En el taller reinaba un caos ordenado.
Los vestidos volaban, por encima de la música se oían leves maldiciones y no tan leves, y la plancha de vapor susurraba en armonía con la lluvia que caía sobre el tejado.
Luna miró los horarios, confirmó que todo estaba bien con la agencia que le enviaba a las modelos y se aseguró de que la empresa a la que le había, alquilado la furgoneta tenía correctamente los tiempos de recogida. Todo saldría bien. Siempre era así aunque la noche previa se pasara mal y hubiera sangre, sudor y lágrimas.
—Hay un repartidor en la puerta.
Luna frunció el ceño. ¿Un repartidor? Ya habían llegado todos los envíos que estaban esperando.
La ayudante de Nina se dirigió a la puerta principal y volvió con un precioso ramo de capullos de rosa en tonos crema y salmón. ¿Mónica? Luna despegó la tarjeta.
Matteo.
No había duda. Lo había escrito de su puño y letra seguido de un afectuoso «Buena suerte».
—Qué bonitas —comentó Nina—. ¿De quién son?
Luna se metió la tarjeta en el bolsillo y respondió a toda velocidad.
—Nos desean buena suerte para mañana por la noche —contestó, metiéndose en la minúscula cocina y sacando un florero de un armario.
Había sido un gesto bonito, pero sólo era eso. Así de sencillo, Luna se dijo que no había nada de sencillo en Matteo Balsano.
No le quedó mucho tiempo para pensar cuando llegó el sábado y todo el equipo de Arabelle se puso en acción con los preparativos para la noche.
Una hora antes de que la primera modelo pisara la pasarela, el vestuario estaba lleno de ropa, diseñadores nerviosos, peluqueros, maquilladores y teléfonos móviles sonando continuamente. Y sería todavía peor a medida que fueran pasando los minutos.
Apenas había espacio para moverse y tanta gente en un espacio tan pequeño hacía que hubiera fricciones. Menos mal que la música que habían puesto sonaba a todo volumen dando la bienvenida a unos mil invitados. La organización y la coordinación tenían que ser el hilo conductor de la velada. Todos los diseñadores tenían una lista detallada para cada categoría y el orden de aparición.
—Perdón por llegar tarde.
Luna oyó la voz, la reconoció vagamente, se giró y... sintió que se derrumbaba.
¿Le habían mandado a Ámbar para sustituir a la modelo que se había puesto enferma? Dios mío.
Bueno, se las tendrían que apañar, pero no iba resultar fácil, teniendo en cuenta que la modelo no paraba de quejarse.
—Estos zapatos no me quedan bien.
—¿Este cinturón? ¿Te has vuelto loca?
Luna quería recogerle el pelo y Ámbar se empeñaba en llevarlo suelto.
—No pienso llevar esa bisutería, buscadme otra cosa.
En la pasarela todo parecía perfecto. En los vestuarios era completamente diferente.
—Como se vuelva a quejar, la mato —amenazó Nina mientras Ámbar salía a la pasarela.
—Dentro de una hora todo habrá terminado —le recordó su amiga.
Unos minutos después, Nina le entregó a la modelo unas pulseras y unos pendientes, que Ámbar aceptó con un suspiro de resignación. Se oían los aplausos por encima de la música. Las modelos fueron volviendo una a una, efectuaron un rápido cambio de ropa y se prepararon para la próxima categoría. A continuación, ropa de cóctel y el vestido de fiesta.
Luna había diseñado un vestido rojo espectacular con corpiño plisado y falda por los tobillos con una abertura lateral que llegaba casi hasta la cadera. Para ser justos, Ámbar lo lució con increíble soltura y elegancia.
—Prefiero llevarme el vestido a que me pagues en efectivo —comentó la modelo.
—Es original y forma parte de la colección —le explicó Luna.
—Precisamente por eso.
—Imposible —le dijo Nina, bajándole la cremallera—. Este vestido tiene que desfilar la próxima temporada.
—Pues haces otro y ya está —insistió la modelo.
Luna tomó aire... una vez, dos veces...
—Entonces, ya no sería original —le dijo.
