Luna se despertó cuando la alarma de su teléfono móvil comenzó a sonar. ¿Ya eran las siete? Le parecía que apenas había dormido.
Al moverse, se dio cuenta de que estaba desnuda y, entonces, lo recordó todo. La pesadilla, Matteo... ¡Matteo! Le había pedido que se quedara y se había quedado. Luna cerró los ojos al recordar el erotismo de lo que habían compartido.
Un ruido llamó su atención y, al girar la cabeza, vio a Matteo saliendo del baño con una toalla a la cintura.
—¿Qué tal te encuentras? —le preguntó, sentándose en la cama junto a ella.
Luna sintió que se sonrojaba, así que Matteo le tomó el rostro entre las manos y la besó lentamente.
—¿Estás dolorida después de lo de anoche? —comentó, mirándola de nuevo.
—Preferiría que no habláramos de eso —contestó Luna.
—No hablar de ello no hará que lo olvidemos.
—No tendría que haber sucedido.
—¿Lo dices en serio? —se extrañó Matteo, apartándole un mechón de pelo de la cara.
—La verdad es que no esperaba que estuvieras aquí.
—¿Creías que iba a dejar que te despertaras sola?
Lo cierto era que la idea de despertarse sola era la que menos le preocupaba. Había otra cuestión que le preocupaba mucho más.
—Anoche no tomamos medidas anticonceptivas —comentó.
—Te aseguro que estoy sano —contestó Matteo.
Luna se rió histérica, pero se tranquilizó cuando, tras hacer cálculos, se dio cuenta de que tenía pocas posibilidades de haberse quedado embarazada.
—Si estás preocupada por si te quedas embarazada, tranquila. Si lo estás, nos ocuparemos de ello los dos juntos.
—Te recuerdo que no somos pareja.
—¿Cómo que no?
—Como que no.
—¿Quieres empezar el día discutiendo?
—No.
—Muy bien.
—Lo que quiero hacer es darme una ducha y vestirme —contestó Luna con frialdad.
Matteo se puso en pie. En cuanto estuvo a solas, Luna eligió ropa limpia y se fue al baño. Se quedó un buen rato debajo del agua caliente y se frotó vigorosamente, preguntándose qué demonios había hecho. Había roto todas las creencias morales preconcebidas que tenía, eso era lo que había hecho. Mientras se vestía, se dijo que, para ser sincera consigo misma, tenía que admitir que, gracias a las caricias de Matteo, se sentía más viva que nunca.
Cuando entró en la cocina, y tras saludar a Judith y a Gastón, se sirvió yogur y fruta fresca y salió a la terraza. Matteo levantó la mirada y Luna se sentó frente a él sin abrir la boca.
—¿Café? —le preguntó Matteo.
—Sí, gracias.
Luna no quería ni mirarlo porque cada vez lo deseaba más. La cabeza le decía una cosa, pero el corazón le decía otra, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para permanecer allí sentada desayunando como si tal cosa. Fue un gran alivio cuando Matteo se puso en pie, la besó en la cabeza y le deseó que tuviera un buen día.
Había días en el taller en los que todo iba bien, pero aquél no fue uno de ellos. Unas telas que habían encargado no llegaron y una clienta decidió cambiar el tamaño de los botones por enésima vez. Para colmo, Simón llamó tres veces insultando y amenazando. Aunque había tomado la decisión de no dejar que aquellas llamadas la asustaran, lo cierto era que la habían afectado.
Daría cualquier cosa por bajar a la playa a pasear mientras escuchaba música en su iPod y se olvidaba del mundo un rato. No le iba a resultar fácil deshacerse de Gastón, pero tampoco sería imposible. Luna buscó la manera de hacerlo. Y cuando creyó encontrarla, se le iluminaron los ojos.
—Nina, voy un momento a la farmacia —anunció—. Vuelvo dentro de diez minutos.
Una vez en la calle, saludó a Gastón, que la acompaño hasta la farmacia.
—No hace falta que entres conmigo, no voy a tardar mucho —le indicó.
El guardaespaldas sonrió y se quedó mirando el escaparate mientras Luna entraba en la tienda. Luna sabía que la tenía vigilada, pero, si lo hacía bien, si conseguía ganar unos minutos, podría salir por la puerta de atrás de la farmacia, cruzar la avenida y acceder a la playa. El plan era pedirle a uno de los ayudantes que la dejara pasar a la trastienda porque tenía ganas de ir al baño.
—Claro, pasa, no hay ningún problema —le dijo la farmacéutica en persona.
Cuando salió a la avenida, Luna sintió una gran sensación de libertad y aceleró el paso en dirección a la arena. ¡Lo había conseguido!
—¿Vas a algún sitio?
Al girarse, se encontró con Gastón, que la miraba muy serio.
—Quería pasear por la playa un rato... sola —confesó.
—Esto no ha sido muy inteligente por tu parte.
—A veces, una tiene estos lapsus —contestó Luna, intentando apelar a la compasión del guardaespaldas—. ¿Tan terrible es querer escapar un rato?
—No es terrible, es una locura dadas las circunstancias. Si quieres pasear por la playa, me dices y bajamos a la playa, no hay problema.
Pero no sería lo mismo ir con guardaespaldas que sin él.
—¿Entonces? ¿Taller, playa o casa? —le preguntó Gastón.
La casa a la que Gastón se refería no era su casa y la playa había perdido su atractivo, así que...
—Al taller —contestó Luna—. Supongo que se lo vas a contar a Matteo, ¿No? —añadió mientras caminaban uno al lado del otro.
—Es mi obligación hacerlo.
Aquello hizo que Luna pasara una tarde angustiosa y en el trayecto de vuelta a casa no abrió la boca. Para su alivio, el coche de Matteo no estaba cuando llegaron. Genial. Así, podría meterse en el baño a darse un buen baño de espuma. La confrontación iba ser inevitable, pero le daría un poco de tiempo.
Con esa idea en la cabeza, Luna llenó la bañera, añadió sales de baño, se desnudó, se recogió el pelo y se metió entre las burbujas. Qué delicia.
Luna cerró los ojos y se relajó.
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Amor Protector [Adaptación/Lutteo]
FanfictionNo quería casarse con él... pero necesitaba su ayuda. ღ Fecha de publicación: 28.03.19 ღ Fecha de finalización: 20.05.19 ღ Editada: 07.04.22 ღ Aclaración: Está historia ya había sido publicada en mi antigua cuenta @ruggarolbebos, la cual fue cerrada...
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