No había nada como despertarse nada más amanecer ante el insistente sonido del teléfono móvil. Luna alargó el brazo, agarró el teléfono que tenía sobre la mesilla y descolgó. Tras esperar unos cuantos minutos interminables en los que sólo hubo silencio, la persona que llamaba colgó.
¿Se habría equivocado de número? Una hora después, el teléfono volvió a sonar y, de nuevo, nadie contestó. Luna activó la función de rellamada y la compañía telefónica a través de una grabación le indicó que el número de la persona que llamaba era privado. Simón. Luna se dijo que podía activar el identificador de llamada tanto en el teléfono fijo como en el móvil. Así, podría ver en pantalla el número de la persona que llamaba.
Intento volverse a dormir, pero no lo consiguió, así que se levantó y se dirigió a la cocina a prepararse un café. Mientras se lo tomaba, pensó que se le había olvidado llamar a Matteo la noche anterior para cancelar la cita ¿Y si fuera? No ir sería ceder a las amenazas de Simón.
Se pasó todo el día con aquella cuestión en mente y, al final, después de trabajar, se duchó a cambió de ropa y se dirigió a la ciudad en coche. Matteo la saludó cuando la vio entrar en el restaurante y la besó en la boca.
—Estás guapísima.
Luna agradeció el cumplido sinceramente mientras Matteo le indicaba al camarero que ya podía llevarlos a su mesa. Luna se dijo que todo iba a ir bien, que lo único que iban a hacer iba a ser hablar, tomarse una copa de vino, comer y disfrutar del espectáculo. Cuando terminara, Matteo la llevaría a casa. Todo iba a ir de maravilla. Todo iba a ser muy fácil Luna comenzó a relajarse.
Cuando llegó el camarero, pidieron la cena y Matteo entabló una conversación cualquiera, sin demasiadas implicaciones, pues sabía que, si se ponía muy serio, se arriesgaba a que Luna se echara atrás. Y no quería que aquello sucediera.
—Tengo entendido que has vivido en Francia y en Italia, ¿No? —le preguntó mientras comían—. ¿Siempre por motivos de estudios?
—Sí —sonrió Luna cada vez más a gusto—. Fui a estudiar y estudié mucho aunque también tuve algo de tiempo libre para viajar. Los fines de semana solíamos alquilar un coche y nos íbamos de excursión, comprábamos comida y comíamos en el campo —recordó con un brillo especial en los ojos.
Matteo sintió un instinto de protección sobre aquella jovencita, sobre su amor por la vida. Le encantaría devolverle todo aquello, y sabía que podía hacerlo en cuanto Luna aprendiera a confiar en él. Matteo la deseaba. En su cama, en su vida, siendo su esposa, pero era consciente de que, si le proponía matrimonio en aquellos momentos, Luna saldría corriendo.
El espectáculo resultó ser excelente. Luna se lo pasó muy bien y así se lo hizo saber a Matteo mientras caminaban hacia el coche.
—Te propongo que nos tomemos un café en Double Bay y, luego, te acompañaré a casa, tú en tu coche y yo en el mío —sugirió acariciándole la mejilla—. Te sigo.
Y así fue cómo Luna se encontró en uno de los locales más de moda de la ciudad, preguntándose por qué no se había ido directamente a casa. La respuesta era que, en realidad, no quería que la velada terminara. Matteo le hacía pensar en lo inalcanzable. ¿Tan malo sería?
Luna pidió té mientras Matteo prefirió café. De la conversación que tuvo lugar a continuación Luna recordó muy poco al día siguiente, sólo recordaba que parecía que se deseaban mutuamente. La verdad era que le resultaba difícil aceptar que el interés de un hombre como Matteo en ella fuera genuino y, además, se preguntaba qué sucedería de ser así.
Abandonaron el local casi a medianoche y al llegar al coche de Luna, Matteo le tomó el rostro entre las manos y la besó con pasión. Luna no sabía si el beso había durado segundos o minutos lo único que sabía era que le hubiera gustado que no hubiera terminado.