La última categoría era la de vestidos de novia y Arabelle había optado por un vestido tradicional de exquisito encaje, cuello recatado y botones entelados siguiendo la columna vertebral. La falda se movía imitando las ondulaciones de
las olas del mar con cada paso que daba la modelo.
Al final del desfile, esperaron con tensión y nervios la decisión final del jurado para ver qué diseñadores ganaban en cada categoría. Aquél era el momento que todo el mundo había estado esperando y los organizadores supieron mantener el suspense hasta que los miembros del jurado entregaron sus votaciones.
A continuación, fueron diciendo cada categoría y la modelo aparecía sobre la pasarela con el diseñador para recibir los generosos aplausos del público. La tensión era tan intensa, que Luna agarró a Nina con fuerza de la mano.
Finalmente, ganaron en la categoría de vestido de fiesta con el vestido rojo y también en la de vestido de novia. Fue un momento increíble. Luna y Nina subieron a la pasarela juntas, ataviadas con sus ya característicos pantalones negros, blusones y zapatos de tacón alto mientras Ámbar se paseaba con sus diseños.
Después, una presentación, un breve discurso, mucha alegría, nervios y alivio. Luego llegaron las enhorabuenas y las fotografías.
—Qué orgullosa estoy de ti —le dijo Mónica a su hija abrazándola con fuerza.
Luego la abrazó tanta gente, que Luna creyó que la cabeza le iba estallar.
—Enhorabuena.
Luna reconoció la voz al instante y sintió que el corazón se le aceleraba. Al girarse, se encontró con Matteo. No esperaba verlo allí. Un hombre heterosexual no iba solo a un acontecimiento así. Luna se preguntó si habría ido a recoger a Ámbar. Tal, vez, hubiera acudido acompañado por otra mujer... ¡Desde luego, mujeres no le faltaban!
«¡Por favor, tengo que parar esto! ¿Y a mí qué me importa con quién salga este hombre?».
—Gracias —le dijo.
Aquel hombre emanaba fuerza y sensualidad, una combinación letal que no dejaba indiferente a ninguna mujer. Debajo de la sofisticada fachada vivía el corazón y el alma de un guerrero actual. Un guerrero fuerte, poderoso y salvaje.
Sólo una ingenua se atrevería a jugar con él. Era fácil entender por qué las mujeres caían rendidas a sus pies...
Fascinación, cosquilleo y la intuición de que aquel hombre sabría tocar con sus manos y su boca, sabría regalar placer... Deseo y fuego, orgasmos y placer, pero, ¿Y luego qué?
—¿Has terminado? —le preguntó Matteo.
Luna se dio cuenta entonces de que debía de llevar un buen rato mirándolo fijamente. Aquello hizo que se sonrojara mientras intentaba recuperar la compostura y sonreír como si no pasara nada.
En aquel momento, Matteo se inclinó sobre ella y le rozó los labios. Luna sintió sus labios cálidos y la punta de su lengua deslizándose por su boca. Al instante, sintió que le costaba respirar, pues aquello prometía mucho, mucho más. Lo único que hubiera tenido que hacer habría sido buscar su lengua, darle una silenciosa invitación, pero no lo hizo, no podía hacerlo.
Luna sintió un escalofrío por todo el cuerpo y rezó para que Matteo no se diera cuenta. Le pilló completamente por sorpresa que Matteo le tomara el rostro entre las manos y profundizara el beso. Aquello hizo que se le acelerara el pulso. Se sentía perdida en un mar de sensaciones sexuales tan intensas, que sólo podía concentrarse en aquel hombre. Y lo peor era su respuesta, su propia respuesta, una respuesta que le estaba sorprendiendo y que nunca le había dado a ningún hombre, ni siquiera a su ex prometido.
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Amor Protector [Adaptación/Lutteo]
FanfictionNo quería casarse con él... pero necesitaba su ayuda. ღ Fecha de publicación: 28.03.19 ღ Fecha de finalización: 20.05.19 ღ Editada: 07.04.22 ღ Aclaración: Está historia ya había sido publicada en mi antigua cuenta @ruggarolbebos, la cual fue cerrada...
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