Luna sentía sus dedos cálidos en la piel desnuda. Aquella simple caricia la hacía estremecerse y amenazaba con hacerle perder el equilibrio. No le hacía ninguna gracia sentirse así, así que intentó apartarse.
—¿Hay alguna razón para que te muestres tan afectuoso conmigo? —le espetó.
Matteo enarcó una ceja.
—Me gusta tu compañía.
—Me encantaría que me dijeras a qué jueguecito estás jugando —le advirtió Luna.
—¿Me creerías si te dijera que a ninguno?
—¿Se supone que me tengo que sentir halagada?
Aquello hizo reír a Matteo.
—¿Acaso no lo estás?
—Siento decirte que no —contestó Luna mientras una preciosa azafata los guiaba hacia su mesa.
Una vez allí, no se sorprendió en absoluto de que la tarjeta con su nombre estuviera precisamente al lado de la de Matteo. Luna se dijo que no le costaría mucho conversar, sonreír y guardar las apariencias. En definitiva, fingir. Aquello se le daba muy bien.
—¿Qué quieres beber?
Había una botella de vino sobre la mesa, pero Luna apenas había comido aquel día, y no quería beber para que no se le subiera la cabeza.
—Agua, gracias —contestó.
Matteo le sirvió una copa de agua y se sirvió él otra.
A continuación, brindó por la buena suerte y sonrió encantado. La mesa se fue llenando, Mónica se unió a ellos. Los que no se conocían se presentaron y tuvo lugar el discurso de bienvenida de antes de la cena por parte del presidente de la asociación que los había invitado.
Los camareros comenzaron a servir la cena mientras un ponente detrás de otro se iba sucediendo en el estrado.
Luna tenía muy presente al hombre que tenía sentado a su lado... la colonia que llevaba, el olor a ropa limpia y su propio olor masculino. Aquel hombre tenía algo realmente peligroso que amenazaba con destruir la armadura que Luna había erigido en tomo a sí misma para poder sobrevivir. Cuando estaba en su presencia, se sentía acorralada, como si no pudiera bajar la guardia en ningún momento.
Una voz interior le dijo que Matteo Balsano no significaba absolutamente nada para ella. Se dijo que tenía que conseguir ignorarlo, pero seguía teniendo la sensación de que aquel hombre era peligroso y de que no podía relajarse.
Luna comió mecánicamente, sin realmente saborear nada de lo que se llevaba a la boca. No le gustaba en absoluto que la gente estuviera evidentemente especulando sobre ellos al verlos sentados juntos ni que Ámbar no dejara de mirarlo.
¿Acaso estaba empeñado en negar públicamente cualquier relación que hubiera tenido con la glamurosa modelo?
—No.
La reacción de Matteo, que había emitido en voz baja, sorprendió momentáneamente a Luna, pero no fingió que no sabía a qué se refería.
—¿De verdad? —le preguntó enarcando una ceja.
—No.
La reiteración había sido expuesta con una inflexibilidad que Luna no pudo ignorar y no le gustó nada el nudo que se le formó en la boca del estómago. Le hubiera gustado preguntarle a Matteo qué demonios estaba haciendo, pero no fue capaz de pronunciar las palabras, así que se giró hacia la persona que tenía a su otro lado y comenzó una conversación superficial.
Aun así, no podía escapar a la presencia de Matteo. No podía soportar que tuviera la habilidad de ponerla nerviosa. ¿Se daría cuenta? ¡Por favor, que no fuera así!
La cena se le hizo a Luna interminable pero, por fin, habló el último ponente y comenzaron a sonar los acordes de una música que fue señal para algunos de ponerse en pie y charlar con los ocupantes de otras mesas y para otros de que la velada había terminado. En cualquier momento, su madre se pondría en pie, agradecería a los invitados sus aportaciones, les desearía buenas noches y ella quedaría libre de la perturbadora presencia de Matteo.
Desgraciadamente, Matteo expresó su intención de acompañarlas hasta el vestíbulo.
—No es necesario.
—Claro que sí —insistió Matteo agarrándola del codo de nuevo—. Estoy considerando la posibilidad de donar dinero para la Fundación de la Leucemia y me gustaría hablar con tu madre.
—Qué generoso por tu parte —sonrió Mónica—. Estoy a tu disposición para ayudarte en lo que necesites.
—Maravilloso —contestó Matteo—. Me parece que sería una buena idea que aceptaras venir a cenar conmigo para hablar de los detalles —propuso—. ¿Qué les parece el jueves de la semana que viene?
—Gracias.
Luna era consciente de que su madre organizaría su agenda social para poder ir a cenar con Matteo Balsano.
Cuando llegaron al vestíbulo, Matteo le hizo una señal al portero para que llevaran su coche y en breves instantes apareció un Bentley GT plateado.
—A las siete —se despidió Matteo escribiéndole en una tarjeta su dirección.
A continuación, le dio una propina al aparcacoches, se sentó al volante y desapareció. Segundos después, le entregaron a Luna su BMW azul oscuro.
—Qué invitación tan maravillosa —comentó su madre una vez en el interior del coche—. Es maravilloso que Matteo me haya pedido ayuda.
—Sí, por supuesto, debes ir a cenar con él.
—Nos ha invitado a las dos —le recordó su madre.
—Mamá, no —contestó Luna parando coche en un cruce.
Su madre se quedó mirándola pensativa.
—¿No piensas cambiar de parecer?
Por supuesto que no. ¡Cuánto menos viera a Matteo Balsano, mejor!
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Amor Protector [Adaptación/Lutteo]
Fiksi PenggemarNo quería casarse con él... pero necesitaba su ayuda. ღ Fecha de publicación: 28.03.19 ღ Fecha de finalización: 20.05.19 ღ Editada: 07.04.22 ღ Aclaración: Está historia ya había sido publicada en mi antigua cuenta @ruggarolbebos, la cual fue cerrada...
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