Parecía un poco nerviosa y Matteo se preguntó por qué cuando era obvio que sabía desenvolverse en esa clase de eventos. La conocía perfectamente. Se trataba de Luna, la hija de una diva de la sociedad llamada Mónica y de su difunto esposo, Miguel Valente.
Aquella mujer atractiva, menuda y delgada, de casi veinticinco años, tenía fama de ser muy fría con los hombres. Con o sin razón, lo único que se sabía a ciencia cierta era que había cancelado su boda con Simón Álvarez el día antes del enlace.
De aquello hacía dos años y parecía que la joven había vuelto a interesarse por las reuniones sociales a las que acompañaba a su madre viuda. Muchos hombres habían intentado salir con ella, pero que Matteo supiera ninguno la había conseguido.
Familia impecable, buenas maneras y conocedora del protocolo social. Luna Valente sería una buena esposa. Lo único que le quedaba era dar el primer paso, empezar el cortejo y hacerle su propuesta.
Matteo se dio cuenta de que Mónica Valente dejaba a su hija un momento y comenzaba a avanzar hacia él.
—Matteo, cuánto me alegro de verte.
—Hola, Mónica —contestó Matteo, tomándole las manos y besándola en la mejilla.
—Si has venido solo, tal vez te apetezca unirte a Luna y a mí.
Matteo inclinó la cabeza.
—Gracias.
Permitió que Mónica lo precediera y puso una mirada enigmática en el mismo momento en el que Luna presintió que se acercaba. Se dio cuenta por cómo ladeaba la cabeza. Había sido un movimiento sutil, pero suficiente. Una frágil gacela que olía el peligro, pero, por supuesto, Luna Valente sabía fingir y, en un abrir y cerrar de ojos, había esbozado una sonrisa muy practicada en su rostro.
Observar a las personas y fijarse en su lenguaje corporal eran dos artes que a Matteo se le daban muy bien.
—Buenas noches, Matteo —consiguió saludarlo Luna con mucha educación maldiciendo en silencio que se le hubiera acelerado el pulso.
Aquel hombre tenía algo que hacía que se le erizara el vello de la nuca sin saber por qué.
Matteo Balsano era alto, atractivo, de cuerpo muy bien marcado, mandíbula cuadrada y expresión enigmática en sus ojos. Llevaba un traje hecho a medida impecable. Aquel hombre era muy masculino y tenía un aura de poder indestructible, pero había que estar loca para no darse cuenta de la falta de escrúpulos que se escondía bajo aquella superficie.
—Hola, Luna.
No había intentado tocarla, pero tuvo la sensación de que estaba esperando el momento. Aquello no tenía sentido.
—Me parece que estamos en la misma mesa —le dijo ella como quien no quería la cosa.
Sí era cierto que era capaz de mantener una conversación ligera con facilidad y, además, podía hacerlo también en italiano y francés, pues había vivido un año en cada país estudiando moda.
En presencia de aquel hombre tenía que estar constantemente pensando en disimular lo que sentía, pues le parecía que era capaz de leerle el pensamiento.
—¿Y eso te parece un problema?
¿Qué pasaría si le contestara que sí?
—Será un placer cenar contigo —sonrió Luna.
Matteo sabía que estaba mintiendo.
—Uno de los miembros del comité me está llamando —intervino Mónica—. Ahora mismo vuelvo.
Luna se sintió abandonada y vulnerable. Se dijo que podía escapar poniendo una buena excusa, pero no le serviría de nada, pues no conseguiría engañar a Matteo.
Era inevitable que sus caminos se cruzaran. El imperio Balsano siempre donaba dinero a unas cuantas instituciones benéficas y lo normal era que Matteo se presentara en todas las galas con una mujer despampanante colgada del brazo.
Sin embargo, aquella era la tercera semana consecutiva en la que iba a una fiesta para recaudar fondos sin compañera. ¿Y qué? La idea de que quisiera verla deliberadamente era de locos, pues eran completamente opuestos y, además, ella no quería saber nada de los hombres.
Luna se estremeció de pies a cabeza al recordar la noche de hacía dos años cuando sus sueños se habían visto truncados de manera tan cruel.
Había sobrevivido y había seguido adelante, entregándose por completo a sus estudios y a su trabajo. Actualmente, necesitaba muy pocas cosas y no tenía ningún sueño que cumplir.
—Cariño —dijo una voz femenina en tono felino—. No esperaba verte por aquí esta noche.
—Ámbar—saludó Matteo intentando sonreír.
La modelo nacida en Argentina era una de las modelos más codiciadas por los diseñadores internacionales a pesar de su mal carácter. Por lo visto, era una pesadilla trabajar con ella, pero poseía una magia especial para desfilar por la pasarela.
—¿Conoces a Luna? —le preguntó Matteo. La modelo clavó sus ojos azules en Luna.
—¿Tendría que conocerla de algo? —preguntó haciendo un mohín.
—Luna es diseñadora de moda.
—¿De verdad? —preguntó con una clara falta de interés.
Si lo hubiera querido hacer adrede, no le habría salido mejor. Era obvio que a aquella mujer no le interesaba en absoluto la profesión a la que se dedicara Luna. Aquella noche era para divertirse y el único objetivo que tenía era él. ¿Y quién la iba a culpar? ¡Aquel hombre era el soltero de oro!
—Pues tu nombre no me suena de nada. ¿Cómo te apellidas?
—Valente —contestó Matteo en tono frío.
—Mis diseños llevan la etiqueta «Arabelle» —le informó Luna—. Llevas uno —añadió.
Efectivamente, la modelo llevaba un maravilloso vestido de seda rosa fucsia que se ajustaba a sus curvas de maravilla.
—Me lo vendieron como original —dijo la modelo.
—Fue un regalo —la corrigió Luna.
—No sé, mi agente se encarga de los detalles sin importancia.
—Tu agente hace lo que tú le dices que haga —insistió Luna.
Formaba parte de los jueguecitos de la modelo. Los diseñadores la adoraban y hacían la vista gorda con sus caprichos. Regalarle un original no significaba nada. Era puro marketing... publicidad... ventas.
Ámbar le puso una mano con la manicura perfectamente hecha a Matteo en el pecho y sonrió de manera seductora.
—Me voy a asegurar de que estemos en la misma mesa.
—No —contestó Matteo, retirándole la mano.
¿Simplemente no? Qué conciso.
—Bueno, tú te lo pierdes —contestó la modelo—. Si cambias de opinión, ven a buscarme —se despidió mezclándose con los demás invitados.
En aquel momento, abrieron las puertas del comedor le indicaron a los invitados que fueran sentándose.
Matteo agarró a Luna del codo y la guió hacia, el salón en el que iba a tener lugar la cena y en el que había cientos de mesas.
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Amor Protector [Adaptación/Lutteo]
FanfictionNo quería casarse con él... pero necesitaba su ayuda. ღ Fecha de publicación: 28.03.19 ღ Fecha de finalización: 20.05.19 ღ Editada: 07.04.22 ღ Aclaración: Está historia ya había sido publicada en mi antigua cuenta @ruggarolbebos, la cual fue cerrada...
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