Y así lo hizo.
Luna se montó en su coche y condujo unas cuantas manzanas. Luego, paró el vehículo y llamó a su madre para pedirle la dirección de Matteo.
Cinco minutos después, estaba conduciendo hacia casa de Matteo. Estaba realmente enfadada y no creía que fuera a ser capaz de mantener la conversación en un tono civilizado.
Al llegar al número de la calle que su madre le había indicado, se bajó del coche y se identificó a través de un sofisticado sistema de seguridad. Se trataba de una casa de dos plantas rodeada de unos jardines maravillosos. La verja se abrió al cabo de unos segundos y Luna avanzó hacia la entrada principal. Le abrió la puerta Matteo en persona que no parecía en absoluto sorprendido, lo que hizo que Luna se enfadara todavía más.
—¿Cómo te atreves?
Matteo enarcó una ceja y se hizo a un lado para invitarla a pasar.
—Si no te importa, preferiría que no mantuviéramos esta conversación en la puerta de la casa.
Luna lo fulmino con la mirada y entró. Odiaba su insolencia, lo odiaba todo en él.
La puerta se cerró y Luna se giró hacia Matteo.
—¿Quién demonios te ha dado permiso para meterte en mi vida?
—¿Qué pasa con el hola? —contestó Matteo, indicándole una estancia situada a la derecha.
—Has contratado a un guardaespaldas —le espetó Luna—. ¿Por qué?
—Pasa, te serviré una copa y hablaremos.
—Esta visita no es una visita de cortesía —le dijo Luna, intentando calmarse.
—Ya lo veo.
—¡Por lo menos, me lo podrías haber dicho!
—No, porque sabía cuál iba a ser tu reacción.
—¡Me ha dado un susto de muerte!
—¿Simón Álvarez?
—¿Te creías que...? ¿Quién?
—Ya me has oído.
Luna palideció. ¿Cómo era posible que lo supiera? Claro que, ¿Cómo no lo iba saber? Para un hombre como Matteo Balsano era muy fácil desenterrar la información que necesitaba. Le habría bastado con hacer un par de llamadas para dar con su historial médico en el que quedaba constancia del ingreso en el hospital privado al que su madre la había llevado cuando el día antes de su boda Simón la había maltratado. Por supuesto, también había un informe policial, aunque Luna había elegido no presentar demanda por vía penal. Toda aquella información existía y, aunque no estaba al acceso de cualquiera, tampoco era difícil obtenerla si uno tenía los contactos adecuados.
—Podría llevarte a juicio por entrometerte en mi vida privada —le advirtió Luna.
—Haz lo que quieras —contestó Matteo, encogiéndose de hombros — Estás siendo una malagradecida.
Sin pensar lo que hacía, Luna alargó el brazo y le dio un bofetón.
—¡Maldita sea! —gritó apretando los puños y golpeándolo allí donde pudo. En el pecho, en el hombro, en el brazo. Matteo ni se movió, la dejó hacer durante unos segundos. En un momento, la agarró de las muñecas.
—¡Suéltame! —protestó Luna.
—Ya basta, para, te vas a hacer daño —contestó Matteo.
Luna estaba muy enfadada... con Simón. Con Matteo y, sobre todo, con aquella situación. No quería vivir así, siempre alerta, sabiendo que podía pasar cualquier cosa...
—¿Por qué? —le preguntó más calmada.
—Porque necesitabas ayuda —contestó Matteo.
—¿Así de simple?
—Sí.
Luna tomó aire y suspiró.
—Dile a tu guardaespaldas que me deje en paz.
—Difícil.
—¿Cómo? No tienes más que llamarlo por teléfono y ya está.
—No.
Luna lo miró con los ojos encendidos como esmeraldas.
—No lo entiendes.
Matteo recordó la sensación que se había apoderado de él mientras leía el informe en el que se describían las lesiones que Luna había sufrido.
—El guardaespaldas va a seguir protegiéndote y yo, también.
Luna cerró los ojos.
—No, no puedes hacer esto —le dijo.
Matteo se moría por tomarla entre sus brazos para asegurarle que todo iba a ir bien.
—Claro que puedo.
—No quiero a ningún hombre en mi vida.
—Pues lo siento mucho porque así están las cosas —contestó Matteo.
Luna tomó aire, apretó los dientes y intentó controlarse.
—Me voy —anunció muy seria.
—¿Quieres que salgamos a cenar?
Luna lo miró con incredulidad.
—¿Estás loco?
—No, tengo hambre.
—No —contestó Luna.
Lo único que quería era salir de aquella casa, distanciarse de aquel hombre que la desasosegaba tanto.
—Una buena comida, una copa de vino... —insistió Matteo, encogiéndose de hombros.
¿Una cena para dos, conversación, fingir que todo iba bien y que sólo eran amigos?
—No —contestó Luna, abriendo la puerta y saliendo de la casa.
Como final a una escena de una película le había quedado bien, pero, a medida que se acercaba con el coche a su casa, se iba poniendo cada vez más nerviosa.
Luna llegó a casa mirando por el retrovisor, pero había mucho tráfico y era difícil saber si alguien la seguía. Pasó un mal momento mientras metía el coche en el garaje y cruzaba hacia el ascensor, pero, por fin, con el spray de pimienta en la mano, consiguió llegar a su piso sana y salva.
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Amor Protector [Adaptación/Lutteo]
FanfictionNo quería casarse con él... pero necesitaba su ayuda. ღ Fecha de publicación: 28.03.19 ღ Fecha de finalización: 20.05.19 ღ Editada: 07.04.22 ღ Aclaración: Está historia ya había sido publicada en mi antigua cuenta @ruggarolbebos, la cual fue cerrada...
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