A Matteo le costó un gran esfuerzo apartarse y dejar de tocarla.
—Nos vemos mañana en la fiesta —le dijo abriéndole la puerta.
Luna asintió mientras se ponía al volante de su coche.
Apenas había tráfico y Matteo la siguió en su coche, tal y como había prometido, hasta que llegaron a su casa. Una vez allí, Luna le dio una ráfaga de luces largas en señal de agradecimiento, abrió el garaje con el mando y accedió al aparcamiento subterráneo.
Una vez dentro, dejó su vehículo en su plaza y se fijó en que había dos luces fundidas. Qué raro, hubiera jurado que cuando se había ido unas horas antes todas funcionaban perfectamente. De repente, un leve ruido a sus espaldas hizo que se le erizara el vello de la nuca y, en un abrir y cerrar de ojos, sintió unas manos que la empujaban contra un coche.
—Zorra.
Sintió la palma de la mano en la mejilla y estuvo a punto de perder el equilibrio. ¿Simón?
Nada más verlo, comprendió que había bebido alcohol y consumido drogas. Tal vez, las dos cosas «No debo dejar de mirarlo, no debo pensar», se dijo Luna. Sentía dolor en la mejilla y en la mandíbula, pero lo ignoró y se quedó mirándolo atentamente para anticiparse a su próximo movimiento. Llevaba un spray de pimienta en el bolso, una alarma personal y botas de tacón, así que iba bien armada.
—¿Por qué demonios no me escuchas cuando te hablo, zorra?
«No pienso contestar», pensó Luna.
En ese instante, detectó el momento en el que iba a volver a golpearla, lo empujó y lo tiró al suelo. Sin pensárselo dos veces, le clavó el tacón, lo que hizo que Simón gritará de dolor y se apartara con la mano herida.
Mientras la insultaba obscenamente, Luna corrió hacia el ascensor sacando del bolso el spray de pimienta. Para su suerte, el ascensor estaba allí, así que metió su clave de acceso y las puertas se cerraron. Hasta que no se vio en su casa, con la puerta cerrada con llave y la alarma conectada, no se permitió reaccionar. Las manos le temblaban y le dolían ciertas partes del cuerpo. Qué horror.
Tras darse una buena ducha de agua caliente y lavarse el pelo, se puso el camisón, apagó las luces y se sentó frente al televisor con la esperanza de que la película la distrajera.
A la mañana siguiente, le dolía todo el cuerpo.
Tras vestirse y desayunar, bajó en el ascensor hasta el coche. Aunque sabía que era de día, que el aparcamiento estaría bien iluminado y que Simón se habría ido hacía horas, sentía un nudo de nervios en la boca del estómago.
El día se desarrolló con normalidad. Dos veces durante la tarde marcó el número de su madre para decirle que no iba a ir a la fiesta de aquella noche, pero colgó antes de que Mónica contestara. Lo cierto era que no le apetecía nada ir a una fiesta. Necesitaba estar a solas para intentar comprender por qué Simón había vuelto a aparecer en su vida. Una cosa era aguantar sus ataques verbales y otra muy diferente su violencia.
Recordó que Simón le había advertido que no se acercará a Matteo, pero era imposible porque, cada vez que asistía a un evento social, se lo encontraba. Era prácticamente imposible no verlo. Además, le gustaba estar con él aunque fuera una locura, aunque no lo entendiera.
Maldición. ¿Por qué se le había complicado tanto la vida?
Unas semanas atrás todo era normal, salía con unas cuantas amigas y acompañaba a su madre a todo tipo de eventos sociales. Ahora todo había cambiado y no se podía decir que hubiera sido para mejor.
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Amor Protector [Adaptación/Lutteo]
Fiksi PenggemarNo quería casarse con él... pero necesitaba su ayuda. ღ Fecha de publicación: 28.03.19 ღ Fecha de finalización: 20.05.19 ღ Editada: 07.04.22 ღ Aclaración: Está historia ya había sido publicada en mi antigua cuenta @ruggarolbebos, la cual fue cerrada...
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