➸ veintiocho

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Media hora después, Luna y Nina eligieron una cafetería y entraron. Gastón las seguía a una distancia prudente.

Tras hacer repaso entre las dos de lo bien que había salido el desfile y de unas cuantas cosas que querían cambiar para el próximo, Luna anunció que tenía que irse, pues había quedado a cenar con Matteo. Nina le dijo que se iba a quedar un rato más en la cafetería haciendo un par de llamadas y Luna salió del local y comenzó a recorrer la corta distancia que la separaba del 4x4.

En el camino, se paró un momento a mirar un escaparate. De repente, sintió que Gastón la empujaba hacia adelante con fuerza, escuchó el ruido de unos frenos, el derrapar de unos neumáticos y la explosión del cristal cuando un coche atravesó el escaparate de la tienda. Luna se apresuró a ponerse en pie y comprobó sorprendida que el coche se había quedado metido en la tienda con el radiador roto, a juzgar por el vapor que salía de la parte delantera.

—¿Estás bien? —le pregunto Gastón.

—Sí, un poco sorprendida, pero estoy bien. ¿Qué demonios ha pasado?

En un abrir y cerrar de ojos, vio a Nina corriendo a su lado. Su amiga la sentó en una silla, pidió agua y le indicó a Gastón que ya se hacía cargo ella de Luna para que él pudiera hacer lo que tuviera que hacer. El guardaespaldas asintió, marcó un teléfono y habló brevemente.

—Matteo viene para acá —anunció.

—Estoy bien —les aseguró Luna—. No me quiero sentar —añadió ante la insistencia de su amiga.

—Siéntate —repitió Nina—. Siéntate porque vas a necesitar estar sentada para oír lo que te tengo que decir. Simón está atrapado en ese coche.

—¿Simón? —repitió Luna palideciendo.

—Sí, Simón.

Luna se quedó sin palabras. La policía, los bomberos y una ambulancia no tardaron en llegar. Matteo también apareció rápidamente.

—¿Estás bien? —le preguntó a Luna, colocándose en rodillas a su lado.

—Sí —sonrió Luna.

—Gracias a Dios —dijo Matteo sinceramente tomándole el rostro entre las manos y besándola brevemente.

Su presencia la reconfortó mientras los diferentes equipos de uniformados se hacían cargo de la situación con eficiencia sincronizada.

Los bomberos abrieron la puerta del coche con unas herramientas gigantes, sacaron a Simón, lo metieron en la ambulancia y la policía comenzó a hacer preguntas. Cuando terminaron, Matteo condujo a Luna a su coche y se puso al volante.

Mientras conducía, Luna pensó que todo había terminado, que Simón sería tratado en el hospital, arrestado y acusado. Aquello significaba que ya podía volver a su casa y a su vida normal.

¿Por qué no se sentía aliviada y feliz?

—Vamos a llegar tarde al restaurante —comentó al ver que estaba anocheciendo.

—He cancelado la reserva —contestó Matteo.

—No hacía falta.

—Prefiero que cenemos tranquilamente en casa —contestó Matteo.

Lo cierto era que necesitaba tenerla sólo para él, tomarla entre sus brazos, no quería compartirla con nadie.

—¿Adónde vamos? —preguntó Luna al ver que estaban tomando una ruta diferente.

—A un centro médico privado.

—¿Por qué? Estoy perfectamente.

—Por favor.

—Eres un exagerado.

—Tómatelo como una medida de precaución.

Luna asintió.

Al llegar al hospital, todo el personal la estaba esperando, así que supuso que Matteo había llamado con antelación. Tras un pormenorizado examen, el médico le aseguró que no tenía nada, sólo unos cuantos golpes.

—Ya te lo dije —le dijo Luna a Matteo mientras abandonaban el centro.

—¿Te apetece que compremos comida china para llevar? —le preguntó Matteo.

—Sí, tengo hambre.

Aquella noche, cenaron en la terraza. Cuando hubo terminado, Luna subió a su habitación para ducharse y cambiarse de ropa. Quería ducharse para que el agua borrara el incidente. Una vez en la ducha, se dijo que el tiempo curaría sus heridas mentales. Sin embargo, nada haría que olvidara lo que sentía por Matteo. El amor era un sentimiento duradero. Amar sin ser amada era difícil. Luna se dijo que aquella noche se iba a quedar a dormir allí, que se merecía una última noche para saborear y recordar. En ese momento, Matteo se unió a ella en la ducha.

—¿Quieres ahorrar agua o qué?

—Sí, siempre he sido muy ecologista —contestó Matteo, tomando la esponja con jabón que Luna tenía en la mano.

Luna disfrutó de la experiencia. El calor iba apoderándose de su cuerpo allí donde Matteo pasaba la esponja. Empezó por sus pechos y fue bajando mientras sus labios se encontraban en la base de su garganta.

—Mmm, qué bien se te da.

—Pues no he hecho más que empezar.

Aquello que empezó así se convirtió en una gran celebración, una experiencia de caricias sin fin, de besos apasionados, de prolegómenos exquisitos que prometían mucho. Cuando los dos estuvieron preparados y en un movimiento coordinado, Luna lo abrazó de la cintura con las piernas y Matteo la apoyó contra la pared y se colocó para introducirse en su cuerpo. Luna le dio la bienvenida con un beso erótico y ardiente e hicieron el amor lentamente. Fue tan maravilloso que, cuando terminaron, a Luna le entraron ganas de llorar pues le hubiera gustado que no hubiera terminado jamás.

Tras secarse el uno al otro y ponerse la bata, se dirigieron al dormitorio. Una vez en la cama, Matteo hizo zapping durante un rato hasta que encontró un programa que les interesaba a ambos. Acurrucada a su lado y con la cabeza apoyada en su hombro, Luna se dijo que no quería estar en otro lugar más que allí, con el brazo de Matteo por encima de sus hombros, abrazándola.

Al amanecer, Matteo la buscó y Luna se entregó a él gustosamente, jugando y disfrutando hasta que ambos se encontraron compartiendo un sexo tan salvaje que los dejó a ambos jadeantes y listos para seguir durmiendo.

Amor Protector [Adaptación/Lutteo]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora