Luna, una mujer económicamente independiente, sacó la cartera del bolso, pero Matteo no le permitió pagar.
Mientras conducía su Bentley hacía Bondi, Luna permaneció en silencio. ¿Una cita con Matteo? Si Simón los viera juntos, se enfadaría muchísimo y sólo Dios sabía lo que sería capaz de hacer. Tenía que decirle que no, así que, en cuanto Matteo parará el coche frente a su casa, así se lo hizo saber.
—Si prefieres, nos vemos directamente en la ciudad —propuso Matteo—. No pienso aceptar un no por respuesta —añadió diciéndole el nombre de un restaurante—. Quedamos allí a las siete menos cuarto.
A continuación, se inclinó sobre ella y la besó levemente.
—Cuídate —le dijo.
Aquella noche, Luna no durmió bien y al día siguiente se levantó muy nerviosa. A mediodía, se sentía fatal.
—¿Qué te pasa? —le preguntó Nina.
—Me duele la cabeza —sonrió Luna.
—Dime la verdad.
—Te lo digo en serio. Muchos nervios y pocos sueños.
En aquel momento, llamaron al timbre y Nina fue a contestar, volviendo con otro precioso ramo de flores. Durante la mañana, habían llegado varios.
—Es para ti —anunció.
En aquella ocasión, se trataba de rosas de color crema y amarillas y llevaban una tarjeta en la que se leía «Hasta mañana por la noche, Matteo».
Eran preciosas Y le recordaron a Luna que tenía que llamarlo aquella noche para cancelar la cita.
Cuando el teléfono sonó, Nina anunció que era la agencia de Ámbar. Tras una conversación breve y tensa, le contó lo que Luna ya suponía.
—Ámbar ha dicho en la agencia que el vestido fue un regalo, que en vez de cobrar en dinero se llevó el vestido.
—Es su palabra contra la nuestra.
Aquello significaba que iba a tener que quitar el vestido de fiesta rojo del desfile de la próxima temporada y reemplazarlo por otro igual de espectacular.
Durante la tarde, se sucedieron varias llamadas. Entre ellas, dos cuyo interlocutor colgó y una de Matteo que Luna decidió no contestar y que le ganó una mirada confusa por parte de Nina.
—¿Estás loca? —le preguntó su socia, colgando el teléfono.
Luna no necesitaba en aquellos momentos la complicación de tener un hombre en su vida y, menos, a Matteo Balsano.
—No quiero ninguna relación —le explicó.
—Pero es un hombre guapísimo y sensual —Protestó Nina, poniendo los ojos en blanco—. Basta con mirarlo para derretirse.
—¿Tú crees? —sonrió Luna.
—¿Tú, no?
—No —mintió Luna.
—Me parece que Matteo no te va a dejar opción.
Imposible. Luna tenía la situación controlada. Podía elegir. Bueno, la verdad era que no estaba tan segura porque Matteo Balsano no había llegado a los treinta y con un éxito profesional sin precedentes sin utilizar la manipulación. Aquel hombre se dedicaba a comprar empresas y a reconstruirlas y estaba acostumbrado a la lucha encarnizada.
¿Y qué? Ella había tenido que reconstruir su mundo emocional y su vida y lo había conseguido, demostrando que era una mujer autosuficiente y fuerte, una superviviente. Después de aquella desastrosa noche que había precedido al día en el que se suponía que se tenía que casar, se había prometido no volver a confiar en un hombre jamás.
Entonces, ¿Por qué demonios tenía dudas ahora? ¿Por qué aquel hombre la había besado? Sí, porque sus besos habían desenterrado emociones olvidadas y la habían hecho desear cosas imposibles. Aquello no era justo.
—¿Qué te parece si en el próximo desfile ponemos música funky? —le propuso Nina—. Voy a elegir unas cuantas canciones y tú me dices.
—Me parece bien.
En aquel momento, volvió a sonar su teléfono. Luna reconoció aliviada el número de su madre y sonrió mientras descolgaba el auricular.
—Cariño, ¿Por qué no te vienes a cenar conmigo esta noche? —le propuso Mónica—. Yo cocino. Solas tú y yo.
—Sí, mamá, me apetece mucho —contestó Luna sinceramente—. Estaré allí a las seis y media. Yo llevo el vino.
Al llegar a casa de su madre, un piso espacioso que daba a la bahía, Luna sintió que la tensión de la última semana comenzaba a desaparecer mientras sonreía a su progenitora con cariño. Olía de maravilla y Luna reconoció uno de los platos preferidos de su madre, pollo al vino con verduras y de postre una tarta deliciosa, todo ello acompañado con una copa de Chardonnay y café.
Durante la velada, hablaron de un montón de eventos sociales a los que iban a acudir juntas, pero su madre no mencionó en ningún momento a Matteo Balsano ni la fotografía que había aparecido publicada en el periódico del domingo.
—Supongo que habrás estado muy ocupada —comentó Mónica—. ¿Estás durmiendo bien?
«Qué sutil, mamá, qué sutil», pensó Luna.
—Sí, estoy bien —mintió.
No, no estaba bien. ¿Cómo iba a estarlo cuando la sombra de Simón planeaba sobre su vida a intervalos demasiado frecuentes?
Luna salió de casa de su madre bastante tarde El cielo amenazaba lluvia y, de hecho, comenzó llover mientras conducía. No había tráfico, así que no tardó en llegar a casa acompañada por los acordes de la música que llenaban el interior de su BMW.
Una vez allí, mientras recordaba lo placentera que había resultado la cena con su madre, la buena comida y la mejor conversación, aparcó el coche, cerró la puerta y se dirigió al ascensor.
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Amor Protector [Adaptación/Lutteo]
Fiksi PenggemarNo quería casarse con él... pero necesitaba su ayuda. ღ Fecha de publicación: 28.03.19 ღ Fecha de finalización: 20.05.19 ღ Editada: 07.04.22 ღ Aclaración: Está historia ya había sido publicada en mi antigua cuenta @ruggarolbebos, la cual fue cerrada...
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