La mañana avanzaba con precisión milimétrica en la Corporación Tsubasa. El vidrio del edificio reflejaba un Tokio impecable, distante, donde cada paso parecía calculado con antelación. En la sala principal acababa de concluir una junta histórica: por primera vez, la Corporación Hideki había considerado una alianza con su eterno rival. De la oficina principal salían 4 licenciados con trajes grises y maletines, aflojándose discretamente las corbatas.
—Esta es la primera junta que no me adormece —comentó uno de ellos, estirando los brazos—. Quien la dirigió sabe exactamente qué botones presionar.
—Incluso el señor Hideki parecía... interesado —añadió otro—. Eso no se ve todos los días.
El primero giró la cabeza y observó hacia el fondo del pasillo. Allí, entre un pequeño grupo, destacaba un joven alto, de cabello castaño y mirada clara. Sonreía con una naturalidad que no encajaba del todo con aquel mundo rígido.
—Ese contador... —murmuró—. Tiene algo distinto.
Sebastien siguió la dirección de su mirada.
—Es Shirai Daisei.
—¿Te imaginas si algún día trabajara con nosotros?
—No pasará —respondió Sebastien con un dejo de molestia—. Hideki jamás contrataría a alguien de Tsubasa.
Las risas continuaron, pero la idea quedó suspendida en el aire. Mientras tanto con los líderes el diálogo comenzó en torno al mismo joven.
—¿Quién es el joven que llevó la junta? —preguntó el señor Hideki, rompiendo el silencio.
—Shirai Daisei —respondió Akitama con orgullo—. Joven, brillante... y demasiado exigente consigo mismo.
Hideki asintió lentamente.
—Ese tipo de hombres... suelen estar solos.
—Tiene novia —aclaró Akitama—. Aunque no habla mucho de su vida personal.
—Invítelos a cenar —decidió Hideki—. Quiero conocerlo fuera de las cifras.
Daisei miró su reloj por tercera vez.
—Hoy sí... hoy no puedo llegar tarde —se dijo.
El día había sido largo, como todos. Números, gráficos, decisiones que no dejaban huella emocional. Todo era correcto. Todo era gris.
—¡Joven Shirai!
El señor Hideki se acercó con una sonrisa medida.
—Organizo una cena pasado mañana. Me gustaría que asistiera... con su pareja.
Por un segundo, el nombre apareció en su mente como un destello de color.
Yoshimi.
—Será un honor —respondió.
Cuando Hideki se alejó, Daisei exhaló lentamente. No entendía del todo lo que acababa de aceptar... pero, por primera vez en el día, sonrió.
Salió del edificio con prisa, pero se detuvo.
Miró el cielo.
Desde hacía años, el mundo se le había vuelto monocromático: trabajo, trayectos, responsabilidades. Incluso él mismo parecía diluirse entre trajes negros y paredes blancas, por un momento también recordó la invitación del señor Hideki, y se preguntó ¿qué pensará Yoshimi al respecto?
Entonces, dos brazos rodearon su cintura.
—¡¡Dai!!
El gris desapareció.
El aire se llenó de color.
—Yoshimi... —susurró, girándose para abrazarla—. Llegaste justo a tiempo.
Ella reía, con pintura aún fresca en las manos, el cabello revuelto, como si el mundo nunca hubiera intentado ordenarla.
No hablaron durante varios segundos. No lo necesitaban.
—Lo siento... —dijo al fin—. Te manché.
Daisei miró su traje, marcado por huellas de colores.
—Creo que es la mejor parte de mi día.
Ella alzó la vista, sorprendida.
—Siempre haces que todo valga la pena —añadió él, más bajo.
Yoshimi sonrió, sonrojada, mientras él limpiaba con cuidado la pintura de su mejilla.
—¿Cómo te fue en la junta?
—Bien... —respondió—. Por cierto me gustaría que que asistieras conmigo a una cena pasado mañana.
—¿Una cena?
—Sí. Me gustaría que estuvieras ahí conmigo.
Ella lo pensó un segundo y luego asintió con una sonrisa sincera.
—Mientras esté contigo, estaré bien.
Daisei la abrazó con más fuerza de la necesaria.Al día siguiente, en la oficina Daisei sacaba algunas copias mientras un chica lo observaba desde su escritorio con interés, a lo que tomó un par de hojas y se dirigió hacia él, mientras se acomodaba un mechón de pelo detrás de la oreja, se acercó tanto a él que cuando Daisei volteó no la notó y choco contra ella, quien soltó las hojas, claro esto lo había planeado ella desde un principio.
–Lo siento, no te vi— Se disculpó Daisei mientras le ayudaba a recoger las hojas.
—No te preocupes Daisei, ha sido mi culpa— Le dijo sonriéndole de manera dulce y hasta cierto punto coqueta buscando más cercanía hacia él.
—Me enteré de la cena —dijo acercándose demasiado—. ¿Irás solo?
—No. Yoshimi irá conmigo.
—¿Yoshimi?— Esto le borró por completo la sonrisa que tenía en el rostro. — Ah, entiendo... pero creo que alguien como ella quisiera estar en un lugar como un lujoso restaurante, simplemente no es su espacio.
Esto no le gustó para nada a Daisei quien le preguntó en un tono frió tratando de no ser irrespetuoso y manteniendo distancia.
—¿Qué quieres decir?.
—Solo digo que no es un lugar para ella, imagínate que llegara con las manos llenas de pintura o lodo, al señor Hideki le molestaría tanto—. Lo dijo en un tono burlón. —No encaja en ese mundo —comentó ella—. Podría avergonzarte.
Daisei se irguió.
—Ella es lo único real que tengo ahí dentro.
Saira lo vio alejarse, con los puños cerrados.
—Entonces tendré que quitártela —pensó, sonriendo.... Mi querido Daisei no te dejaré ir así de fácil, siempre consigo lo que quiero, y a ti te tendré cueste lo que me cueste—. Se dijo a si misma mientras se dirigía de nuevo a su escritorio con una gran sonrisa de confianza en que podía lograrlo.
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ENTRE EL COLOR GRIS Y UN VASTO ARCO IRIS
RomanceCada uno decide la manera en como ve al mundo, aun si no somos esclavos del destino tampoco debemos serlo de nuestros secretos, es así como se desarrolla la historia de Daisei y Yoshimi quienes a pesar de su historia lucharan juntos contra todas l...
