviarle un mensaje a Andy antes de que terminara el día.

-Buenas a todos. –Dije llegando a la sala donde estaban todos pendientes del partido. Reí al ver la cara de preocupación de cada uno de los chicos, especialmente la de Villamil con Pedro y negando con la cabeza me senté al lado de Marto, saqué mi celular y entré al chat de Andy en whatsapp.

'Hola a ti, feo'

'Hola rata, ¿qué tal te está tratando Colombia?

'Uf, anoche tuve un pequeño encontrón con Simón aunque me lo esperaba. Te extraño, como está mi bebé?'

'Por qué no puedes resistirte a pelear, Belén? No llevabas ni un día y ya estabas causando caos. Bien, las primeras horas no dejó de llorar y ahora me ama.'

'No le enseñes cosas malas eh. Y sí, no podía hacerme la tonta. Si hubieras estado entenderías por qué actúe así, Andy. No te pongas de su lado!!!'

Así que le conté desde el principio a Andy todo lo que había pasado y me reí durante minutos con algunos de sus insultos, cuando viera a Simón probablemente usaría la fuerza bruta y le golpearía el brazo fuertísimo (Andy, comprobado por mi era especialista en hacer que tu brazo dejara de funcionar en un solo golpe, triste historia.)

-¿Belén? –Habló Martín sacándome de mis pensamientos y haciendo que elevara mi mirada hacia él.

-¿Sí?

-Que si querías ir a comer ya. –Dijo esta vez levantándose mientras me miraba. Miré a la pantalla y estaban dando el recuento del partido, Colombia había ganado dos a uno por lo que supuse que Villamil estaría más feliz que cualquiera en la sala.

-Claro, ¿dónde iremos? –Dije levantándome del sofá y guardando mi celular en mi bolsillo. –Uh, esperen que voy por mi bolso y estoy lista. –Y sin esperar la respuesta comencé a subir las escaleras corriendo, mientras hacía eso mi celular vibró y cuando quise ver sentí el chocar con alguien y a los segundos unas manos afirmando mi cintura.

-¿Estás bien? –Y la voz de Simón resonó por la escalera haciendo que cerrara mis ojos y maldijera por lo bajo, ¿hasta cuándo iba a ser tan idiota y descuidada?

-Sí, gracias. –Logré murmurar y como pude intenté pasar por el costado de la escalera, quería de alguna forma que no sé, alguna luz divina le diera a entender a Simón que a su lado nunca estoy bien, nunca estoy con un suelo firme.

-¿Segura?

-Sí, Simón. –Y aunque intenté que mi voz sonara firme sabía que había fracasado, la Mini Belén en mi interior hacía el baile de 'te acabas de humillar gratuitamente' y en un segundo seguí subiendo la escalera hasta llegar al cuarto.

Sabía que algún día tendría que enfrentarme ante el problema que Simón causaba en mi vida, en general, pero qué va, no moriré hoy y tiempo para pensar bien qué le diré tengo, ¿para qué esforzarme en este momento? Prefiero disfrutar mis días libres y luego solo someterme al trabajo que se venía por delante.

Después de regular mi respiración y ordenar mis pensamientos me colgué mi bolso al hombro y bajé en un segundo al primer piso, encontrándome con todos los chicos en la puerta.

-Creo que tendremos que acostumbrarnos a tomar el ritmo de Belén de ahora en adelante. –Dijo Marto abriendo la puerta para que pudiéramos salir.

-Hey, yo no pedí que me contrataran eh. –Respondí haciendo un pequeño puchero y Villamil rodeó mis hombros con su brazo, pasamos por el lado de Martín y le dio un golpe en la cabeza haciéndome reír.

-Creo que ha sido una de las mejores decisiones que hemos tomado este año –Interrumpió Isaza y mi corazón se derritió, me acerqué a él y lo abracé, segundos después salimos todos y en menos de lo que me di cuenta estábamos en camino al restaurant, saqué los audífonos de mi bolso y los conecté a mi celular, abrí Spotify y dejé que el reproductor hiciera lo suyo, comenzó a sonar Gepe y mi cabeza comenzó a moverse al ritmo de la canción, por primera vez en mucho tiempo no quería escuchar a Morat.

Nos demoramos 30 minutos en llegar al lugar, entre el tráfico y la pésima ubicación que tenían los Juan Pablos alcanzamos a llegar justo cuando otro chico se estaba bajando del auto de adelante.

-Hey, Sebastián. –Escuché decir a Martín y llevé mi mirada hacia el chico que venía. Alto, delgado, de pelo oscuro y rasgos definidos. ¿Hacía calor desde antes o era por el chico que venía caminando hacia nosotros ahora?

-¿Qué tal está, Marto? –Dijo Sebastián llegando a ellos para darles la mano y abrazarlos de forma rápida. Cuando su mirada cayó en mi no pude evitar sonrojarme y le extendí mi mano en forma de saludo.

-Soy Belén, voy a trabajar con los chicos durante esta gira.

-Un gusto, bonita. –Tomó mi mano y la balanceó en forma de saludo con lentitud, su mano era áspera a comparación de la mía y juro que si hubiera tenido, me hubiese tomado una botella de agua congelada de dos litros.

-¿Podemos entrar ya? –Escuché decir a Simón, solo con su voz pude soltar mi mano de la de Sebastián y todos asintieron, entré detrás de Isaza porque quería ahorrarme la cara de molestia que podía tener Simón, aunque dentro de todo, tenía derecho a conocer a más personas, ¿cierto?

Mi nuevo vicio.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora