Luego de eso, se quedó mirándolo mientras intentaba recuperar la compostura. Mientras tanto, Matteo la miró a los ojos muy serio y le acarició el labio inferior con la yema del dedo pulgar.
Luna se dio cuenta de que estaba completamente afectada. Aquello no había sido un beso. Había sido una posesión. ¿Y qué llegaría luego? Nada, absolutamente nada.
Matteo se dio cuenta de que Luna estaba sorprendida y se sentía vulnerable, observó cómo se pasaba la lengua por el interior de la boca. Era evidente que quería más.
—¿Tan difícil te resultaría? —le preguntó.
Luna se quedó mirándolo estupefacta.
—Me refiero a que si te resultaría muy difícil ser mi esposa —le explicó Matteo.
—No bromees con esas cosas —contestó Luna.
—No estoy bromeando —le aseguró Matteo.
—Me gusta la vida que llevo.
—La seguirías llevando. Tú tienes tu trabajo y yo tengo el mío.
—¿Estás diciendo que me propones un matrimonio de conveniencia?
—¿Te causaría un problema?
Aquello estaba yendo demasiado lejos.
—¿Por eso me has besado de esta manera? —le preguntó—. ¿Y ahora qué? ¿Te vas a querer acostar conmigo para ver si somos compatibles? —se burló—. Si esto es una propuesta de matrimonio, qué asco...
Dicho aquello, se giró y volvió a entrar en la fiesta, aceptó una copa de champán, pero terminó dejándola olvidada en algún lugar, pues no le apetecía beber alcohol, buscó a su madre, le dijo que se iba y se despidió de los anfitriones.
No había hecho más que salir de la casa cuando Matteo se reunió con ella.
—Te acompaño a casa.
—No digas tonterías —contestó Luna.
—No es negociable. Te sigo.
A Luna se le pasó por la cabeza discutir con Matteo, pero se dijo que no serviría de nada, así que llegó a su coche, desconectó la alarma, se puso al volante y comenzó a conducir. La tentación de quitárselo de encima fue demasiado grande como para no caer en ella, así que Luna buscó un atajo callejeando. Estaba a menos de un kilómetro de su casa cuando otro coche chocó contra ella y la envió contra el bordillo. Luna pisó el pedal del freno con todas sus fuerzas, sintió el impacto, oyó el metal y sintió que el airbag se hinchaba mientras el coche se paraba.
El susto la dejó inmóvil durante varios segundos y, luego, oyó voces masculinas. Al instante alguien abrió la puerta del copiloto, le desabrochó el cinturón de seguridad y luego todo sucedió muy deprisa. Allí estaba Matteo, agarrándola firmemente de la mano y haciendo llamadas desde su teléfono móvil. En un abrir y cerrar de ojos, Luna comenzó a escuchar sirenas... llegó una ambulancia y un coche patrulla de la policía.
—No necesito una ambulancia —protestó.
Pero su protesta cayó en oídos sordos, la pusieron en una camilla y la llevaron al hospital más cercano. Recordaba haberle asegurado a alguien que estaba bien. Después, todo se hizo surrealista. Preguntas, urgencias, examen médico, radiografías. Matteo estaba a su lado.
—Estoy bien —le aseguró.
No tenía ninguna fractura, sólo golpes, el susto y la recomendación de que se quedara ingresada una noche en observación como medida preventiva.
—Preferiría irme a casa.
—Yo creo que sería mejor que te quedaras aquí —le dijo Matteo, que había colocado a un guardaespaldas en la puerta—. ¿Quieres que avise a tu madre?
—No, por favor, no la llames. Tiene que tomar mañana un avión a primera hora de la mañana para ir a ver a su hermana a Melbourne —contestó Luna—. Ya se lo contaré cuando vuelva.
—No sé si va a poder ser.
Luna palideció al comprender.
—¿Han hecho fotografías?
—Sí.
—Maldición.
Luna cerró los ojos y Matteo la besó en la boca.
—Intenta dormir un poco.
Aquello era lo último que Luna recordaba.
Cuando se despertó a mañana siguiente, las enfermeras estaban haciendo sus turnos y Matteo estaba sentado en una silla junto a su cama. Luna recordó lo que había sucedido la noche anterior y estiró el cuerpo para ver dónde le dolía. Lo único que tenía un poco peor era la zona en la que se le había clavado el cinturón de seguridad y el hombro. Por lo demás, se encontraba bien.
—¿Qué tal estás?
Luna se giró hacia Matteo y dijo lo primero que se le pasó por la cabeza.
—Todavía estás aquí.
—¿Te creías que me iba a ir?
Matteo había revivido varias veces el momento del impacto, la urgencia que había sentido de sacar a Luna del coche para alejarla del peligro y la sospecha de que aquello no había sido un accidente.
—Me voy a vestir y me voy —anunció Luna.
—Después de desayunar y cuando el médico te haya dado el alta.
—Me he quedado a dormir por consejo médico, pero ahora me quiero ir —le advirtió Luna—. Pide un taxi, por favor.
—No, te llevo yo.
—Me las puedo arreglar sola.
—Pero no lo vas a hacer.
Luna lo miró desafiante, pero no volvió a abrir la boca hasta que Matteo no paró el coche frente a su casa.
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Amor Protector [Adaptación/Lutteo]
FanfictionNo quería casarse con él... pero necesitaba su ayuda. ღ Fecha de publicación: 28.03.19 ღ Fecha de finalización: 20.05.19 ღ Editada: 07.04.22 ღ Aclaración: Está historia ya había sido publicada en mi antigua cuenta @ruggarolbebos, la cual fue cerrada...
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